Otra familia de tantas: De hombres y pollos (2015)

CINESCOPÍA/ José Javier Coz

Por encima de la dirección cinematográfica, Anders Thomas Jensen ha destacado en su carrera prolífica como guionista desde 1996. Más de cuatro decenas de sus guiones se llevaron a la pantalla grande y sólo 3 cortos y 5 largometrajes los dirigió. De hombres y pollos (Mænd & høns, 2015) es el cuarto y probó no necesitar demasiada ejercitación en el oficio y el arte cinematográficos.

A manera de prólogo, dos niños ayudan en las faenas de una granja, cargan una caja de huevos recién retirados de sus gallinas mientras una voz en off narra que estos pequeños apenas empiezan la vida y albergan muchas ilusiones.

Ya adultos, muere el padre de Gabriel (David Dencik) y de Elías (Mads Mikkelsen) y les deja un videocassette con la confesión de que son medios hermanos adoptados y de que su progenitor es un tal Evelio Thanatos, médico especialista en células madre avecindado en la isla de Ork. Desde un inicio vemos que Elías es un onanista compulsivo y Gabriel padece un tic nervioso, una especie de reflejo vomitivo, como las arcadas de las aves cuando regurgitan lo que trituraron en el buche. Ambos tienen labio leporino. Deciden ir a saber de sus madres. En Ork conocen a otros tres medios hermanos: Franz (Søren Malling), Gregor (Nikolaj Lie Kaas) y Josef (Nicolas Bro) que los reciben a golpes afuera de su vieja residencia desvencijada del siglo XVIII. También tienen labio leporino y, unos más y otros menos, ligeras deformidades en el rostro y ciertas taras mentales. Gabriel es el más estable, además de haber recibido cuatro cirugías reconstructivas. Se entera de que las madres de dos de sus hermanos y la suya murieron durante el parto. Tanta coincidencia lo lleva a investigar qué fue lo que pasó. Después de una segunda vuelta de peleas, Franz, el mayor, por fin acepta invitarlos a que se alojen.

Desde afuera, la primera impresión de la casa es de abandono, con animales de granja saliendo, entrando y rondándola: borregos, gallinas, cabras, gansos, conejos y patos. Me remitió a la casa del padre de la etología, Konrad Lorenz, en Viena.

La construcción es muy grande, sus puertas de madera de doble hoja están horadadas por la polilla y las termitas, muchas esquinas despostilladas, varias capas de pintura de colores pasteles asoman en las paredes, los muebles están viejos, rotos y empolvados, los altos techos a punto de desplomarse, las habitaciones y los salones espaciosos y medio vacíos, ventanas de vidrios rotos y postigos vencidos y alféizares que dan una idea del tremendo grosor de los muros.

Gabriel pregunta por su padre. Franz le dice que está en su recámara y que no le gusta que lo visiten ni lo interrumpan. Cenan y, antes de dormir juntos, los hermanos guardan la costumbre de leer cuentos y comentarlos. Al día siguiente, Gregor invita a Elías a conocer a Isaac, un toro semental resguardado en una habitación. Mientras Gregor lo acaricia le dice a Elías que al toro “no lo tocan”. Luego le muestra una habitación con gallinas y le dice que a éstas no importa porque son suficientemente grandes para poner huevos. Le ofrece una insinuando que puede fornicarla. Elías protesta, pero Gregor alega que sólo lo hacen hasta que conozcan chicas. Sin asombrarse mucho, Elías nota que algunas gallinas tienen pezuñas, otras poseen cabeza de borrego.

Después Elías lleva a Gabriel a ver las gallinas. Gabriel le hace una observación post darwiniana: la abundancia de gallinas con pezuñas y cabezas de borrego indica que no se trata de mutaciones (que son accidentales y aleatorias) sino productos de la expresión de un genoma. Sospecha que su padre transgredió las barreras de las especies mediante la combinación de genes. Momentos como estos durante el desarrollo de la historia ofrecen pistas, son consecuentes con el desenlace y mitigan el horror revelado al final para que lo recibamos con algo de filosofía.

Una noche, Gabriel y Elías se escurren hacia el dormitorio del padre. Se oye que está silbando una canción. Entran y encuentran una grabadora reproduciendo el silbido. El padre está muerto desde hace tiempo en su lecho. Gabriel toma un libro de sus manos con dibujos y anotaciones. Franz los descubre y los echa. Gabriel visita al munícipe para solicitarle un entierro formal. Ya había observado que, además de Elías, el resto de sus hermanos tienen ciertas limitaciones, además de una forma primaria de interactuar que intenta cambiarla iniciándolos en la lectura de la Biblia. Este detalle –la pretensión de civilizar a unos bárbaros con las Sagradas Escrituras– parece un guiño al cuento El evangelio según Marcos de Jorge Luis Borges que pertenece a El informe de Brodie (1970). En medio de esos hándicaps, todos los hermanos de Gabriel profieren a lo largo de la película unos insights reveladores que sorprenden, pero que en ningún momento desentonan con el carácter de los personajes que es privativo en cada uno, un delineamiento muy cuidadoso de cada perfil que debemos reconocerle a Jensen.

