El poder del perro es más grave que densa

El poder del perro es más grave que densa

El western ya no es lo que era. Algunas películas recientes parecen hacer algo así como un ajuste de cuentas (o una corrección en tiempos de corrección política) con ese género cinematográfico, que otrora se caracterizaba por sus afanes épicos y por tener en los roles principales a hombres blancos y heterosexuales (para ponerlo en las etiquetas estándar utilizadas hoy día). Así lo podemos constatar en dos producciones de Netflix: Más dura será la caída (The Harder They Fall, 2021), que se inspira “en personas reales” (una banda encabezada por un delincuente con sangre cherokee) “pero no en hechos reales”, y que da el protagonismo a una banda de forajidos y forajidas negros. En El poder del perro (The Power of the Dog, 2021), por otra parte, podemos ver un acercamiento diferente y distante, tan distante que cabría pensar que esta cinta no es un western: no por el hecho de que el protagonista sea vaquero y que vaya por el campo arreando su ganado la película es un western. (Véase esta liga de la revista Premiere, que ofrece las características de éste y otros géneros cinematográficos: https://www.cinepremiere.com.mx/generos-cinematograficos-caracteristicas-ejemplos.html.)

El poder del perro es la más reciente entrega de la neozelandesa Jane Campion, quien obtuvo merecido reconocimiento por El piano (The Piano, 1993), cinta que compartió la Palma de oro en Cannes con Adiós a mi concubina (Ba Wang bie ji, 1993) de Chen Kaige. Ahora se inspira en la novela homónima de Thomas Savage para la escritura del guión. La acción transcurre en 1925 en Montana y acompaña a los hermanos Burbank: Phil (Benedict Cumberbatch) y George (Jesse Plemons). Ambos manejan el rancho de la familia y tienen una situación económica desahogada. Su rutina cambia cuando George se casa con Rose Gordon (Kirsten Dunst), una viuda que se ocupa de un restaurante. Los roces comienzan cuando ella va a vivir a la casa de los Burbank, y se incrementan con la visita del hijo de ella, Peter (Kodi Smit-McPhee).

Campion apuesta por un formato amplio (el aspect ratio es de 2.39:1), lo que se traduce en una pantalla con mayor anchura que el estándar (1.85:1); por planos abiertos y lentes de distancia focal larga, con lo que consigue una profundidad de campo selectiva. De esta da claridad (y privilegia) a elementos puntuales en el cuadro mientras quita nitidez a todo lo demás; y lo que está al fondo “se acerca” a lo que está al frente. El resultado es que a menudo los paisajes literalmente están de fondo, y su protagonismo es dosificado: a veces cobra mayor valor, como sucede con la formación montañosa que está detrás del rancho de los Burbank, y donde se forma una sombra que algunos personajes ven como “la sombra de un perro” (a cuyo poder alude el título). La cinefotografía, cortesía de la australiana Ari Wegner (responsable de la luz de Lady Macbeth de William Oldroyd, entre otras), va de la calidez de algunos exteriores, a la frialdad de la mayoría de los espacios interiores, contribuyendo así a proyectar el bienestar de Phil en la llanura y el malestar que por lo general experimentan los demás habitantes del rancho. En más de un momento aparecen tintes preciosistas: la puesta en escena y la puesta en cámara se suman para dar a la cinta un estilo atractivo, bastante llamativo, para el que viene a la mente en automático el adjetivo “bello”. El ritmo es apacible, y avanza presentando los rasgos de los personajes y las situaciones que viven con cierta parsimonia y una sutileza notable.

Tanta maravilla visual empuja una historia que tiende puentes casi inevitables con Secreto en la montaña (Brokeback Mountain, 2005) de Ang Lee, tanto por los escenarios naturales y la ocupación de los protagonistas como por el abordaje de la homosexualidad. Si en Retrato de una mujer (The Portrait of a Lady, 1996) Campion exploraba diferentes matices que caben en la feminidad, ahora revisa algunos rasgos de la masculinidad, que a menudo son obviados en las películas que se ocupan de actividades o agrupaciones de hombres. Así, Peter, cuyos movimientos dejan ver cierto amaneramiento, es tan delicado como sensible, es firme y no duda en acciones extremas para proteger a su madre; George, que por lo general habla poco y expresa menos, muestra su lado afectuoso entre lágrimas; Phil, que se comporta como un macho convencional, que es violento, directo y oculta sus sentimientos, no atina a ocultar su atracción por Peter. En los afanes de mostrar esto Campion rompe con la sutileza, y la escena de marras protagonizada por George resulta medianamente gratuita; para demostrar las pulsiones sexuales de Phil rompe con toda sutileza y es grandilocuente: registra una escena tan grosera como él. La mentada belleza formal, que impresiona y emociona, pone la mesa y hace pensar en una profundidad y una complejidad que nunca llegan. Al final hay mayor gravedad que densidad en el relato; el desarrollo temático sabe a déjà vu y la sustancia se queda en la superficie.

Por su labor Jane Campion obtuvo el León de plata a mejor dirección en el Festival de Venecia. La cinta tiene 12 nominaciones al Óscar: actor, tres por actuación en roles secundarios, guión adaptado, dirección, película, diseño de producción, sonido, cinefotografía, edición y música escrita para cine.

Calificación 65%

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