CINESCOPÍA/José Javier Coz
Bien dijo Borges que el género detectivesco es el más artificial de todos porque los crímenes no se resuelven con razonamientos sino por delación. Los críticos concuerdan que Sin conciencia (The Enforcer, 1951) no se centra en una investigación detectivesca, sino, como en Barocco (1976) de André Téchiné, pone énfasis en los procedimientos policiales (police procedural), más exactamente en los métodos de coerción y soborno que orillan a la delación.
Sin conciencia fue la quinta y última película de Bretaigne Windust que tuvo que abandonar por razones de salud a medio rodaje. La dirección la retomó Raoul Walsh, quien incluso realizó el montaje. Walsh pidió no figurar en los créditos arguyendo que toda la idea había salido de Windust. Sin embargo, fuentes aseveran que Walsh filmó la mayor parte. Walsh fue célebre por La gran jornada (The Big Trail, 1930), Héroes olvidados (The Roaring Twenties, 1939), Su último refugio (High Sierra, 1941) y Alma negra (White Heat, 1949), esta última una pieza que figura entre lo mejor del film noir.

Bretaigne Windust estudió actuación y dirigió y actuó en varias obras teatrales. De sus otras cuatro cintas no cabe destacar ninguna. No obstante, Sin conciencia fue uno de esos pináculos inexplicables e improbables destinados a no repetirse. Después dirigió y produjo algunos episodios de series de televisión hasta su prematura muerte a los 54 años. La fotografía en Sin conciencia corrió a cargo de Robert Burks, quien trabajó con Alfred Hitchcock en dos de sus obras emblemáticas: La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) y Vértigo (1958).
Sin conciencia es pionera en recrear por vez primera un tema delicado, basado en hechos reales, a saber, uno de los giros más atroces del crimen organizado: el asesinato por encargo, un servicio que ofrecía una mafia que la prensa apodó “Murder Inc.”.

En esta organización criminal, el último eslabón de una cadena de intermediarios, entre ellos abogados, contadores, sepultureros, supervisores y espías, estaba compuesto por una cuadrilla de asesinos a sueldo. Estos no conocían quién pagaba, quién era el cliente (el autor intelectual), el nombre de la víctima, ni quién era la cabeza en el organigrama piramidal que, para blindarse, extorsionaba a perpetuidad a las personas que solicitaban el servicio. Los sicarios también eran contratados para desaparecer a otros de los suyos que no habían hecho bien su trabajo o que se sospechaba que eran infiltrados y también a clientes que no pagaran la cuota de extorsión. Una empresa consolidada en el autocontrol. Era también conocida como “National Crime Sindicate” (Sindicato Nacional del Crimen). Tuvo su origen en una mafia judía de Brooklyn y alrededores en la década de los veinte que a partir de 1929 se alió a miembros de la mafia italiana e irlandesa para formar Murder Inc., que operó hasta 1941 por toda la Unión Americana. Después de varias detenciones, juicios y penas capitales, el gobierno estadounidense logró desmantelar este cartel. Los sucesos salieron a la luz pública en el mismo año de 1941, después de las declaraciones de Abe (Abraham) Reles como testigo protegido. Reles colaboró a cambio de librar la silla eléctrica. Proporcionó nombres que alcanzaron a altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos.
Enforcer es un vocablo polisémico en inglés. Puede traducirse como ejecutor (el que se encarga de la observancia de la ley), verdugo, sicario o asesino a sueldo. La traducción a Sin conciencia probablemente se refiere al anonimato que resulta de tanta intermediación para un homicidio en el que el asesino no conoce su objetivo ni el autor del encargo, tampoco el cliente conoce la identidad del que ejecutará a su víctima. Las tareas de desaparición forzada y de la inhumación de los cadáveres estaban incluidas en el contrato.