Con la lectura de la Biblia, Gabriel pretende fomentar la comunicación, que ésta supla la violencia al dirimir desacuerdos. Irónicamente, uno de los hermanos le hace ver varias veces que es él quien interrumpe constantemente cuando alguno está hablando y lo insta a que levante la mano si quiere hablar. Una suerte de reminiscencia de cómo podría haber surgido uno de los hechos capitales en la historia: el diálogo. También intenta cambiarles algunos de los hábitos de hacinamiento y promiscuidad promoviendo la higiene y que duerman en camas separadas, aunque se quejen del frío.

Aparte de la recámara del doctor Evelio, Franz les tiene vetado a todos el ingreso al sótano cuya puerta está sellada. Una noche, Gabriel logra entrar y descubre restos de animales híbridos preservados en formol como un cerdo con alas y patas de gallina y un toro con un cogote de pavo. Nota que hay otra puerta sellada, pero es sorprendido por Franz que lo castiga. Frustrado, Gabriel decide abandonar la isla y le pide a Elías que se quede, que es su lugar, su familia. Intercambian ofensas y refrescan rencores añejos. Elías supera la tristeza cuando al día siguiente invita a sus hermanos a vestirse con ropa decente y salir a buscar trabajo y mujeres.

Conocen y tienen sexo con unas ancianas de un asilo. Gabriel está por partir con Ellen (Bodil Jørgensen), la hija del alcalde con la que ya había tenido un flirteo, pero ve una cigüeña con pequeños pies humanos y un pico hendido. Recuerda a las gallinas híbridas, mejor dicho quiméricas, y el labio leporino que tienen todos y se regresa. Irrumpe en el segundo sótano y encuentra fetos de humanos híbridos. Se alcanzan a transparentar unos cuerpos de mujeres en los acuarios empotrados en las paredes. Son las cinco madres de los hermanos y que murieron, unas en el parto, otras durante el embarazo.

Llegan los hermanos y, esta vez, Franz no se opone. Después de leer los informes, Gabriel les explica que su padre era estéril. Dado que en mamíferos los cromosomas de diferentes especies son incompatibles, transfirió genes de células germinales (espermatozoides) de animales a células madre suyas y las implantó en sus esposas. Pero cada hermano tiene un porcentaje bajo de genes de un animal. Gabriel tiene de búho, Elías del toro Isaac, Josef de ratón, Gregor de un perro labrador y Franz de gallina. Ninguno supera el 15% de genes del animal con el que está transgenizado, de ahí que sean humanos (no unas quimeras como las gallinas (o el minotauro) que portan algunos genes de su híbrido sin expresarse cabalmente sino en forma de ruido (las deformidades). Gregor pregunta angustiado si ellos también son estériles. Gabriel le responde que sí.

Gabriel sale y habla con Elías que se encerró en la jaula por haber cumplido su impronta reprimida de copular una res, es decir, a Isaac. Se perdonan por lo que se dijeron cuando Gabriel partió y se abrazan.

Un epílogo grato y alegre cierra la película. Los cinco hermanos conviven en la sala de la vieja mansión con sus hijos y la voz en off del inicio concluye que “la vida es la vida y que una alternativa no es preferible”.

De hombres y pollos es para mí una hermosa fábula danesa de ciencia ficción que presume también de algunos elementos de la comedia, el terror, la sátira grotesca y el drama familiar. Si hurgamos sus componentes con minuciosidad no daremos con un solo traspié. Jensen evita conducir el tema a sus últimas consecuencias, lo que no supone no comprometerse. Aquello que se ha propuesto lo acota sin dejar cabos sueltos. Tampoco busca respuestas concluyentes a las problemáticas que plantea. Pretende dejar sobre la mesa cuestiones en torno a la vida en términos biológicos, al doble filo de la biotecnología, al entendimiento como arma contra la violencia, a la evolución en relación con el sentido de la vida y a la agresión como un remanente que debemos asumir y domesticar como animales que somos, más aún, como especie mamífera. Así lo hizo Konrad Lorenz en su magnífico libro Sobre la agresión: el pretendido mal (Das sogenannte Böse. Zur Naturgeschichte der Aggression, 1963). El padre de los medios hermanos hace las veces de una especie de Ángel de la Muerte, apodo del médico y oficial nazi Josef Mengele que hizo experimentos con gemelos judíos en Auschwitz. Haciendo a un lado el aspecto esperpéntico que puedan tener los hermanos, me pregunto qué tanto la interacción impulsiva, violenta e impredecible y la dinámica resultante pueden distar de las del común de las familias.

El director Jensen tuvo el privilegio de trabajar con la directora de arte Cornelia Ott. Es imposible adivinar que la escenografía del interior sea hechiza. También con Thomas Foldberg y Morten Jacobsen que coordinaron los efectos especiales en maquillaje y con el encargado de los efectos visuales Søren Skov Haraldsted, de una hechura documentada en casos de teratología.

Por aquello de que con los transgénicos el hombre está jugando a ser Dios, no me extrañaría que el título en español parafrasee a De dioses y hombres (Des hommes et des dieux, 1996) de Xavier Beauvois. La naturaleza crea monstruos y el hombre los suyos, incluyendo a los dioses.

,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *