La noche parisina: El último metro (1980)

CINESCOPÍA/José Javier Coz

El último metro (Le dernier métro, 1980) fue la vigésima y antepenúltima película que François Truffaut escribió y dirigió previa a su muerte temprana y súbita a sus escasos 52 años y que dejó tristes a muchos que estamos enamorados de su cine y de su persona. Nos legó en su haber 23 cintas. Esta guarda una fuerte afinidad con La noche americana (La nuit americaine, 1973) en tanto su historia gira alrededor de ensayos de actuación y sobre la interacción entre los actores y otros miembros del equipo tras bambalinas.

El título alude al hecho de que, durante la ocupación nazi, en París había toque de queda y la gente que no alcanzaba a tomar el último metro se quedaba a dormir en las salas de cine o de teatro, sobre todo en la época de frío cuando había escasez de combustible en los hogares. En esos tiempos las salas eran muy amplias y con más de un centenar de asientos.

La película inicia con un narrador que nos sitúa a finales de 1942 en París en plena ocupación nazi, que aún abarcaba la mitad del territorio francés. La otra mitad era conocida como la zona libre. Lucas Steiner (Heinz Bennent) es un judío alemán, director de teatro, que se ve forzado a esconderse en el sótano del Teatro Montmartre, propiedad de su esposa, Marion (Catherine Deneuve). Ella había sido modelo y actriz de cine y ahora tiene el papel protagónico de la obra de teatro La desaparición, que adaptó Lucas y que ensayan en la sala del Montmartre. A pesar de haber sido propiedad de un judío, el Montmartre no se clausura por el prestigio que ha gozado su cartelera entre los alemanes y los colaboracionistas. Salvo Marion, todos lo creen fugitivo en algún lugar de Sudamérica. La obra es una producción para salvar al teatro de la bancarrota. En su ausencia la dirige el escenógrafo Jean-Loup Cottins (Jean Poiret). Lucas encuentra un conducto de ventilación por el que escucha los diálogos durante los ensayos y está insatisfecho con el resultado. Es de esta manera, y a través de instrucciones que gira a Marion, que Lucas supervisa la dirección de la obra. Aunque Marion mantiene una solidaridad de esposa fiel, sus sentimientos (siempre gélidos o invisibles en los personajes que encarna Deneuve) se irán desviando hacia un actor recientemente contratado, Bernard Granger (Gerard Depardieu), que viene del Teatro Grand Guignol donde llevaba tiempo fogueándose. También Bernard queda impresionado con Marion desde el primer momento, aparentemente plantosa, más por su talante que por su ajuar. Luego de haber coqueteado con la diseñadora de producción Arlette (Andréa Ferréol) y con la joven actriz Nadine (Sabine Haudepin), que resultaron ser amantes, Bernard vuelve su atención hacia Marion, pero se intimida con su sola presencia. En sus ratos libres, Bernard se ve con otro joven en un café. Los vemos a través de las vitrinas. Levantan sospechas en el espectador de si están colaborando con la Gestapo, pero después sabemos que son miembros de la Resistencia. Marion aprovecha las noches para regresar al teatro y visitar a su esposo.

Entre el personal de la compañía de teatro está Raymond (Maurice Risch) el jefe de tramoyistas y conserje del inmueble. Será, como en La noche americana, otro personaje más protagónico que secundario y decisivo en el desenlace. El tema común en ambas películas es la camaradería.

De cuando en cuando, Daxiat (Jean-Louis Richard), un crítico de teatro, dueño de un periódico e inspector de actividades culturales por parte de la Gestapo, hace visitas sorpresa y es quien le consigue a Marion la visa de censura. Revisa que no haya ninguna actividad de insurgencia o algún judío entre los actores y demás personal. La persecución y detención de judíos estaba a la orden del día. No sólo se perseguía a judíos. Cada francés estaba obligado a comprobar que en su linaje familiar no hubiera un antepasado judío. Judío era una palabra despectiva y en su lugar se usaba israelí. La amenaza de cerrar el teatro es constante.

Daxiat quiere asociarse con Marion, pero ésta, en su clandestina lealtad a su esposo, evade toda propuesta. Un día, Daxiat le muestra a Marion el pasaporte de Lucas y le dice que no ha salido de la zona ocupada y lo más probable es que esté escondido en París. Le insinúa que ella sabe dónde está, pero Marion no se deja doblegar.

Lucas se debate entre albergar esperanzas y aguardar a que la ocupación o la guerra terminen o intentar fugarse a los lindes entre la zona ocupada y la zona libre de Francia. Marion reúne dinero y hace un contacto con un guía que lo conduzca hasta la frontera y un agricultor con una propiedad asentada en ambas zonas a que lo ayude a burlar un punto de vigilancia. Después se entera del falso coyotaje, de las atractivas recompensas para los delatores, de que en la frontera hay agentes dobles que se hacen pasar por guías y entregan a los fugitivos a la comandancia local (Kommandantur) cobrando por doble partida. Al día siguiente, los encabezados de ocho columnas en las primeras planas de todos los periódicos parisinos celebran la invasión de la zona libre por los alemanes. Lucas desiste.

Llega el día del estreno, que recibe una acalorada ovación. Los actores y miembros de la compañía festejan el éxito. Al día siguiente, Daxiat publica una reseña denunciando un judaísmo subrepticio en la obra. Todos quedan desconcertados, pero continúan con su festejo. Se presenta Daxiat al jolgorio y Bernard no vacila en tomarlo a la fuerza de las solapas, conducirlo a Marion y obligarlo a que se disculpe. Daxiat se niega y Bernard lo saca a la calle y no lo golpea porque Daxiat no levanta una mano, Bernard no tiene cómo empezar a golpearlo. Salen todos a disuadir a Bernard. Marion le recrimina a Bernard semejante imprudencia y le deja de hablar.

