Una noche para sobrevivir: frenéticos lugares comunes

La filmografía del catalán Jaume Collet-Serra ha oscilado entre el thriller (que habitualmente reserva harta acción) y el terror (que por lo general provoca hartos sobresaltos). A modo de ilustración cabría mencionar Non-Stop: sin escalas (Non-Stop, 2014) y La huérfana (Orphan, 2009). En ambas el español ha probado que si su discurso no es particularmente amplio ni profundo, sí es un artesano eficaz. Una noche para sobrevivir (Run All Night, 2015), su más reciente entrega, no es la excepción.

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Como el título en español anticipa, la historia cubre una noche, a lo largo de la cual Jimmy Conlon (Liam Neeson) tiene la sobrevivencia como prioridad. Esto porque ha matado al hijo de Shawn Maguire (Ed Harris), el jefe de la mafia para la que trabajaba como matón, cuando el susodicho pretendía asesinar al hijo de Jimmy, Mike (Joel Kinnaman). Padre e hijo tienen una mala relación porque el primero abandonó el hogar tiempo atrás, pero para llegar vivos al día siguiente no les queda más remedio que trabajar juntos. Y tienen mucho trabajo, pues Maguire ha lanzado a toda su banda tras ellos –y además a un asesino a sueldo– para cazarlos.

Collet-Serra concibe una cinta con acción constante en la que no faltan dosis de terror, con persecuciones y peleas espectaculares y sustos que surgen de algunas sorpresas. El registro de la acción es correcto sin llegar a ser particularmente lucidor, pero alcanza para mantener al espectador en alerta, a veces incluso en vilo por el resultado de los enfrentamientos o las corretizas. Tanto frenesí es pertinente además para dar emoción al asunto que se desarrolla a lo largo del largo, y que pasa por vérselas con los fantasmas del pasado, así como por las culpas ineludibles y los deberes que se imponen aun cuando parece que ya nada importa (y el principal deber, la principal lealtad, es con la descendencia, con la familia). Jimmy vive atormentado no sólo porque lleva un apilo de cadáveres en su consciencia, sino porque faltó a ese deber supremo. La fuga que emprende para huir de los matones de su ex jefe le permite entre otras cosas explicar a su hijo su añeja y larga ausencia y arreglar las cosas consigo mismo. Y el curso de los eventos presenta dilemas atendibles, cuya resolución elude el maniqueismo: aun los malos hacen cosas buenas y los buenos están tentados a hacer cosas malas.

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No obstante, Collet-Serra no va mucho más allá de la corrección. Cierto que tiene un guión con bemoles inocultables, que parte de un estado de cosas y presenta una conclusión que no son precisamente originales, pero en lo que a su labor corresponde no elude del todo cierto esquematismo ni cierto estilo de actuación –bastante demostrativo– que el cine reproduce a menudo y que tiene como objeto seguir a un hombre de acción atormentado por su pasado en el proceso de redimirse. Por otra parte, no faltan los pasajes en los que la verosimilitud palidece y uno tiene que obviar ciertas circunstancias para creerse lo que ve. (Además, Neeson ya comienza a ser medianamente fastidioso como hombre de acción: en los últimos dos años acumula una media docena de películas en ese rol. Un desperdicio para un actor que posee un registro amplio; que deje estos menesteres a Nicolas Cage.) Al final Una noche para sobrevivir no ambiciona mucho más que el entretenimiento; tampoco escapa del adocenamiento temático al hacer eco de ese incuestionable gran lugar común del cine norteamericano que hace de la familia el núcleo del sentido de la vida y la fuente de la salvación.

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