Venecia: Cuba en el FICG 30

Con Venecia (2014) Cuba se hace presente en la edición 30 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Se trata del más reciente largometraje de Kiki Álvarez, quien posee una respetable trayectoria como video artista y académico (en la famosa Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños). El cineasta parte de un guión de Claudia Muñiz –quien da vida a uno de los personajes principales– y da un giro a lo que tradicionalmente exhibe la cinematografía de su país. Pero la acostumbrada crítica no falta. Felizmente.

Venecia acompaña a lo largo de casi 24 horas a tres jóvenes mujeres que trabajan en una peluquería: Mónica, Violeta y Mayelín. Después de su jornada laboral se embarcan en una correría que pasa por un restaurante, una tienda de ropa, un bar y una discoteca. En la ruta comienzan a ventilarse asuntos íntimos y a revelarse la verdadera personalidad de cada una de ellas. A la mañana siguiente el futuro no sólo no luce mejor: se vislumbra una cruda de largo alcance.

Venecia-nail-polish

Álvarez apuesta por un estilo naturalista que da a su historia un toque documental. Hasta cierto punto se creería que se trata de un registro espontáneo, captado en el momento y dictado más por las acciones y los diálogos de las protagonistas que por una puesta en escena. La cinta sería algo así como una rebanada de vida sin maquillaje que se separa para su análisis del espacio-tiempo en el que transcurre. Este acercamiento es pertinente para ocuparse del statu quo. Pero a diferencia de lo que habitualmente entrega el cine cubano (es decir, un ánimo enfático, paródico, a menudo demostrativo y folklórico, y con propensión a la grandilocuencia) ahora no parece subrayarse la circunstancia ni haber un aliento social. Pero sólo en apariencia.

Venecia 2

Porque si en Venecia la precariedad económica pasa casi a segundo plano (los ingresos parecen suficientes; la oferta de mercancías si no es abundante tampoco es escasa; los negocios privados abundan; las protagonistas tienen teléfono celular, pueden ir a tiendas de ropa, viajar en taxis y comer en restaurantes; hay, pues, una normalización de lo que otrora era clandestino), se exhibe la precariedad existencial. Mónica, Violeta y Mayelín llevan vidas erráticas, sin un rumbo claro: su inconsciencia contrasta con la habitual lucidez que caracteriza al menos a un personaje que de rigor aparece en cada cinta cubana. Venecia es una promesa de futuro, pero también una ilusión y una evasión: la miseria moral es peor que la económica. Se abre así el espacio para la crítica, sin embargo no hay forma de identificarse con estos personajes, y menos cuando el transcurso de la película es a ratos tortuoso o tedioso. Es claro que lo expuesto no busca alegrar al espectador, pero también es cierto que la visión de Venecia genera más distancia que simpatía, que aporta más material para el malestar que para la reflexión. Por momentos, peor, apenas sacude la indiferencia…

Añade un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Highslide for Wordpress Plugin