Qué y cómo vemos lo que otros ven: La noche americana (1973)

CINESCOPÍA/JoséJavier Coz

La nuit américaine (1973), tal es el título original de La noche americana, fue dirigida y coescrita por Franҫois Truffaut quien perteneció a la cuadrilla de los Cahiers du Cinema (“cuadernos de cine”) que innovó la crítica centrada en la puesta en escena, mise-en-scène, y que estudió a directores populares que los críticos de café no les veían nada más allá de las historias gratificantes dirigidas a un público masivo dispuesto sólo a entretenerse. Truffaut y Claude Chabrol descubrieron a un Alfred Hitchcock que el mundo anglosajón no conocía –una parte importante hasta el momento ciega– aquella referente al rigor y la vanguardia formales.

Truffaut debutó en el cine con la historia, coescrita con Claude Chabrol y Jean-Luc Godard en 1959, de la primera película de Godard, Sin aliento (À bout de soufflé, 1960). Su primer trabajo de dirección, y también de guion, llamó la atención internacional: Los 400 golpes (Les quatre cents coups, 1959). En adelante, haría una carrera sólida y sin pretensiones, con todo y que “perteneció” a la Nouvelle Vague (La Nueva Ola Francesa) de la que fueron miembros varios críticos de los Cahiers que optaron por dejar la butaca y el escritorio y subirse al plató y agarrar la cámara por los cuernos: Jacques Rivette, Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, Claude Chabrol, Agnès Varda, Alain Resnais, Jacques Demy y Chris Marker.

De sus 22 películas, a título personal recomiendo Disparen sobre el pianista (Tirez sur le pianiste, 1960), Jules y Jim (Jules et Jim, 1962), La piel dura (L’Argent de poche, 1976) y El último metro (Le dernier métro, 1980).

Se le llama “noche americana” a la técnica de simular escenas nocturnas filmándolas de día con filtros especiales que consiguen que el sol se vea como una luna. La inventaron los estadounidenses que le dicen “day for night” (día por noche).

La noche americana es una crónica ficticia de la filmación de un melodrama dominguero titulado Les presento a Pamela (Je Vous Présente Paméla) en los estudios Victorine en Niza y un anecdotario de la vida diaria de los actores y técnicos fuera del set.

Empieza con un trávelin que en un plano general barre horizontal y paralelamente el largo de una plaza rectangular. Vemos gente caminando, comercios, una entrada subterránea al metro. Escuchamos al director dando instrucciones a los extras. La imagen pertenece a Les presento a Pamela y la voz del director fuera de cuadro a La noche americana. Un acercamiento cierra el plano en uno de los rincones de la plaza en el que el esposo de Pamela le da una cachetada a su suegro. Corte. Enseguida un plano general en picada de una grúa en la plaza con la que se prepara otro plano general en picada dentro de la plaza para Pamela.

Truffaut es Ferrand, el personaje que hace de director de cine. Lo que sigue de la película son las tomas de la filmación, la tensión melodramática de Les presento a Pamela y los conflictos personales entre los actores y miembros del equipo técnico. Cuatro actores hacen doble papel:

-Jaqueline Bisset encarna la actriz Julie Baker que hace el papel protagónico de Pamela. Está casada con un médico mucho mayor que ella, cosa que parece un obstáculo para desenvolverse en la farándula y ganar fama en el medio artístico.

-Valentina Cortese es Séverine, una actriz consumada, retirada y ya entrada en años, que regresa a los escenarios, es alcohólica y olvida constantemente su parte en los diálogos; interpreta a la suegra de Pamela.

-Jean-Pierre Aumont es Alexandre, otro actor famoso que hace de suegro de Pamela y está nervioso porque debe ir a recibir en el aeropuerto a su pareja, un joven.

-Jean-Pierre Léaud es Alphonse que actúa de esposo de Pamela; amenaza con abandonar la filmación porque su novia, la continuista Liliane (Danièle Graule), lo deja por Christian (Xavier Saint-Macary) que hace de doble de Alexandre.

La noche americana ofrece muchos elementos para una disertación sobre el desdoblamiento de la realidad o sobre la ficción dentro de la ficción, pero ¿estamos realmente frente a una pieza de metacine? En ningún momento pretende alertarnos de que estamos viendo una película. ¿Es un falso documental? Se alternan planos de dos ficciones, una dentro de otra. ¿Pretende recrear un detrás de cámaras? Vemos videógrafos filmando para los detrás de cámaras, actores a varios kilómetros del set, fotógrafos para la prensa y otros para las imágenes fijas que necesita el director como las de Jacqueline Bisset que revisan Ferrand y el productor Bertrand (Jean Champion). Las ruedas de prensa en medio del desorden durante los recesos son extras en relación con Les presento a Pamela, pero no con respecto a La noche americana.

