Sumisión y la vuelta a la religión

Aun antes de su publicación, Sumisión, la novela más reciente del francés Michel Houellebecq, ya generaba controversias. Principalmente por una de las situaciones más relevantes que recoge la novela y que se convirtió en el centro de atención: la llegada a la presidencia de Francia de un candidato de origen islámico. De ahí que fuera acusada de ser islamofóbica: Ali Baddou, presentador de origen marroquí del programa de televisión La Nouvelle édition —y que se declara “profundamente laico”—, comentó al aire que la novela “le dio ganas de vomitar”. Por su parte, el escritor Emmanuel Carrère, autor de El adversario y Una novela rusa, no dudó en considerar a Houellebecq como un novelista más potente que George Orwell y Aldous Huxley, y calificó a Sumisión como “un libro sublime”. En efecto, la instauración de un estado islámico tiene relevancia en la novela, pero ésta no es islamofóbica (en todo caso sería islamofílica) y lo verdaderamente provocador está en el curso de los eventos que concluyen en dicha elección, mismos que valdría la pena atender, pues no son exclusivos de Francia.

Soumission

Sumisión es narrada en primera persona por François, un profesor de literatura y especialista en la obra del escritor Joris-Karl Huysmans (1848-1907). La elección de este autor como referente constante no es gratuita, por supuesto. Vivió alejado de los eventos políticos de su tiempo, renegó del naturalismo literario y se convirtió al cristianismo, y François comparte con él algunos rasgos. (Su obra interesó a los surrealistas, como reconoce el cineasta Luis Buñuel: en ese grupo tenían especial aprecio por Cumbres borrascosas, y también les gustaba Allá abajo, de Huysmans —en la que se inspiró para escribir un guión con Jean-Claude Carrière—: “Aquel retorno espiritual a la Edad Media, la evocación de la figura de Gilles de Rais. De Rais es formidable, ¿verdad?: un caballero cristiano, un compañero de Juana de Arco que comete aquellos crímenes terribles y que, cuando lo castigan, el pueblo llora con él y lo perdona”.) François anota que los siete años que dedicó a su tesis doctoral sobre Huysmans los vivió en su compañía, “en su presencia casi permanente”; para el académico, “un autor es antes que todo un ser humano, presente en sus libros; que escriba muy bien o muy mal en definitiva importa poco, lo esencial es que escriba y que esté, efectivamente, presente en sus libros” (p. 13)*. François es más que un especialista sobre Huysmans: es una especie de actualización del escritor, con quien comparte la abulia y el desinterés por los eventos de su tiempo. Conforme avanza la novela se hace evidente que es la persona más cercana al protagonista: la relación con el escritor es más fuerte que cualquiera de las que establece con las personas que convive.

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