Todas las lecturas llevan a Roma

Por Carlos Enrique Orozco

Umberto Eco publicó en 1962, Obra abierta. En este texto, el autor italiano propone la idea de que la lectura de una obra de arte es tan importante que contribuye a la recreación de la obra original. Es decir hay tantas obras como lectores porque cada uno le imprime su particular lectura al texto original que se desdobla en un número infinito de versiones. Esta formulación de Eco es aplicable a cualquier obra, pero es muy significativa en Roma de Alfonso Cuarón. Todos los caminos llevan a Roma, dice la voz popular y en este caso se podría decir que todas las lecturas e interpretaciones llevan al filme dirigido por Cuarón y producido por Netflix. Presento aquí cuatro lecturas posibles de las muchas que podrían hacerse de esta película. Empiezo por la narración. Cuarón regresa a su ciudad natal después de muchos años de vivir en el extranjero y decide contarnos algunos de sus recuerdos de infancia. Elige algunos trazos de la memoria que tiene sobre la relación de él y sus hermanos con la trabajadora doméstica, nombrada Cleo en la cinta. Añade varios aspectos para dar fuerza a sus recuerdos, como la relación entre Cleo y Fermín, su embarazo y parto fallido. Cuenta también un viaje a la playa que pudo ser trágico, pero que termina por unir más a la familia con Cleo en un escenario del padre ausente.  Roma no cuenta mucho más que esto. Aunque sabemos que es una película memorística, Cuarón decide contarla no desde la voz del adulto que teje sus recuerdos, sino siguiendo a Cleo y sus experiencias cotidianas con el trabajo doméstico, el amor, su brutal desengaño y su embarazo malogrado. La historia es simple, pero poderosa, en gran parte debido a la muy cuidadosa puesta en escena cinematográfica que hace Cuarón.

Paso a la segunda lectura: una película con muy buena factura en la que se combinan muy bien, la historia, la fotografía, el diseño de producción, la banda sonora, la edición y unas grandes actuaciones. Roma es un filme con muchos buenos detalles fílmicos y cada espectador tiene sus favoritos; algunos con cierto humor, otros cargados de dramatismo y no faltan los tintes trágicos. Todo el aparato cinematográfico está al servicio de los recuerdos de Cuarón. Hay una reconstrucción de la época de los años 70 muy cuidada en donde la colonia Roma y parte de la ciudad de México se muestran con nitidez y en la que solo le faltan los olores. La fotografía, en un incuestionable blanco y negro, tiene imágenes dignas de Manuel Álvarez Bravo. Los sonidos y personajes de la calle se reproducen con fidelidad y quienes crecimos en esos años en una ciudad – en mi caso Guadalajara – los reconocemos inmediatamente. Cuarón y Eugenio Caballero, el director artístico, hicieron un trabajo memorable en los dos sentidos del término. No se les escapó ningún detalle en la recreación de la casa, la calle y otros escenarios. Las actuaciones, en particular de Yalitza Aparicio y Marina de Tavira son muy convincentes y representan en forma muy natural a los personajes.

Un tercer plano de lectura, aparentemente menor, pero que ha contribuido al éxito (no me gusta la palabra, pero no encuentro otra mejor para definir el resultado artístico, comercial y mediático de Roma) con las audiencias. Me refiero al patrocinio de Netflix y su peculiar forma de distribución. Es posible que Roma esté abriendo camino en esta forma de combinar la exhibición cinematográfica en cines convencionales y en plataforma de streaming bajo demanda. Es obvio que Netflix produjo Roma para exhibirla en su plataforma, pero también es cierto que a la empresa también le interesan los canales de distribución convencionales, de otra forma, no habrían invertido tanto dinero – se dice que el doble de lo que costó la producción – en la carrera por los premios Oscar que están vedados, por ahora, a las películas que no se exhiben en salas convencionales. Ese “por ahora” es quizá la clave; Netflix con Roma busca flexibilizar los rígidos criterios de exhibición impuestos por la Academia. Sea o no cierta está intención de Netflix, lo real es que Roma ha sido vista por millones de espectadores en salas y pantallas de todo el mundo; podrá no gustar a todos, pero casi nadie, en un medio urbano y clasemediero en México ha dejado de verla.

El cuarto nivel de lectura es posiblemente el más poderoso. El discurso de Cuarón en Roma, reivindica a las trabajadoras domésticas, critica al racismo y la machismo en nuestra sociedad y reconoce la relación solidaria entre mujeres. No es menor el logro de Cuarón de que se discuta públicamente la situación laboral de las empleadas del hogar. No tengo el dato exacto, pero deben ser cientos de miles en todo el país. La inmensa mayoría son mujeres y no tienen prestaciones laborales casi de ningún tipo. Hay ya una iniciativa para exigirles a sus patrones que las incorporen a un régimen de seguridad social especialmente diseñado para ellas. No sé si prosperará en este ambiente legislativo tan peculiar en el que estamos viviendo, pero si se diera el caso, sin duda que Roma ha contribuido significativamente a visibilizar en el discurso público la situación de Cleo y de miles otras como ella. El tema del racismo tampoco es menor. Las reacciones en contra o  despectivas de algunos a la candidatura de Yalitza Aparicio al premio Oscar no sólo son exabruptos personales, sino reflejo de una condición racista muy extendida en nuestro país. El cine mexicano de ficción casi no ha tenido a indígenas como protagonistas estelares, y en los pocos casos que los ha tenido (pienso en las películas del “Indio” Fernández) los personajes son totalmente inverosímiles. Cuarón nos muestra indígenas de carne y hueso, que viven y sufren su condición de marginadas pero que también les gusta ir al cine y ver la televisión. El machismo también está presente en Roma. Los personajes masculinos adultos; el marido de Sofía y Fermín, el novio de Cleo, representan dos expresiones del machismo. El primero es el ausente, el que “quiere mucho a sus hijos”, pero que es incapaz de apoyarlos en el trance de su separación, que no solo es con Sofía, sino con toda su familia. Por su parte, Fermín seduce y embaraza a Cleo, huye y cuando ella lo encuentra y le reclama su paternidad, amenaza con golpearla. Las dos mujeres sufren en sus respectivas desgracias y se apoyan, aunque sin abandonar del todo sus roles sociales. Este que podría ser cuestionable para algunos, me parece un acierto por parte de Cuarón para hacer más creíbles sus recuerdos.

No recuerdo en los últimos años otra película mexicana que haya dado tanto de qué hablar. Roma ha sido comentada por críticos de cine, comentaristas políticos y por un buen número de entusiastas e improvisados opinadores de cine en las redes sociales. La cinta se lo merece, aunque por supuesto, no todas las críticas son favorables. Así funciona la obra abierta de la que hablaba Eco.

 

Carlos Enrique Orozco es periodista, profesor universitario y coordinador de la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO

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