Desde el punto de vista narrativo, dejar al final un suceso que tiene lugar desde el inicio de la trama puede resultar algo meramente heterodoxo e infligir en el espectador la sensación de haber sido timado. Asimismo, si se cuenta una historia linealmente o barajando un poco el orden del descubrimiento de los hechos desde el punto de vista de los personajes, el suspenso es susceptible de debilitarse. Sin conciencia es una excelente infracción que confirma la norma. Como en Forajidos (The Killers, 1946) dirigida por Robert Siodmak, el orden cronológico de los hallazgos en el curso de la investigación se capitaliza como recurso de suspenso.
En la línea temporal principal de la historia, sólo transcurren unas horas de la noche, toda la madrugada y parte de la mañana. La elección del inicio de la narración fue crucial para hilar el resto de la trama y mantener el suspenso hasta el final. En Sin conciencia, el suspenso lo justifica el hecho de que el principal narrador es el expediente que detalla la investigación y el juicio al capo de la organización criminal. El lapso del presente de la película está intercalado por un flashback, también conocido como retrospección o analepsis. El flashback es un recurso narrativo y de suspenso que consiste en un salto al pasado con regreso al presente. De este flashback se desprenden cuatro flashbacks que guardan un orden narrativo (el orden de las detenciones y los interrogatorios) que no necesariamente corresponde al orden cronológico de la historia que se recapitula.

Durante el flashback 1 habrá cuatro confesiones –los cuatro flashbacks: 1.1, 1.2, 1.3 y 1.4 según el orden narrativo. Su orden cronológico es 1.4 → 1.3 → 1.1 → 1.2.
Orden cronológico:

Orden narrativo:

Son numerosos los personajes y los vaivenes en el tiempo que abarcan los hechos previos al inicio, que creo necesario asentar la siguiente lista del reparto de acuerdo con el orden de aparición:
Sgto. Martin Ferguson……………………………………………Humphrey Bogart
cap. Frank Nelson…………………………………………………Roy Roberts
Joe Rico………………………………………………………………Ted di Corsia
Albert Mendoza……………………………………………………Everett Sloane
James “Duke” Malloy…………………………………………….Michael Tolan
“Philadelphia” Tom Zaca………………………………………..Jack Lambert
Olga Kirshen…………………………………………………………Adelaide Klein
“Big Babe” Lazick………………………………………………….Zero Mostel
Thomas O’Hara…………………………………………………….Don Beddoe
Nina Lombardo “Angela Vetto”……………………………….Susan Cabot
Angela Vetto “Teresa Davis”……………………………………Patricia Joiner
Louis……………………………………………………………………Mario Siletti
Tony Vetto…………………………………………………………….Tito Vuolo
“Sad Eyes”……………………………………………………………Edwin Max

La película abre con la llegada de un mafioso arrestado, Joe Rico (Ted di Corsia), a los separos de una comisaría en Philadelphia. Se trata del único testigo que queda vivo cuya declaración podría suspender el sobreseimiento del proceso del capo di tutti capi Albert Mendoza (Everett Sloane), cabeza de Murder Inc. y su excarcelación programada para el día siguiente. Le proponen a Rico fungir de testigo protegido a cambio de otorgarle remisión parcial de la pena. De él dependerá que Albert Mendoza no continúe exento de prueba alguna en su contra.
Rico conoce el poder de Mendoza, su ilimitada capacidad de infiltración en el gobierno, en las instituciones que imparten justicia y en las corporaciones policiacas y teme por su vida. Intenta escapar y cae de un octavo piso. En la vida real mientras Abe Reles estaba detenido, unos infiltrados –funcionarios, policías y celadores– lo “suicidaron”. El fiscal a cargo del caso, el sargento Martin Ferguson (Humphrey Bogart), personaje inspirado en el fiscal de distrito Burton B. Turkus, y el capitán Frank Nelson (Roy Roberts) deciden repasar una última vez el expediente de principio a fin, las declaraciones de los detenidos y también las de los testigos que habrían podido aportar alguna pista para el juicio de Mendoza. Ferguson y Nelson albergan la esperanza de dar con algún resquicio que hayan pasado por alto y que pueda servir para llevar a Mendoza a la silla eléctrica o al menos para reabrir su caso.
La revisión de los interrogatorios constituirá un solo flashback principal, el que denomino flashback 1, a partir del cual, como en las noches de Scheherezadeh, se desprenderán otros cuatro. En éstos, asistiremos a la detención de delincuentes cuyos nombres se van soplando uno a uno de sus bocas y, al término de cada confesión, el guionista nos devuelve al flashback 1 para continuar con el decurso de la investigación asentada en el expediente.
Esta estructura demanda una atención aguda del espectador. En menos de 12 horas, Ferguson y Nelson por fin arribarán a un detalle, aparentemente nimio, sentado por escrito, que había pasado desapercibido y que le dará un nuevo vuelco y luz reveladora a toda la investigación. Este detalle no es un recurso de suspenso porque es descubierto accidentalmente al final y, mientras tanto, el espectador no se hace una idea de cómo darán con un testigo material que declare contra Mendoza.
Ferguson y Nelson abren el primer volumen del expediente e inicia el flashback 1 cuyo narrador es el expediente mismo sin ninguna voz en off, salvo la de uno de los interrogados al inicio de su declaración. Otro narrador omnisciente dará cuenta de las acciones –traslados, interrogatorios, detenciones– de Ferguson y Nelson durante la pesquisa.

