Jauja y la abundancia en pantalla

El tiempo y a veces los accidentes rinden frutos. Esta (casi) perogrullada, que en general aplica a los procesos naturales, cobra particular relevancia en el ámbito humano. Así lo ha entendido el argentino Lisandro Alonso, quien propone películas en las que los planos a menudo se extienden a lo largo de largos minutos, en los que la acción puede ser escasa o nula, pero en los que incluso cuando todo parece estático, evoluciona un estado de ánimo, una percepción, una emoción, una historia. Jauja no es la excepción, sin embargo hay algunas variaciones con respecto a su obra previa que merecen atención.

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Jauja (2014) es el quinto largometraje de Alonso (La libertad, Los muertos, Fantasma y Liverpool son sus cuatro entregas anteriores) y recoge las contrariedades de Gunnar Dinesen (Viggo Mortensen) y su hija, Ingeborg (Viilbjørk Malling Agger), en la Patagonia. Él es un ingeniero militar danés que participa en lo que se conoce como “La conquista del desierto”, que se llevó a cabo a finales del siglo XIX y dejó un reguero de cadáveres de indígenas. Una noche Ingeborg, que es deseada por un militar argentino que es partidario del exterminio de los “cabezas de coco” (nativos), huye y el padre parte tras sus huellas. La empresa no es fácil, pues en la zona siembra el terror un ex militar bandolero y aún ofrecen resistencia los indígenas.

Como apuntaba al inicio del texto, Alonso propone una atípica entrega a ritmo apacible. Para comenzar por lo más visible (que no necesariamente es lo más evidente): el formato y la fotografía. La cinta se proyecta en formato 1.37:1, como el que utilizaba el cine en sus inicios y la televisión analógica. Además las esquinas del cuadro son redondeadas. Así se consigue, de entrada, un toque entre anacrónico, irónicamente atemporal. A diferencia de sus cintas anteriores, Alonso le saca la vuelta a la crudeza realista y, gracias a la labor del cinefotógrafo finlandés Timo Salminen, imprime un tono prístino que cabría ubicar entre lo fantástico y lo onírico. A ello contribuye el que las imágenes –a menudo grandes panorámicas– sean registradas con un lente de distancia focal normal, lo que se traduce en una profundidad de campo maravillosa. Las imágenes así registradas dan peso a los paisajes, que además de ofrecer un fondo a veces inquietante y sugerente cobran protagonismo. Habría que apuntar, eso sí, que en más de un pasaje Alonso apuesta con poca fortuna por un estilo más clásico y se hacen visible algunos “brincos” al momento de filmar la acción en continuidad; hasta hay saltos de eje (el personaje que mira a derecha luego del corte mira a izquierda).

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La historia es mínima pero no vacía. Es inocultable su deuda con la literatura, y en ella aparecen diálogos que contribuyen a dar densidad y diversidad a lo abordado. Para empezar por los idiomas hablados –español, danés y francés– y las frases contundentes (“en la frontera con el desierto, uno es un solitario; los afectos debilitan, el confort debilita”), a continuación por la extrañeza que se va naturalizando y, para acabar, con las vueltas de tuerca que contribuyen a resignificar lo antes visto (¿es, entre otras cosas, la forma que una hija encuentra para decirle a su padre que ya no es la niña que él cree que es?). Al inicio de la cinta leemos que “Jauja” es tierra mitológica “de abundancia y felicidad” y que los que intentaron encontrarla “se perdieron en el camino”. Alonso muestra el camino y ofrece señales para orientarse; la felicidad, así como la abundancia de significados o interpretaciones para la aventura que de ahí resulten, es asunto del viajante. Es una película que no entretiene al que no se sabe entretener, que no dice nada al que nada se sabe decir, cuya riqueza es proporcional al arsenal emotivo y discursivo del que se planta frente a la pantalla.

Jauja obtuvo el premio de la crítica internacional (FIPRESCI) de la sección Una cierta mirada en Cannes el año anterior.

 

Rebotes y singularidades

La cinta se enriquece con puentes que tiende al exterior. Para comenzar, a la literatura, mediante los nombres de los personajes. El apellido del protagonista, Dinesen, remite directamente a la escritora danesa Karen Blixen, quien firmó su obra como Isak Dinesen y fue una aventurera, particularmente en territorios africanos. Su padre, dicho sea de paso, fue militar. En Jauja, además, la hija de Gunnar Dinesen lleva el nombre de la madre de la escritora: Ingeborg.

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Timo Salminen ha trabajado en numerosas ocasiones con el que es acaso el mejor realizador finlandés de todos los tiempos: Aki Kaurismäki. Alonso aprendió con la colaboración, del hábito del europeo de no exponer “la luz de forma naturalista”. Según explica el cinefotógrafo en una entrevista concedida a la revista española Caimán cuadernos de cine, utilizó luces artificiales en el rodaje, las cuales alimentó con una planta que, por ruidosa, se instalaba a cierta distancia. Encuadró para un formato 1.85:1, pero, según comenta Alonso en la misma revista, cuando les enviaban los transfers de Buenos Aires “no siempre estaban del todo correctas las ventanillas que el laboratorio aplicaba” y editó pensando que esas imágenes remitían a un cine “más clásico”. Los bordes (redondeados) también llegaron así del laboratorio. Al ver a Mortensen con su vestuario, comenta Salminen, se dio cuenta que “la película se tenía que parecer, en este aspecto, a las de John Ford”. La película se filmó con la cámara Arri BL2 que perteneció a Ingmar Bergman.

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El proceso de escritura también tiene su encanto. Alonso no conocía al escritor y poeta Fabián Casas. Cuando el cineasta le propuso involucrarse en el proyecto Casas le respondió que primero intentaran hacerse amigos y luego pensarían en escribir algo juntos. Después comenzó una relación en la que también participaron las familias. Tardaron alrededor de cuatro años, y el resultado se tradujo en las veinte páginas que sirvieron de guión.

Viggo Mortensen es muy amigo de Casas y, según cuenta el cineasta, “comparten la pasión por San Lorenzo de Almagro, un gran club de fútbol de barrio de Boedo en Buenos Aires”. Mortensen, cuyo padre es danés, vivió en Argentina. La música de Jauja es de su autoría. El actor comenta que las películas de Alonso le “recordaban un poco al cine de Tarkovski y Sokurov”.

Viggo+Mortensen+Jauja+Photocall+67th+Annual+gHB5TwP-lK6l

 

Film comment sobre Alonso y Jauja:

LVERPOOL-2

http://www.filmcomment.com/article/into-the-unknown

 

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