Óscar 2021: Hermosa venganza o una película de tesis

Hermosa venganza (Promising Young Woman, 2020) es una película de tesis. No porque haya sido realizada para alcanzar un grado académico, sino porque parte de una hipótesis, que es comprobada por medio de la historia, para sustentar una tesis. El abordaje de la cinta amerita desgranar la historia, conocerla con cierto detalle para argumentar con precisión, para sacar conclusiones. Así las cosas, en los párrafos que vienen a continuación aparecerá más de un spoiler. Dicho lo anterior…

Hermosa venganza es la ópera prima de la inglesa Emerald Fennell, quien de acuerdo con la Internet Movie Database ha participado como actriz en 20 producciones audiovisuales, en particular en series televisivas. El guión, también de su autoría, da cuenta de la venganza que realiza Cassandra (Carey Mulligan). En sus años universitarios tenía una amiga que, ebria, sufrió el abuso de algunos compañeros y posteriormente se suicidó. Cassandra se siente culpable por no haberla acompañado en el aciago evento, y ahora asiste a bares, finge estar alcoholizada y sale acompañada por algún hombre. Como éste invariablemente busca abusar de ella, Cassandra le da una lección, que puede ir de un susto hasta algo peor (que no se llega a ver, sólo puede aparecer como una rayita negra, azul o roja en la cuenta que ella lleva en una libreta); sabe ser cruel, pero también magnánima. Las cosas parecen cambiar cuando aparece en la cafetería en la que trabaja un excompañero de la universidad, con el cual inicia una relación sentimental. Cuando descubre que éste asistió al abuso de su amiga, Cassandra busca dar una lección inolvidable a los que estuvieron presentes en el abuso, en especial al abusador.

Fennell apuesta por abundantes dosis de estilización grandilocuente, en particular en la puesta en escena, que contrasta espacios y emociones: la casa de los padres de Cassandra, por ejemplo, es limpia y conservadora, con muebles de otras épocas; los cuartos de los que pretenden abusar de ella son un tanto sórdidos y son iluminados con tonos amarillentos o rojizos, a veces de un azul profundo, a menudo chillantes, lo que genera un natural desagrado. Con la cámara, que registra la acción en un formato ancho (el aspect ratio es 2.39:1) y a cierta distancia (abundan los planos abiertos), da peso al espacio y empequeñece al personaje; esta sensación se incrementa por medio de los abundantes encuadres en los que deja demasiado aire en alguno de los costados. En más de un momento, además, propone travels que incrementan las emociones del personaje, como aquél en el que, con lente angular (a diferencia de la apuesta que hace en la mayor parte de la cinta, en la que utiliza lentes de distancia focal larga) la acompaña por un espacio boscoso mientras experimenta la decepción por el descubrimiento de que su novio estuvo en el abuso de su amiga. Todo esto genera dosis de enrarecimiento: Cassandra vive en un estado de constante alteración y el estilo lo subraya con amplitud. Mención aparte merece la secuencia en la que encara al abusador: asiste vestida y maquillada al estilo de Harley Quinn. En la banda sonora aparece el paisaje habitual en la cinta de un debutante: las canciones y las músicas se reproducen con fruición. Con decir que en los primeros diez minutos escuchamos tres canciones.

Este dispositivo estilístico, que a veces coquetea con el videoclip, es pertinente para dar cuenta de la incapacidad de Cassandra para seguir adelante (petición que incluso le hace la madre de su difunta amiga); contribuye a dar forma a una historia maniquea y reduccionista, que por momentos cae en la inverosimilitud. Los personajes no tienen desarrollo, son unidimensionales y predecibles (huecos), parecen obedecer más a los designios de una demostración que a los dictados de la credibilidad. Si Cassandra sabe cada detalle de la vileza de los hombres y sabe sacar provecho de la cobardía de ellos, si vive en permanente alerta, ¿cómo es que inicia una relación sin mayores reservas? ¿Qué más en el nombre del amor, cantaría Bono (total, una canción más o menos no hace gran diferencia)? Fennell utiliza más de un golpe de efecto y no duda en echar mano de la manipulación flagrante para probar su hipótesis: todos los hombres son iguales, a menos que tengan mala conciencia y sean abogados. En la ruta es perceptible más de una malhechura: son abundantes los errores de continuidad (prácticamente en cada escena en la que se encuadran dos personajes hay saltos en las posiciones de los actores o en los elementos de escena). Al inicio incluso hay un pasaje de montaje prohibido (con saltos de luz), en el que nos quieren hacer creer que mientras ella camina por la calle (no por la banqueta) un grupo de albañiles le grita algunos improperios. Pero resulta que nunca están en el mismo plano, por lo que es improbable (y poco verosímil) que estén efectivamente en el mismo espacio al mismo tiempo.

El asunto que expone Fennell es brutal y ha sido bastante frecuentado por el cine (la IMDb consigna alrededor de 6000 títulos en los que rape aparece como palabra clave). Rara vez con crudeza (Hermosa venganza, que tiene deslices al terror y a la comedia negra, tampoco lo hace: corta en los momentos en los que la violencia, si la hay, ha de iniciar). El tema es bastante serio y amerita más de un tratamiento. Pero Hermosa venganza es efectista y confunde venganza con justicia, expiación con sacrificio, autoinmolación con redención, y se queda en la demostración: le falta profundidad. Me queda más de una duda si las lecciones que claramente aquí se vehiculan terminen por ser claras y lleguen a buen puerto. En todo caso esperemos mayor reflexión y mejores películas en el futuro sobre el asunto.

 

Calificación 60%
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