Flashback 1
El primer interrogado es el sargento James Holmes. Relata la confesión de “Duke” Malloy (Michael Tolan) que un día llegó desorientado a entregarse diciendo que lo obligaron a matar a su novia Nina Lombardo en un automóvil y luego se fugó. Holmes le hace preguntas y Malloy menciona las palabras “contrato” y “objetivo” (hit). Balbucea tres alias: Big Babe, Philadelphia y Shorty, éste último “guía de la tropa”. Le pregunta dónde está el cuerpo de Nina y dice que no sabe exactamente. Conduce a la policía a un sitio donde encuentran una fosa vacía. Malloy termina por enloquecer. Aunque el sargento Holmes no entiende casi nada de la aparente incoherencia de Malloy, tiene la corazonada de que Malloy no miente. Le cree todo, pero como no hay cuerpo del delito tampoco hay nada que perseguir. Holmes decide de momento encerrarlo en un manicomio y se dirige a la oficina de Ferguson. Malloy se ahorca.
Ferguson instruye investigar los antecedentes penales de Malloy, los nombres reales de los alias Philadelphia, Big Babe y Shorty y los datos del automóvil en el que fue asesinada Nina Lombardo según la descripción que proporcionó Malloy.
Entretanto le informan sobre la detención de un tal Tom Zaca alias Philadelphia (Jack Lambert) que había estado internado en un manicomio y se encontraba en un tren estrellando las ventanas[i].
En el sanatorio, Zaca se encuentra en camisa de fuerza. Cuando Ferguson le menciona el nombre de Nina Lombardo se desquicia. El psiquiatra les dice que el único contacto externo de Zaca es Olga Kirshen (Adelaide Klein) que trabaja en una tienda y le vende cigarrillos.
Ferguson y Nelson se dirigen con ella y les informa que Smily vive a pocas cuadras. Se dirigen hacia allá y encuentran bomberos apagando un departamento y sacando un cadáver. Hombres cercanos a Mendoza le están pisando los talones a Ferguson para borrar cualquier rastro que lo conduzca a su paradero. Ferguson pregunta a unos vecinos mirones si conocen a Smily o a Big Babe. Uno de ellos les dice que Big Babe vive a la vuelta y que lo vio irse a la iglesia de Santa Ana. Ferguson se adelanta con una llamada a policías a su mando. Llegan, y varios policías están sacando a Big Babe Lazick (Zero Mostel) de la iglesia mientras éste grita que no quiere morir quemado.
En la comisaría, Ferguson lo interroga. Niega todo y se resiste a hablar. Traen a su esposa y a su hijo pequeño. Alega que no deben mezclar a su familia en esto. Ferguson, delante de la esposa, lo acusa de haber estado manejando un automóvil robado. Lo admite. Inmediatamente Ferguson ordena encerrar a la esposa bajo fianza por ser testigo material del robo y manda enviar al niño a un orfanatorio. Big Babe accede a hablar.

