Negra Navidad: grosero panfleto

Negra Navidad (Black Christmas, 2019) tiene ingredientes para ser una propuesta atendible. En tiempos en que está de moda visibilizar la violencia de género, el terror es un género ad hoc para imprimir algo de emoción al estruendo callejero. Pero la cinta se suma al adocenamiento que habita al terror desde hace décadas; es grosera en el guión, pobre en la realización: no es una mala película, es malísima. Más que una prueba de cinefilia, para mí fue una prueba de oficio. Y eso que acaso lo mejor que se podría decir de ella es su brevedad: dura 92 minutos. Aun así, hubo quien abandonó la sala a los 15 minutos.

Negra Navidad es el tercer largometraje de Sophia Takal, quien es coautora del guión. La cinta se ubica en el Hawthorne College, una añeja universidad con tintes aparentemente machistas: la estudiante Riley (Imogen Poots) fue víctima de un ataque sexual meses atrás, pero la incredulidad se impuso; una de sus amigas consiguió que se retirara el busto del fundador, que fue un esclavista; sobre un maestro pesan acusaciones de machismo. De pronto, hombres enmascarados y enfundados en caperuzas negras comienzan a atacar a algunas mujeres en el campus. La amenaza llega pronto sobre Riley y sus amigas, que en un show encaran al agresor sexual.

Takal echa mano de los recursos habituales del terror de pacotilla, con sus sorpresas a montones, sus músicas que en crescendo buscan provocar sustos… y mucha estupidez. Con la cámara es rutinaria; en el registro de la acción es sumamente confusa. De acuerdo con la Internet Movie Database, Takal ha trabajado en 30 películas como actriz, pero es incapaz de obtener desempeños verosímiles de sus actrices y actores, cuyas ejecuciones tienden al exceso. El dispositivo narrativo y estilístico, así, se queda por debajo de la medianía. Pero lo peor está en el guión.

Takal ofrece una cinta que hace eco de los reclamos feministas actuales y es, antes que otra cosa, una demostración. Incapaz de desarrollar una historia que problematice los asuntos que propone, pone en boca de sus personajes las denuncias que se gritan hoy día en las manifestaciones que con violencia buscan visibilizar la violencia de género. Es una acusación, y no sólo exhibe el machismo ambiente, sino que atribuye a la violencia un origen sobrenatural. Los machitos universitarios son víctimas de un pacto diabólico de su fundador, por lo que son poseídos y pierden su voluntad. Negra Navidad entra, así, a uno de los terrenos más cuestionables del terror: si el mal aquí es cortesía de los espíritus malignos del más allá, podemos estar tranquilos. Porque los malos machos no tienen dominio sobre sí mismos, no son responsables. La solución está en el exorcismo. La propuesta resulta ridícula y el mensaje contraproducente (flaco favor el hace el feminismo efervescente). Para decir y mostrar lo que dice y muestra esta película no hace falta una película: con un panfleto (otro) habría bastado.

Calificación 15%

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