Rápidos y furiosos: Hobbs & Shaw: testosterona cómica

¿La comedia vive hoy mejores momentos en géneros diferentes a la comedia? Más allá de la respuesta, queda claro que los géneros que se sustentan en la testosterona han decidido apostar por el humor más que por la acción y la aventura. La épica es cómica desde hace un buen rato; ahora la acción parece seguir la misma ruta: así lo prueba Rápidos y furiosos: Hobbs & Shaw (Fast & Furious Presents: Hobbs & Shaw, 2019).

Como el título original sugiere, esta nueva entrega de la serie es una derivación (lo que en inglés se conoce como un spin-off). La historia que recoge es en verdad irrelevante: hay unos malos muy malos que quieren hacer humanos buenos muy buenos (en lo relativo a su desempeño físico más que su crecimiento moral, precisemos) y desarrollan un virus. Hattie (Vanessa Kirby), una agente del MI6 británico, se interpone en sus planes. Entonces entran en acción Hobbs (Dwayne Johnson) y Shaw (Jason Statham). Ambos hacen lo que han hecho en sus respectivas filmografías: pelean y persiguen, huyen y golpean.

El responsable de la realización es David Leitch, quien posee una extensa filmografía como stunt, una más pequeña como actor y una aún más pequeña como director (recientemente firmó Deadpool 2). Leitch ofrece cuentas correctas: el registro de la acción no es particularmente lucidor, pero tampoco es una confusión total; de sus actores obtiene un desempeño acertado (ni Johnson, ni Statham tienen una capacidad histriónica muy amplia que digamos) y no desentonan ni en las peleas ni en los diálogos. La historia raya con lo inverosímil en más de un momento, pero poco afecta al curso de la pachanga rápida y no muy furiosa que termina siendo la película.

Como cabía esperar, Rápidos y furiosos: Hobbs & Shaw entrega acción a montones, con sus espectaculares persecuciones por cielo y tierra, sus peleas coreografiadas con solvencia. Mención aparte merece el humor, más presente en los diálogos que en las ejecuciones físicas. El tándem del título emula a célebres parejas de cómicos y protagoniza vivaces intercambios verbales. Son como dos chavos machos, no muy brillantes, que buscan disminuir al otro con insultos no muy insultantes de diversa índole. De ahí surgen dosis apreciables de humor que, a la larga, resultan más memorables que la parafernalia de la acción (al humor contribuyen otros personajes más o menos fugaces que tienen funciones descaradamente bufonescas). Como cabía esperar, además, estamos ante una película insustancial. De poco sirven los apuntes sobre la fraternidad, la paternidad y la familia, porque no son profundos ni reveladores, son meramente anecdóticos. Así las cosas, con esta película la saga sólo crece en la taquilla. Es congruente, porque no cabía esperar mucho más: entrega lo que prometía.

Calificación 50%

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