Flashback 1.1 (confesión de Big Babe Lazick)
Malloy invita a Big Babe a trabajar con él. Lo lleva a la trastienda de Olga Kirshen en la que se lleva a cabo una reunión sórdida con Joe Rico a la cabeza. Están presentes Shorty el heroinómano (Alan Foster), Philadelphia Tom Zaca, Vince (John Kellogg), Digger (Danny Dayton), entre otros. Big Babe se entera de qué trata el trabajo y recibe su primer pago. A los asesinos no sólo les pagaban cuando ejecutaban un encargo, también tenían un salario fijo por concepto de anticipo.
Fin del flashback 1.1
Regreso al flashback 1
Ferguson le pregunta a Big Babe dónde tiraron el cuerpo de Nina Lombardo. Los conduce a un pantano del que sacan un automóvil. Dos peritos forenses hacen una biometría aproximada del cadáver de una joven. Big Babe dice reconocer que es Nina Lombardo. Entre las características que registran los peritos es que Nina tiene ojos cafés. El auto está a nombre de Thomas O’Hara[ii].
Ferguson ordena arrestar a O’Hara. Se resiste y recibe un balazo. Ferguson y Nelson se dirigen al hospital donde lo atienden. Lo interrogan.
Flashback 1.2 (confesión de O’Hara)
Malloy recibe el encargo de desaparecer y asesinar a una joven. A los asesinos nunca se les informaba del nombre de la víctima, sólo se la señalaban, de ahí que se les asignaba un supervisor que en el caló criminal era conocido como finger man (el hombre del dedo, el que señala). Thomas O’Hara (Don Beddoe) es el supervisor (el finger man) de Malloy, lo lleva al paradero de su objetivo y le señala una chica. Es Nina Lombardo (Susan Cabot) y vive con Teresa Davis (Patricia Joiner). Malloy se atrasa en el encargo porque se enamora de Nina. O’Hara le pone un ultimátum, pero Malloy desiste en matarla y, a la fuerza, obliga a O’Hara a que reporte que él ya cumplió con el objetivo.
Fin del flashback 1.2
Regreso al flashback 1
Ferguson y Nelson se dirigen al domicilio de Teresa Davis. La interrogan y sólo dice que Nina Lombardo era un nombre bajo el que su compañera Angela Vetto se escondía porque su padre había sido asesinado hace 10 años.
Buscan al señor Vetto en los expedientes del Departamento de Desaparecidos y se enteran de que efectivamente un tal Tony Vetto está desaparecido. También se registra que él y su hija Angela Vetto presenciaron hace 10 años el asesinato de John Webb, dueño de un café.
Ferguson es informado que en el manicomio dieron de alta a Zaca, pero que éste se resiste a salir. Se dirige al manicomio, confronta a Zaca y éste lo embiste a fin de que las autoridades tengan un motivo para que lo vuelvan a encerrar pues sabe que, una vez en contacto con la policía, Mendoza lo eliminará. Ferguson lo insta a que confiese bajo protección o lo echarán a la calle. Accede y dice que sí recuerda a Tony Vetto.
Flashback 1.3 (confesión de Zaca con una frase inicial en voz en off)
Zaca conduce una furgoneta. Se dirige con Malloy, Joe Rico, Digger y Vince hacia la barbería de Louis (Mario Siletti) que colabora con Rico. Tony Vetto está por llegar a la barbería. Rico le ordena a Louis que lo degolle mientras lo afeita. Ellos vigilan detrás de una cortina. Llega Vetto (Tito Vuolo), se sienta mientras le cuenta que reconoció al asesino de John Webb cuando se subió a su taxi en días pasados y que lo denunciará. Louis no se decide a cortarle la aorta, Rico toma la navaja y degüella a Vetto. Llevan el cadáver y el de Vince, que ya estaba flaqueando, hacia el sepulturero Sad Eyes (Edwin Max).
Fin de flashback 1.3
Regreso a flashback 1

