Doctor sueño: miedo provechoso

¿Qué hace buena a una buena película de terror*? ¿Los sustos que prodiga? ¿Hay una relación entre la cantidad de sobresaltos y la calidad de la película? ¿Una cantidad mayor se traduce en una mejor calidad? ¿O el miedo es un medio? ¿Para ir por debajo de la superficie y explorar las extensas áreas de penumbra que caben en lo humano? ¿Para plantearnos asuntos espinosos, atávicos? ¿Para hacer significativo y racional lo que reside en las profundidades de la irracionalidad? Creo que los sustos per se no hacen buena a una película de terror (pero sí a la casa del terror de la feria o a los parques de diversiones extremas). El miedo, como toda emoción, es una vía provechosa para la significación. Conforme uno se va emocionando se va haciendo más receptivo – más sensible– a los temas que se plantean, y estos incrementan su relevancia y aspiran a ser más significativos. Las obras de terror nos colocan frente a temas que normalmente no encaramos, a lo que preferiríamos que quedara enterrado: lo desconocido, lo conocido pero prohibido, lo sabido pero no reconocido; las contrariedades que provee la realidad, la sociedad, la familia.

En El resplandor Stephen King y luego Stanley Kubrick nos enfrentan, entre otras cosas, a las presiones que sufre un padre de familia en su afán de hacerse cargo de su esposa e hijo, a los miedos que carga un niño particularmente sensible. Este último, crece, y Doctor sueño (Doctor Sleep, 2019) da cuenta de sus tormentos como adulto. Dan Torrance (Ewan McGregor), como su padre, se refugia en el alcohol para acallar sus miedos. Llega entonces a un pequeño poblado donde recibe apoyo y deja de beber. En la ruta es contactado por una niña que tiene poderes similares a los suyos (puede comunicarse a distancia e ingresar en la cabeza de los demás). Entonces se involucra en una aventura que lo lleva a encarar sus terrores más añejos.

El responsable de la realización y del guión (cuyo origen es la novela homónima de King) es Mike Flanagan, director de Ouija: el origen del mal (Ouija: Origin of Evil, 2016). El cineasta apuesta por una movilidad de cámara provechosa (los trayectos incrementan la tensión) y una puesta en escena inquietante en la que incluso los espacios abiertos pueden resultar intranquilizadores; la luz, cortesía del cinefotógrafo de cabecera de Flanagan, Michael Fimognari, contribuye al establecimiento de atmósferas contrastantes, de la sordidez a la calidez. El montaje, que se sustenta en la alternancia (y hace coincidir temporalmente tres historias), contribuye a dar fluidez y a generar tensión. Las músicas (firmadas por The Newton Brothers (proclives a involucrarse en títulos de terror), es parte fundamental de la creación de atmósferas.

A menudo Flanagan echa manos de las estrategias del terror convencional (como las sorpresas habituales y la música que crece para potenciar los sustos), pero entrega buenas cuentas en general. La primera hora de la película no ofrece atisbos claros de la ruta que se ha de seguir, y el interés tiende a disiparse (pero no la curiosidad). Por otra parte, se esbozan asuntos y personajes que no se desarrollan lo suficiente y sobre los que queda más de una duda. Sin embargo, una vez que se comienzan a cruzar los caminos, el tejido narrativo y la apuesta temática cobran fuerza. Se concretiza así el paisaje de un mundo hostil que se alimenta de los miedos y los dolores de los humanos más extraordinarios, de niños que manifiestan su potencial de formas diferentes (y de los que cada vez hay menos, pues los gadgets de la modernidad atenúan sus potencialidades). En la cinta se exhibe de forma gráfica y didáctica –por medio de una comunidad de sujetos singulares– cómo el mundo es un lugar hambriento, cómo el mal se las arregla para perpetuarse. Asimismo, Flanagan muestra cómo es fundamental encarar los miedos para crecer. Para Dan, así, la vuelta al hotel Overlook resulta inevitable. El padre y sus conflictos reaparecen, pero también toda la fauna monstruosa que ahí habita. Además del enfrentamiento con sus miedos, la aventura representa para él la posibilidad de ejercer la paternidad (putativa), la responsabilidad.

Al final la cinta me provocó algo cercano a la fascinación. Coincido con Stephen King –quien vía Tweeter ha “dado su bendición” a la cinta en más de una ocasión y la califica como “a hell of a good movie. And a hell of a scary one”– es una buena película… y provoca bastante miedo.

* Hay autores que establecen diferencias entre terror y horror. Estas van desde las reacciones generadas por las obras (que pueden ser intensas, pero no miedo) hasta aquello que provoca el miedo. En inglés suele utilizarse el término horror para las obras “de miedo”, y en español normalmente se traduce como terror. Por ejemplo, un libro célebre de Nöel Carroll lleva por título en inglés “The Philosophy of Horror”; en español ha sido traducido como “Filosofía del terror”.

Calificación 75%

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