La ciencia como ficción y el cine como arte

La versión renovada y reforzada de Star Trek (2009), la más reciente entrega de J. J. Abrams y uno de los éxitos taquilleros del verano del 2009, retoma con optimismo y certifica en pantalla las hipótesis que sobre el espacio ha enarbolado Stephen Hawking, en particular las que se asoman, sin albur, a hoyos negros y a agujeros de gusano: las especulaciones del físico de físico maltrecho ofrecen a Abrams y a la tripulación de la empresarial nave Enterprise un atrajo propicio para viajar por el tiempo a través del espacio. Con Star Trek el cine se alimenta una vez más de la ciencia: si de la literatura heredó la fascinación por artefactos extraordinarios y revelaciones fantásticas, el cine ha seguido por cuenta propia ensalzando juguetitos y validando especulaciones: el añadido de «ficción» en el cine de ciencia ficción por momentos suena a redundancia (porque para ficciones las de la ciencia, como tienen a bien documentar numerosos filósofos, sociólogos y algunos diletantes, entre ellos el escritor colombiano Fernando Vallejo en su libro Manualito de imposturología física).
    Pero con todo y el optimismo por los viajes estelares, me parece más atendible otro tipo de acercamientos cinematográficos a la ciencia y sus miserias. Seguir leyendo… 

Texto publicado en el número 56 de la revista Luvina. Otoño de 2009.

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