En un operativo coordinado detienen a Sad Eyes. Confiesa en qué parte del pantano están sumergidos los cuerpos. Ferguson gira la orden de drenarlo.
En el laboratorio, uno de los forenses le refiere a Ferguson que son muchos los cuerpos y que no tenían puestos el calzado, lo cual está dificultando la identificación a través de biometría.
A Ferguson se le ilumina el rostro y ordena enviar a la prensa un reporte sobre la aparición de los cadáveres y una lista de los que han sido identificados. Al día siguiente, hay una desbandada de miembros de Murder Inc. Rico y su tropa, Digger, Olga Kirshen y Shorty, rápidamente se esconden en un rancho en las afueras de la ciudad. Rico llama a Mendoza, pero éste le ordena quedarse donde está. Entiende el mensaje: para Mendoza, él es otra pista de la policía que debe eliminar. Rico le informa al resto que Mendoza asignó un nuevo objetivo en la ciudad. No le creen. Rico les dice que él lo hará. Se marcha, pero se esconde cerca. Al ponerse el sol, arriban Herman (Bob Steele) y B. J. (Harry Wilson) a informarles que la célula de Murder Inc. en la ciudad de Kansas tomará el nuevo control y matan a todos. Escondido, Rico presencia la masacre. Después llama a Ferguson y le ofrece entregar a Mendoza. Lo invita a que se vean en un muelle del puerto sin armas, policías, ni trampas. Al encontrarse, le relata el inicio de su carrera con Mendoza para explicarle cómo se complicó el asesinato de John Webb.
Flashback 1.4 (narración de Joe Rico)
Rico trabajaba controlando la plaza donde operaba una mafia. Su jefe le ordena amedrentar a Albert Mendoza que andaba invadiéndola. Mientras lo golpea, Mendoza le dice, sin miedo y con sarcasmo, que qué bien trabaja, que es justo el hombre que necesita, cómo es que no se había topado con él antes y termina invitándole un café. Lo lleva al Café Webb. Son los únicos comensales. Sólo está el dueño, John Webb, a espaldas limpiando la barra. Mendoza le explica a Rico cómo funcionaría el negocio del asesinato por encargo, su anonimato, lo difícil que resulta para la policía rastrear al homicida cuando toda persona cercana al cliente ya sea pariente o amigo, estaría libre de cualquier sospecha una vez interrogados. Los asesinos a sueldo no tienen motivos y enseguida le da una demostración: toma un cuchillo y mata a John Webb. Enseguida entra el taxista Tony Vetto y su hija Angela de diez años (Karen Kester) y ven a Mendoza con cuchillo en mano y el cadáver de Webb tendido en el suelo con un charco de sangre a un lado. Rico corre, Mendoza lo alcanza y lo agarra del brazo. Le dice que no corra, que ambos son simplemente dos peatones, que el taxista y su hija declararán que sólo vieron dos hombres y darán descripciones imprecisas.
Fin de flashback 1.4
Regreso a flashback 1
Rico le dice a Ferguson: “Si usted hubiera visto la cara de ese taxista y su hija con sus grandes ojos azules espantados…”.
Fin de flashback 1
Después de agotar todas las actas en el expediente del juicio a Mendoza, Ferguson y Nelson repasan una grabación que Ferguson había hecho con una grabadora escondida durante su cita con Rico.
Ferguson baja a la celda de Mendoza, lo sermonea en torno a la conciencia, le deja unas fotos de sus víctimas y se retira. En una foto, Mendoza repara que la chica Nina Lombardo no concuerda con Angela Vetto. Pide al celador hacer una llamada a su “abogado”. Habla con Herman.
Ferguson sube a su oficina y Nelson sigue escuchando la grabación. Presta atención a la parte en que Rico menciona los ojos azules de la niña. Ferguson vuelve a escuchar este fragmento dos veces. Revisan la ficha de Nina Lombardo que asienta que tenía ojos cafés. Ferguson le dice a Nelson que Teresa Davis tiene los ojos azules, que O’Hara se equivocó de objetivo con Malloy y le señaló a Nina Lombardo en lugar de Angela Vetto que es la que realmente se esconde bajo un nombre falso, el de Teresa Davis. Mientras tanto, Herman y B. J. ya se dirigieron a matar a la verdadera Angela Vetto por órdenes de Mendoza. Es la única testigo que queda viva.
Ferguson y Nelson se encarrilan a los departamentos donde vive Angela Vetto. La conserje les dice que Teresa salió y que poco después llegaron dos hombres a buscarla. Se apuran en interceptarla y salvarla de esos dos hombres. Logran rescatarla.

