Freaky: este cuerpo está para matar es una de las peores películas que he visto

En mis años de cinefilia he visto un puñado de obras maestras, de maravillosas películas que han resultado emotivas y significativas. He visto numerosas películas muy buenas o buenas, que han dejado huellas de diferente profundidad. He reseñado abundantes películas mediocres, a menudo por ser parte de la chamba (aquí aplica la definición del trabajo como una actividad que disgusta), que han dejado no muchos pesos en mi cuenta bancaria. He visto y reseñado muchas, muchas películas que se ubican por debajo de la mediocridad, y han sido una absoluta pérdida de tiempo (y no es que me disguste perder el tiempo, pues hay ocios gozosos). Ninguna tan mala, que recuerde, como Freaky: este cuerpo está para matar (Freaky, 2020), una película con Causa.

Se trata de la más reciente entrega de Christopher Landon, responsable de Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, 2017) y su secuela. El argumento, del cual Landon es coautor, sigue las contrariedades de Millie (Kathryn Newton), una joven preparatoriana de la que se burlan en la escuela y es manipulada emocionalmente por su alcohólica madre. Su vida da un giro, tan inesperado como ridículo, cuando es acuchillada por un asesino serial. Entonces intercambia cuerpo (ojo, no intercambian sus mentes) con él. El resto de la historia sigue las vicisitudes de ambos en el cuerpo ajeno.

Landon recicla el “original” recurso del cambio de cuerpo, como en la antipática Este cuerpo no es mío (The Hot Chick, 2002) o la estridente Un viernes de locos (Freaky Friday, 2003), por citar algunas películas de este subgénero. Entrega un pastiche genérico con consignas de género: pretende confeccionar una película de terror que pretende pasearse por la comedia, por el cine de crecimiento, por el drama y el melodrama. El coctel es indigesto, una adición abominable de los clichés de cada uno de los géneros cinematográficos mencionados: la joven romántica que es el centro de las burlas, abusada por sus profesores, por sus compañeros y por su madre; el gay forzadamente humorístico, la amiga reivindicadora; en la prepa circulan los abusadores tradicionales, los machos que juegan futbol americano, las chicas vanidosas que son las más populares, el joven “bueno” por el que suspira la chica, etc. Por el lado del terror las cosas no van mejor: este género ya vive tiempos de adocenamiento, gratuidad y estupidez inconmensurables, por lo que para los creadores resulta inútil ofrecer algo más que sustitos convencionales con música incidente y algunas dosis de gore.

El asunto se vuelve insufrible con la voluntad manifiesta de sumarse a la corrección temática e inclusiva de los tiempos que corren. No sería tan grave si no fuera evidente la voluntad de insertar estos asuntos con fórceps, incluso en contra de la verosimilitud (que aquí es absolutamente pisoteada), de la fluidez narrativa. No sería tan grave si al menos la cinta tuviera alguna gracia (“el chiste” es ver a Vince Vaughn, que da vida al asesino, contoneándose como una chica), si fuera más allá del cliché y la gratuidad, o si hubiera el intento de esbozar un discurso propio. Los serviles y renegados varones autores no dudan en acumular insultos y en manifestar un menosprecio e ignorancia por lo que no forma parte de la Causa que promocionan. Así, en la ruta exhiben matices xenófobos, un desprecio por asuntos que aluden a la mexicanidad: según nos dicen, la clase de español (ergo, el español) no le importa a nadie, es un espacio para la dispersión –y los que la cursan no aprenden una palabra de ese idioma–, y el cuchillo del asesino, supuestamente una herramienta sacrificial de los aztecas, llamado algo así como “La Nola”, tiene una inscripción que no está hecha con glifos nahuas, sino que está redactada ¡en español!, algo muy conveniente para que lo pueda traducir la maestra de la desdeñada clase.

En conclusión: Freaky: este cuerpo está para matar es una película que resulta irritante aun sin tomársela en serio, aun sabiendo que es un producto cuyo propósito primordial es el lucro. Es una “comedia de terror” que retoma las gratuidades, clichés y estupideces de más de un género, así como con el listado de los requisitos y los mandatos de la diversidad, que, como Negra Navidad (Black Christmas, 2019), recicla sin gracia ni inteligencia las consignas de la corrección. El mal cine sí que da miedo. ¡Ay!

Calificación 10%

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