Las películas de Jim Jarmusch a menudo acompañan a individuos solitarios que tienen encuentros, breves pero significativos, con otros individuos más o menos solitarios; posteriormente cada uno sigue su camino, en solitario. ¿Metáfora o constatación de lo que sucede con las relaciones humanas? ¿Posibilidades o deseos? En todo caso, resulta emblemática en este sentido Bajo el peso de la ley (Down by Law, 1986), en la que dos personajes que no simpatizan terminan compartiendo tiempo y distancia con un inmigrante impertinente. En la misma ruta cabría ubicar Una noche en la tierra (Night on Earth, 1991), que da cuenta en diferentes episodios de la convivencia de taxistas y pasajeros en diferentes ciudades del mundo; o la mayor parte de los cortometrajes que conforman Café y cigarros (Coffee and Cigarettes, 2003), que presenta los encuentros y desencuentros de conocidos y no tanto que se apersonan alrededor de una mesa de café. Padre Madre Hermana Hermano (Father Mother Sister Brother, 2025), su más reciente largometraje, presenta “vasos comunicantes” con las películas mencionadas.

Padre Madre Hermana Hermano reúne tres episodios: la acción se ubica en Nueva Jersey, Dublín y París y comparten objetos (un reloj Rolex) o elementos en común (las bebidas con las que se hacen brindis). En el primero, Padre, acompañamos a los hermanos Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik) en la visita que hacen a su padre (Tom Waits), quien vive en un paraje alejado de la civilización; en el segundo, Madre, somos testigos de la reunión que una madre (Charlotte Rampling) tiene en su casa con sus hijas Lilith (Vicky Krieps) y Timothea (Cate Blanchett), con las que se reúne cada año a tomar el té; el tercero, Hermana Hermano, da cuenta de la visita que los gemelos Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabbat) llevan a cabo al vacío departamento de sus padres, quienes murieron recientemente en un avionazo. Considerando las acciones, en ninguno de los tres pasan cosas extraordinarias; es más, prácticamente no pasa nada. No obstante, hay mucho que consignar: abundantes y profundas revelaciones que tienen su origen en pequeños gestos, en lo dicho y sobre todo lo no dicho. Estamos, pues, ante una película de Jarmusch a carta cabal.

Si en su filmografía previa Jarmusch explora el fundamento, la naturaleza, de los nexos entre personas que no necesariamente estaban llamadas a encontrarse, ahora examina los lazos familiares, los cuales no son opcionales y sí son de por vida. Acaso por eso la convivencia es más complicada… pero también más rica. Y en la cinta podemos apreciar extremos atendibles. En la primera historia los hermanos tienen entre ellos una relación afable, pero es claro que el trato con el padre es menos espontáneo. Si bien es cierto que ambos se dirigen a él con una incómoda cordialidad, su acercamiento es diferente: Emily es más bien distante y no tiene mucha comunicación con su progenitor, Jeff, descubriremos, está al pendiente y lo apoya frecuentemente; cabría inferir que, de alguna manera, él es el sostén económico de su papá. Algo diferente es la relación entre las hermanas Lilith y Timothea en el episodio dublinés. Ellas no son muy cercanas y hay un distanciamiento con su madre. Ésta, por su parte, fomenta la lejanía con sus hijas, si bien muestra claramente sus preferencias y en su trato muestra contradicciones con lo que piensa y manifiesta.

En estos episodios abundan los silencios incómodos –que provocan creciente tensión en los minutos que comparten–, y en los diálogos son ostensibles las omisiones y las mentiras: realmente nadie quiere involucrarse con los otros o las otras, y prefieren creer las mentiras (pues saben que son mentiras). Entre ellos no hay confianza y todos buscan conservar una imagen susceptible de evitar mayores profundidades, más bien alejada de sus realidades (imagen que, por lo demás, todos saben que es falsa). En Padre, el padre monta una puesta en escena para la visita de sus hijos, oculta el destino del dinero que recibe de Jeff y los pormenores de su vida cotidiana; los hijos no buscan atravesar el umbral de la intimidad y se limitan a hacer preguntas tan cordiales como superficiales. En Madre, al parecer todas mienten sobre su vida cotidiana; aquí la madre es exitosa, pero plantea límites claros a sus hijas, por lo que su charla es, también, de una superficialidad más bien incómoda. En ambos episodios la convivencia es impulsada por la obligación y todos y todas descansan cuando dejan de ver a sus familiares.

Es diferente el panorama que plantea Hermana Hermano, el capítulo más cool. Aquí no hay incomodidad; todo fluye al más puro estilo jarmuschiano. Los gemelos protagonistas son “más que hermanos” y se pueden comunicar realmente: su relación es profunda y significativa. Se apoyan y recuerdan con cariño a sus padres, a pesar de que estos también presentan aristas desconocidas. En los diálogos y en los gestos se hace sensible la calidez de su relación. Ésta es provechosa y, considerando la imagen final, podemos inferir que seguirán unidos y se verán sin obligación y con gusto. La orfandad supone un dolor, pero también una liberación… relativa, pues los padres dejan un abultado lastre que ha sido depositado en una bodega con el que habrán de lidiar en el futuro.
Padre Madre Hermana Hermano, que obtuvo el León de oro en Venecia el año anterior, deja un sabor agridulce en la mirada y en el ánimo. Más o menos como la familia.