FIN
Los autores de la película podrían haberse ahorrado tanto flashback. También relatar algunas partes con diálogos o con la voz en off de un narrador para agilizar la historia y economizar la filmación. Es aquí donde disiento sobre el estilo semi documental que le atribuyen a la película. El hecho de que tenga referencias a sucesos reales es insuficiente para imprimirle un estilo documental.
Con la salvedad de tres coincidencias a manera de golpe de suerte, el breve e ingenioso guion de Martin Rackin para una historia tan intrincada, sorteó la limitación de los 90 minutos máximo que exigían los patrocinadores. Bretaigne Windust apostó por poner todo en escena, lo que implicó una estructura difícil de seguir para un espectador que espera sólo entretenerse. Windust decidió no relatar algunos sucesos oralmente en boca de testigos y detenidos sino narrarlos cinematográficamente con flashbacks y emprendió el riesgo.
Sin conciencia fue un reto para el guionista y el director en el esfuerzo por ejercer la máxima economía en la narración, y que representa un desafío a nuestra atención. Ciertamente, la película invita a reverla para refrescar no sólo los momentos claves sino ordenarlos en el tiempo. Sin conciencia ha pasado desapercibida en la historia del cine y no figura entre las obras maestras del género negro. Sobresaldría en el repertorio de las grandes películas de crimen si no fuese porque en su momento proliferaban y desgastaron demasiado el tema de los thrillers policíacos.
Con todo y que ofrecían a los detenidos seguridad como testigo protegido, el caso se podría haber complicado con declaraciones encontradas, nombres camuflados bajo alias inidentificables, víctimas por haber atestiguado accidentalmente un rapto o una ejecución y otras que lo habrían sido por error o confusión. Al final, todo queda resuelto con claridad y la tarea que se lleva el público es pensar la estructura por encima de cualquier otro asunto como el tema, el argumento, la trama, la caracterización de los personajes, la suerte que corre la investigación, la fidelidad a los hechos reales, las escasas inconsistencias en el guion que fueron deliberadas, y, en última instancia, las actuaciones. Sin conciencia es una película cuyo valor descansa en la estructura narrativa y su eficacia rítmica y temporal. La narración es económicamente comprimida y con un ritmo concomitantemente rápido, a veces precipitado, pero que en general corre bajo un pulso sostenido.
[i] Esta primera cuña o irrupción es un recurso narrativo fallido que, sospecho, sólo sirvió para que el director y el guionista se ajustasen al tiempo limitado que impusieron los productores. De cualquier manera, no sé cómo hubieran dado con Zaca si no hubiera sido con esta coincidencia o golpe de suerte muy socorrido en los melodramas. Sólo habrá otras dos cuñas más como ésta en la película.
[ii] Ésta constituye la segunda cuña porque haber dejado este documento en el automóvil no pudo haber sido un error de O’Hara. Una de dos, o los productores presionaron sobre la duración de la película y el director y el guionista se hicieron de esta maña o es de plano un error del guionista y un despiste del director.



