Valley of love : ¿un lugar para la verdad?

Valley of Love: un lugar para decir adiós (Valley of Love, 2015) participó en la sección oficial del festival de Cannes del año anterior –de donde salió con las manos vacías– y es la más reciente entrega del francés Guillaume Nicloux. Como en El secuestro de Michel Houellebecq (L’enlèvement de Michel Houellebecq, 2014), su largometraje anterior, la cinta es rica en contrastes y progresa en la aparente llaneza. Lo mejor: ofrece abundantes oportunidades al espectador para involucrarse.

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Valley of Love: un lugar para decir adiós acompaña a Isabelle (Isabelle Huppert) y Gérard (Gérard Depardieu) a lo largo de una semana que comparten en el Valle de la Muerte en California. En el pasado fueron pareja y concibieron un hijo. Éste, al parecer, se ha suicidado. Pero les deja la tarea de ir a esperarlo al mentado valle. El clima es terriblemente caluroso y las horas pasan sin novedades. Sin embargo la convivencia hace que reaparezcan los afectos y revivan los conflictos de la otrora pareja.

Nicloux propone una narrativa mínima y un ritmo apacible. De entrada nos invita, por medio de un largo travel y una música intensa, a acompañar a Isabelle, quien camina hacia el cuarto del motel donde se va a instalar; en otro momento hay otro seguimiento a Gérard, pero en general el movimiento se da en el interior de los personajes. Porque si la puesta en escena es sutil –la luz matiza estados de ánimo y sin falta se hace presente la incomodidad que genera el calor– el dispositivo se sustenta en el desempeño de la Huppert y de Depardieu. Ella va de la gelidez a la explosión; él, quejumbroso, parece más relejado.

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Nicloux hizo un viaje a la zona donde transcurre la acción y comenta que el ambiente invita a encarar la verdad. Los personajes, así, viven un proceso de sinceridad y aparecen los reproches por el desinterés compartido por el hijo, por lo que no hicieron. En la ruta se esboza el desconocimiento que existe de los hijos por parte de los padres, la culpa que surge del involucramiento limitado y poco desinteresado, el cual pasa factura cuando los personajes no ven muy lejana su propia muerte (y si ya eran egoístas…), como es el caso, pues ambos están en el umbral entre la madurez y la senectud. Asimismo se abren numerosas interrogantes: ¿el hijo está vivo y al forzar a sus padres a convivir en ese espacio perpetra una venganza?, ¿o está muerto y hay verdaderamente una apertura a lo sobrenatural, a la metafísica?, ¿es pura sugestión después de la insolación de los padres culposos?, ¿todos son verdaderamente sinceros, consigo mismos, con los otros?, ¿cierran un proceso de duelo o de indiferencia?

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Valley of Love: un lugar para decir adiós, decía al inicio, ofrece al espectador la posibilidad de involucrarse ofreciendo respuestas a estas preguntas: desde su experiencia pero también hace posible la proyección. No obstante, también habría que subrayar que la abundante ambigüedad y la apertura generan distanciamiento –y tal vez indiferencia–, y que cuando la emoción es claramente intencionada (la música, algunos exabruptos) parece forzada. Entre la contención típicamente francesa y los deslices al melodrama y lo sobrenatural, Nicloux entrega un balance positivo, pero no sobresaliente.

 

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