Bugonia: a Lanthimos le falta un cuarto para el kilo, pero Maussan estará feliz

Para algunas personas lo más importante de una película es la historia. Como algunos directores que declaran que su objetivo principal es “contar una historia”. (Dicha confesión, dicho sea de paso, siempre me ha hecho ver con reservas sus historias que, como constato después de verlas, en el mejor de los casos están bien contadas… y nada más.) La historia, justo es decirlo, no es la misma para todos los espectadores. Porque si el argumento se conforma por los eventos que presenta secuencialmente la película, la historia la arma el que mira y escucha, encadenando y elucidando la causalidad entre dichos eventos.

Para otras personas, entre las que me incluyo, la historia es un medio para emocionar al espectador y, una vez emocionado, “decirle algo” o hacerle ver algo; es decir, para abordar y desarrollar lo que normalmente denominamos el tema. En el tratamiento de los temas observamos la profundidad y la densidad de las películas del realizador, su discurso. No está de más anotar que mientras mejor se cuente una historia hay más posibilidades de que el tema consiga cristalizar todas sus posibilidades. Tampoco está de más precisar que en función da la habilidad para contar, en la densidad y la profundidad residen los elementos para establecer si estamos ante un autor.

Sirva esta extensa introducción para acercarnos a Bugonia (2025), la más reciente película del griego Yorgos Lanthimos. Y viene a cuento porque percibo que en la filmografía de este realizador hay películas que caben en ambas categorías. Algunas cuentan efectivamente la historia y son densas y profundas, pero hay otras que se agotan en la anécdota. En la primera clase ubicaría La favorita (The Favourite, 2018) y Pobres criaturas (Poor Things, 2023); en la segunda: La langosta (The Lobster, 2015), Clases de gentileza (Kinds of Kindness, 2024) y… Bugonia. Todas tienen su atractivo y sus dosis de extrañeza (en buena medida el primero es consecuencia de la segunda), no escatiman en observaciones atendibles sobre conductas humanas y aportan más o menos dosis de humor.

Bugonia se inspira en la película surcoreana Save the Green Planet! (Jigureul jikyeora!, 2003) de Joon-hwan Jang y sigue las febriles actividades de Teddy (Jesse Plemons), quien está convencido que la vida en la Tierra está siendo maltratada y amenazada por extraterrestres. Convence de esto a su amigo Don (Aidan Delbis) y ambos secuestran a Michelle (Emma Stone), pues Teddy está seguro de que es una alienígena. El propósito es que ella les permita ingresar en la nave nodriza invasora y salvar luego al planeta. En el camino descubrimos que la madre de Teddy está hospitalizada e inconsciente desde hace mucho tiempo y padece una enfermedad producida por los productos químicos de la empresa que lidera Michelle.

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Bugonia avanza gracias a la teoría que Teddy encabeza y las percepciones que genera. Todas las apariencias hacen pensar que es un desquiciado fanático, de esos que no faltan en esta especie fallida que es la humanidad. El enigma es utilizado para provocar situaciones reveladoras, algunas cercanas al absurdo. Lanthimos alimenta algunas vetas de extrañeza, para no variar, pero la mayor parte del tiempo mantiene su relato en un registro realista. De hecho, en el terreno de la forma es una de sus películas más convencionales. El humor que surge de algunas situaciones y los giros en la trama contribuyen a que la película tenga su gracia, pero no mucho más.

Según nos cuenta Wikipedia, bugonia es una palabra de origen griego que remite a la “creencia de la generación espontánea de la vida”. Bugonia inicia con la apicultura, que practica Teddy, quien explica a Don el negro futuro que espera a las abejas y, en consecuencia, a la vida en la Tierra. La cinta hace algunos comentarios atendibles sobre los males que la industria hace a la vida en el planeta, pero éstos resultan escasos y no aportan mayor profundidad a lo que sería una vigente preocupación ecológica. Para acabarla, la cinta puede ser utilizada por más los terraplanistas, u otras personas que sostienen creencias ridículas, para apoyar sus disparates. De seguro Jaime Maussan, especialista en vida extraterrestre, estará feliz con el desenlace.

En la tradición de la revista francesa Cahiers du cinéma, un autor tiene una voz singular y reconocible, que concibe con maestría sus historias, empuja asuntos reveladores, los cuales son abordados con profundidad. Su discurso, que en buena medida se perfila desde el guion –que a menudo escribe el director– es identificable y crece de película en película. Alfred Hitchcock y Roberto Rossellini son dos modelos emblemáticos de los años cincuenta. Con Lanthimos, por el contrario, pasa más o menos lo mismo que con Ridley Scott: el resultado de sus películas es desigual. La explicación, me imagino, puede estar en que, como Scott, no escribe los guiones de sus películas; acaso influye la frecuencia con la que filma (casi un largometraje al año). Lo cierto es que en Bugonia no tiene fortuna al respecto; para ponerlo en términos académicos: vuelve a faltarle un cuarto para el kilo.

Calificación 65%
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