Es una franca y detallada puesta en escena de la parte del oficio que supone filmar una película, de lo que no vemos cuando vemos una película, ese abarrotamiento alrededor del escenario y fuera de los estudios: director, asistente de dirección, asistente de guion, actores, camarógrafo, operadores de grúas para las cámaras, sonorizador, iluminador, continuista, apuntador, escenógrafo, utilero, maquillista, claquetera, periodistas, fotógrafos (los de imágenes fijas y los asignados para la sección de sociales de los diarios), videógrafos, etc.

Truffaut nos regala, con esa característica calidez suya, una cinta realista, feliz e inteligente, fina y sin pretensiones. Goza lúcidamente de una primera lectura muy rica –la crónica del oficio– que puede desentenderse de referencias externas a otras películas y a trayectorias profesionales o personales de los actores. También de los guiños a sus héroes (Welles, el principal, y Hitchcock) y de la turbulenta niñez del propio Truffaut cuando hace alusión a su autobiográfica Los 400 golpes. Incluso, el espectador puede verla sin haber visto ninguna otra película previa de Truffaut. Es así como no necesita saber que la escena de la charola y el gatito replica otra de La piel suave (La peau douce, 1964) o que la del hombre que se debate entre el amor de dos hermanas hace referencia a Las dos inglesas y el amor (Les deux anglaises et le continente, 1971) y a Jules y Jim (1962).

No es en primera instancia una película intelectual. El espectador puede permanecer con esta historia sencilla sobre los gajes de rodar una película. E invita también a los intelectuales a que se tomen la libertad de ignorar olímpicamente los dictados político-morales que el maoísta de caviar Jean-Luc Godard prescribió para la Nouvelle Vague. No es la primera película que contenga una ficción dentro de una ficción, pero da un gran salto, como lo daría después El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002), escrita por Charlie Kaufman y dirigida por Spike Jonze. Ofrece un abrevadero inagotable para que los amantes del cine reflexionen en torno al cine.

En una segunda lectura, La noche americana proporciona elementos para una reflexión epistemológica. Nos sitúa en la posición privilegiada de observadores de tercer orden: los camarógrafos que filman Les presento a Pamela (observadores de primer orden) son observados por los camarógrafos de La noche americana (observadores de segundo orden) y nosotros (observadores de tercer orden) observamos qué y cómo filman los camarógrafos de La noche americana cuando filman a los camarógrafos de Les presento a Pamela. En otro sentido, nosotros observamos qué y cómo observan los camarógrafos que filman La noche americana que a su vez observan qué y cómo observan los camarógrafos que filman Les presento a Pamela. Y finalmente, vemos también a través de los personajes de Les presento a Pamela dentro del set y a través de los actores y los técnicos fuera, pero como personajes dentro de La noche americana.

Les presento a Pamela es la ficción que está dentro de otra ficción que ayuda a que nos detengamos y acerquemos a varios asuntos alrededor de la filmación de una película:

– El contraste del comportamiento (el fingimiento que supone actuar) de los actores durante los ensayos, la filmación y fuera del plató.

– Una noción de la cantidad ingente de tomas, desconocida por el director de antemano, para un solo plano y que van constituyendo variaciones al guion y alternativas al montaje y que a partir del conjunto se decide por una definitiva, se edita, se desecha el resto y se monta. En una memorable escena de la película, Séverine se equivoca de puerta varias veces en dos minutos.

– Lo complicado que supone coordinar para una sola toma todo el equipo detrás de la cámara y a los actores enfrente.

– La falta de privacidad y lo que implica trabajar fuera y lejos de casa. Vemos personas externas con acceso al lugar de filmación vigilando que sus parejas que actúan no vayan a tener una aventura amorosa.

– La presión de los financiadores estadounidenses sobre la programación y calendarización en detrimento de la calidad de la filmación y la rutina en la que deriva. Dice Ferrand a modo de narrador o pensando: “Al principio esperas un viaje agradable en carroza en el Viejo Oeste. Luego sólo quieres llegar a tu destino.”

– Ver en su realidad artificial elementos evidentes para la ilusión cinematográfica: los andamios sobre las fachadas hechizas, cámaras montadas en grúas, lluvia de regadera, una chimenea de gas que simula la aromática y acogedora chimenea con leña, nieve artificial, el voladizo de un falso balcón.

La noche americana recibió el Oscar a la mejor película extranjera en 1974 y tres nominaciones en 1975. En los BAFTA ganó mejor película, mejor dirección, y mejor actriz de reparto. El Sindicato Francés de Críticos de Cine la premió como mejor película francesa. La Sociedad Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos y el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York le otorgaron el premio a mejor película, mejor director y mejor actriz de reparto a Valentina Cortese.

Para quien gusta del cine, no debe pasar por alto esta cinta. Para quien lo estudia, La noche americana puede servir de consulta.

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