Huachicolero: más demostrativa que expresiva o profunda

Huachicolero (2019) es el primer largometraje del irapuatense Edgar Nito. Sigue las vicisitudes de Lalo (Eduardo Banda), un chico no muy vivaz de 14 años que habita en una comunidad rural. Asiste a la secundaria y trabaja vendiendo al menudeo gasolina robada de los ductos de Pemex (huachicol) a algunos clientes de la localidad. En su afán por conquistar a una compañera de clase –a la que pretende regalarle un teléfono celular–, se involucra en el robo a mayor escala. El dinero comienza a fluir. Lo demás es lo de más.

Nito apuesta por una narrativa y un estilo clásicos con algunos tintes provenientes del cine documental. Con una cámara a menudo en movimiento y en mano, consigue dar fluidez al relato (que es breve: la cinta dura alrededor de 90 minutos). La puesta en escena presenta dosis de crudeza y de estilización, aristas realistas con otras que buscan de forma ostensible y convencional subrayar emociones o sentimientos; llama la atención, en este rubro, la convivencia de actores amateurs y profesionales. En la banda sonora se escuchan músicas con bastante frecuencia (lo cual no es raro en las óperas primas: los cineastas debutantes apuestan por conseguir con la música la emoción que tal vez no se genera desde su apuesta visual).

Huachicolero pone en pantalla asuntos que han cobrado relevancia en México: la temprana incorporación de muchos hombres y mujeres al crimen organizado. Las penurias económicas están presentes, pero no explican del todo el fenómeno (que, por lo demás, la película explora con superficialidad, y cuando lanza una explicación por voz de un ladrón, resulta tan simplista como falaz). En este caso, es cierto que Lalo atraviesa dificultades económicas, pero su involucramiento con los ladrones de combustible se explica por su torpeza para quedar bien con la chica que le gusta. Por otra parte, la cinta exhibe que en comunidades donde el delito es habitual hay un relajamiento moral y no hay espacio para la confianza y la solidaridad.

Nito entrega cuentas aceptables a nivel expositivo, pero queda corta como denuncia: uno se entera más o menos de cómo funciona el huachicoleo y de la facilidad, en las comunidades que se dedican a ello, para sumarse al crimen. Sin embargo, el guión presenta lagunas y gratuidades que se convierten en inverosimilitudes. No hay mayor desarrollo de personajes y las actuaciones profesionales y no profesionales terminan por generar un contraste que hace visible el dispositivo, es decir, uno se distrae al constatar que estamos viendo una película. El resultado, así, es más demostrativo que expresivo.

Huachicolero tuvo buenas respuestas en más de un festival, pero no ha tenido ni siquiera un paso fugaz por la cartelera comercial. Las dificultades para ver en México el cine que escapa a la frivolidad (al que el público nacional trata con desinterés o indiferencia) se suma actualmente el cierre de las salas. Ahora puede verse en Prime Video. ¿Es el streaming el sitio ideal para ver el cine mexicano que tiene la ambición de hacer un comentario social? Estoy seguro, eso sí, que por esta vía llegará más lejos y a más espectadores.

Calificación 65%

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