La habitación de al lado: Almodóvar descafeinado

La habitación de al lado (The Room Next Door, 2024) es el largometraje número 23 de Pedro Almodóvar; el primero en el que sus personajes hablan en inglés. Se inspira en una novela de Sigrid Nunez y acompaña a dos amigas que compartieron la vida –y alguna pareja– en la juventud y que se reencuentran en la madurez. La cinta participó en la más reciente edición del festival de Venecia, donde obtuvo el máximo galardón: el León de oro. No obstante, la cinta (me) deja un sabor agridulce.

A partir de un guión escrito por él, Almodóvar acompaña a Ingrid (Julianne Moore) y Martha (Tilda Swinton). La primera es una escritora afamada que tiene en la muerte uno de sus temas principales. La segunda fue reportera de guerra, tiene cáncer y se ha sometido a un tratamiento experimental contra la enfermedad. Cuando Ingrid se entera del padecimiento de su amiga, va a visitarla al hospital. En adelante será su acompañante fiel. Hasta que la muerte las separa. O no del todo, pues aparece la hija de Martha y se establece la posibilidad de extender los lazos.

Como en Dolor y Gloria (2019), Almodóvar da peso a la memoria. A diferencia de ésta, en la que hay matices de estridencia, apuesta ahora por un estilo contenido, por una puesta en escena discreta, en la que la paleta de colores es poco llamativa (tan sólo una puerta roja tiende un puente con el “joven Almodóvar”). Los tonos otoñales se instalan en el ocaso de la vida de Martha. La puesta en cámara, también discreta, aporta agilidad a un relato que tiene grandes dosis de teatralidad. Y como en el teatro, los diálogos van cobrando valor: por momentos, me parece, la cinta sólo ofrece algunos respiros entre parlamentos. Justo es ensalzar la viveza dialogal y las dosis de humor, que contribuyen a dar un buen ritmo al relato.

En los diálogos circula la savia de la cinta, cuyos temas inician y terminan en la muerte. Martha convivió con ella a lo largo de sus años y sus guerras; para Ingrid es más que un pretexto para la escritura. En la ruta aparecen los lamentos (o tal vez no se llega a tanto) por la mala relación con los hijos. Martha tiene una hija que desde su concepción fue ignorada por el padre; ella, por su parte, tampoco estuvo muy presente, pues pasaba largas temporadas en los frentes bélicos que reporteaba. No es raro, así, que la hija sea bastante distante, que apenas muestre interés por los padecimientos de una progenitora que tampoco mostró mucho interés en su vida. El reclamo paternal aparece por medio de Damian (John Turturro), quien fuera amante de ambas en momentos diferentes. Él es un ecologista rabioso que reprocha a su hijo sus afanes reproductivos luego de traer tres crías a un planeta cuyo futuro es negro. Por medio de este personaje (absolutamente secundario y que aparece como la amiga infaltable de las comedias románticas: para que el personaje principal pueda manifestar sus piensos), además, se hace presente un reclamo explícito al neoliberalismo que tanto daño ha hecho a la naturaleza.

Almodóvar nos había acostumbrado a alimentar sus películas con sangre, sudor y lágrimas. Mas ahora entrega una reflexión sobre la muerte que es, como sus personajes, básicamente intelectual. Aquí no hay espacio para los gritos y sí para los susurros. Los personajes, como la puesta en escena, son impolutos, no se ensucian con ningún tipo de secreción. Me parece que el cineasta manchego busca explorar el tema de la muerte lejos del melodrama, pero en la ruta, me temo, sacrifica el drama. No me resulta indiferente el oficio almodovariano, pero a mí la película me deja frío, en la mayor indiferencia. Con todo y los guiños a “Los muertos”, el maravilloso cuento de James Joyce; incluso, y justo es constatarlo, con las cantidades abundantes de música (la cual, dicho sea de paso, cada vez me resulta más sospechosa en el cine, pues se hace evidente que el autor busca provocar las emociones o las tensiones que sus imágenes no generan). La habitación de al lado, así, se queda al lado: es una película descafeinada, una película inocua.

Calificación 65%
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