5 sangres: un “churro” bélico y melodramático que emociona y alecciona

Spike Lee, cruza la frontera entre ficción y realidad en ambos sentidos, sin problema, y ¿por necesidad? Así, sus documentales utilizan estrategias propias de la ficción y sus largometrajes de ficción incorporan elementos documentales. En ambos casos el neoyorquino ha hecho de su cine un vehículo pertinente para la denuncia y la crítica, a menudo para la autocrítica. En El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlansman, 2018) entregó buenas cuentas; en 5 sangres (Da 5 Bloods, 2020), su más reciente largo de ficción, acrecienta con fortuna estas prácticas.

5 sangres es una producción de Netflix y acompaña a cuatro veteranos negros de la guerra de Vietnam que regresan al país que invadieron décadas atrás. Su objetivo: encontrar y repatriar los restos de Stormin’ Norman (Chadwick Boseman), quien comandaba su unidad en la guerra y murió en combate. También buscan recuperar una maleta con lingotes de oro que dejaron enterrada.

Lee ofrece su habitual repertorio lúdico: el estilo es pródigo en pequeños y grandes gestos estilísticos que contribuyen a dar fluidez y brillantez al relato. La cámara se mueve con soltura y acompaña por largos trayectos a los personajes; éstos, a su vez, “pasean” en el Dolly para subrayar sus sentimientos. Asimismo, el realizador presenta los flashbacks de forma juguetona, y cambia el formato de la pantalla (a veces la transición es visible y se hace “en movimiento”; a veces, por corte): el presente se ve en pantalla ancha (2.39:1 y 1.85:1); el pasado aparece en 1.33:1. De la misma forma la luz, cortesía del veterano Newton Thomas Sigel, establece la época, y es provechosa, además, para empujar los diferentes estados emotivos y mentales por los que se mueven los personajes. En la banda sonora merecen atención las abundantes canciones de Marvin Gaye, que no sólo aporta a la emoción sino al discurso: las letras se convierten en himnos y comentan o refuerzan los eventos reales y ficticios. Como de costumbre, Lee establece un ritmo ágil que consigue que las dos horas y media de duración fluyan con ligereza.

Por momentos Lee, quien acostumbra referirse a sus películas como “churros” (joints), da forma a una cinta bélica convencional. Incluso reproduce la “aritmética” del cine norteamericano, y en los combates por cada soldado norteamericano que muere, se ven caer racimos de vietnamitas. Asimismo, hace más de un guiño a la que tal vez es la película más notable sobre esa guerra: Apocalipsis (Apocalypse Now, 1979) de Francis Ford Coppola. Así, escuchamos “La cabalgata de las Valquirias” de Richard Wagner y acompañamos el viaje de los personajes por el río; y se va, en imagen y sonido, del horror a la locura.

Lee emprende una crítica contra el gobierno norteamericano, que embarcó a decenas de miles de soldados negros a Vietnam mientras en casa negaba a sus hermanos los derechos humanos (¿hay otros?) fundamentales. Para ello retoma pietaje de la época y da presencia a figuras emblemáticas de la época, como Martin Luther King y Angela Davis. La crítica se extiende al presente, y es inevitable pasar por el innombrable huésped actual de la Casa blanca. Por medio de la historia Lee muestra y demuestra el “ánimo histórico” de la población afroamericana, lo mismo ayer que hoy. El cineasta no pierde la ocasión para hacer un examen de conciencia y emprender, también, una autocrítica. La falta de unión y la pérdida de los objetivos comunes hace que se pierda el rumbo. El dinero, el interés personal en la riqueza, corrompe las causas (y aquí la denuncia no toca sólo a la comunidad afroamericana: nadie se salva), y hoy la Causa se llama “Black Lives Matter”. En la ruta Lee, para no variar, tiende a la sensiblería y es bastante panfletario. El resultado: un melodrama con sustancia, una historia que tiende a ser demostrativa y emotiva, que alecciona y emociona.

Calificación 70%

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