El objetivo de Daxiat era que la Gestapo confiscara el teatro y él se lo quedara. De hecho, cita a Jean-Loup quien a la hora de llegar le dice: “con usted no se puede saber si es una cita o un citatorio”. Le propone asociarse y quedarse con el teatro que Lucas lo había cambiado a nombre de su esposa de manera ilegal. Él seleccionaría las obras y Jean-Loup las dirigiría. Éste se niega. Ante esta amenaza, Marion apela a una instancia superior con el Dr. Dietrich, pero la recibe el teniente Berger, quien la acosa. Marion huye de las oficinas.

En un primer momento, la película sugiere que Lucas repara en que Marion alberga sentimientos hacia Bernard. Durante otra función, llegan dos agentes de la Gestapo con la orden de revisar el sótano. Entre varios se ingenian entretenerlos en lo que Marion lleva a Bernard al sótano a desarreglarlo para que no se vea que estaba siendo habitado y a que se quede a proteger a Lucas. Éste y Bernard se ocultan entre los cachivaches. Bajan los agentes acompañados de Marion y Raymond y no ven nada. Quien si ve algo es Lucas. El atractivo y la virilidad del mozo Bernard. Le dice que Marion está enamorada de él y le pregunta si él está enamorado de ella. Bernard no contesta. Lucas tampoco. Los dos otorgan.

Bernard le informa a Marion que se retira del teatro. Que esperará a que encuentren un sustituto. Después, Marion busca a Bernard en su habitación. Bernard está empacando sus cosas, hablan de sus sentimientos, de los malentendidos, se besan y hacen el amor.

Nuevamente entra la voz del narrador, que con imágenes de archivo nos hace un resumen del destino del teatro, de los actores y de la guerra que culmina con el desembarco de los aliados en Normandía. Enseguida estamos en un hospital. Llega Marion y se acerca a Bernard sentado, herido, con un collarín cervical. La guerra ha terminado. Le confiesa que todavía lo ama, que quiere estar con él, a lo que Bernard, exhausto y desilusionado, le contesta que todo había sido una ilusión, le pide que se vaya. Ella dice que se necesitan dos para odiar y dos para amar, que ella lo seguirá amando y se despide. Se cierra el telón y se escuchan aplausos. Se abre el telón y Marion toma de las manos a Bernard y a Lucas y al unísono inclinan sus cuerpos en un gesto de reverencia a un público agradecido.

Así como Casablanca (1942) de Michael Curtiz no trata sobre la ocupación nazi de Marruecos, El último metro no es una película de guerra ni de propaganda judía ni sobre el Holocausto. Pero la guerra, la ocupación, la persecución, la Resistencia, las redadas, el espionaje y los constantes apagones, ajenos todos a la obra que se ensaya y se presenta en funciones periódicas, constituyen un entorno que condiciona y explica la suspicacia y la vigilancia que reina entre los actores y los otros miembros de la compañía de teatro porque está siempre la posibilidad de algún infiltrado que denuncie cualquier opinión contra el régimen o la participación en la Resistencia. Como crítico e inspector, Daxiat se suma como otro ingrediente a la relación tensa entre la sala de teatro y la prensa colaboracionista. El ambiente de sospecha y la posibilidad de que cierren el teatro deja siempre en suspenso una incertidumbre que recae sobre la expresión de los personajes durante los ensayos y las funciones y, de igual manera, en las relaciones entre los actores fuera del escenario.

Franҫois Truffaut se ciñe a los espacios interiores y en contadas ocasiones la cámara sale a la calle. Esto contagia al espectador de la impotencia y asfixia que supusieron para Lucas Steiner su largo confinamiento.

La versatilidad temática y la posición política de Truffaut lo alejan de la Nouvelle Vague (la Nueva Ola Francesa), en la que tanto se empeñan los historiadores y críticos de cine en mantenerlo. En una entrevista, Truffaut declara que el tema de El último metro es la tolerancia. La de hacer convivir a personas que guardan sospechas entre ellos y la del macho alpha Depardieu con el homosexual Jean-Loup y con dos lesbianas, Arlette y Nadine, sin fricciones con el resto del grupo. Otro de los temas en El último metro es el triángulo amoroso que Truffaut había abordado como central en Jules y Jim (Jules et Jim, 1962) y en Las dos inglesas y el amor (Les deux Anglaises et le continente, 1971). Finalmente, no es la primera vez que Truffaut hace una película sobre lo que pasa tras bambalinas. Ya en 1973 nos hizo un gran regalo al respecto: La noche americana (La nuit americaine, 1973).

Bernard representa al hombre arrojado, sin miedos. Lo que se da en llamar un valiente. Por delante de cualquier cosa, salvaguarda la dignidad. Se opone a la ocupación y a la persecución de los judíos. Exhibe su hombría cuando confronta a Daxiat, pero no tanto porque es un colaborador francés al servicio de la Gestapo sino porque aprovecha la ocasión para ostentar su virilidad y así ganarse la admiración de Marion. Pero cuando se cita con su colega de la Resistencia en una iglesia y llegan dos agentes de la Gestapo a detenerlo, Bernard no hace nada. Sería menos útil si hiciera algo, como la bravuconada de pretender golpear a Daxiat. En este momento, decide abandonar la actuación y dedicarse de lleno a la Resistencia. Con este cambio, me pregunto: ¿cuál es más efectiva, la resistencia con armas o sin armas?, ¿quiénes son más valiente, los miembros de la compañía de teatro que intentan sobrevivir o los que se sublevan tomando las armas?, ¿es más valiente Bernard o Marion o Lucas?, ¿vale la pena arriesgarse por esa cosa llamada patria?

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