Terriblemente depresivo

Cobain: Montage of Heck (2015) es una película documental que se construye principalmente a partir de los testimonios de las personas cercanas al líder del grupo musical Nirvana, Kurt Cobain (su madre, su hermana, una novia, su esposa, Krist Novoselic, bajista de Nirvana), y materiales diversos (grabaciones caseras, dibujos y textos del diario de Cobain, entrevistas radiales o televisivas). Pero además aparecen algunos pasajes de animación que ilustran en imagen episodios narrados por el músico. El mosaico alcanza para hacerse una idea del tormento que supuso para Kurt ser Kurt. Sólo una idea, justo es anticipar.

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Cobain: Montage of Heck es la más reciente entrega del documentalista norteamericano Brett Morgen, quien fue nominado al Óscar por On the Ropes (1999), que codirigió con Nanette Burstein y explora el mundo del box; además, obtuvo buenos comentarios por Chicago 10 (2007), que regresa a 1968 y los detenidos en una convención política; y en Crossfire Hurricane (2012) recoge los 50 años de los Rolling Stones. En su más reciente largo da cuenta de forma cronológica de la breve biografía de Cobain. Éste es producto tardío del baby boom y fue concebido incluso cuando se aconsejaba a su madre, recién casada, que se tomara más tiempo para conocer la vida conyugal. En su temprana infancia vemos a un niño risueño y presuntuoso: como buen primogénito disfruta la atención que le prodigan propios y extraños. Pero las cosas cambian cuando nace su hermana y aún más cuando sus padres se divorcian. En su pubertad y adolescencia se vuelve incontrolable y va de casa de su madre a la de su padre; luego se instala por poco tiempo en casa de sus abuelos y de otros parientes. Cuando comienza una vida independiente las precariedades se multiplican, pero también comienza a trabajar constantemente en su música. Después vendría Nirvana, la fama, las drogas, su matrimonio con la insufrible Courtney Love, las drogas. El suicidio.

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A lo largo de las casi dos horas y media que dura Cobain: Montage of Heck somos testigos del permanente malestar de Cobain, quien pareciera estar a disgusto incluso en el escenario: el sufrimiento lo acompaña desde temprana edad y no lo abandona hasta que él abandona el sufrimiento… y todo. Queda claro que algo se quebró muy temprano y que los que estuvieron alrededor de él no se dieron cuenta entonces (o si lo hicieron prefirieron no hacerse responsables) y ahora no tienen mayor explicación: la madre hace alusión a lo superficial (¡era tan bonito!); el padre, cuyo alejamiento se hace evidente, no parece tener idea de quién fue su hijo; su hermana da una explicación fácil (“era un genio”); Novoselic, que compartió Nirvana con él, tampoco ofrece mayores atisbos y endosa todo al arte (que, de acuerdo a lo que señala, es tanto una bendición como una maldición); poco aporta Love, quien tampoco duda en hacer el elogio de la belleza de su marido, da la impresión de estar representando permanentemente un papel de ficción y sólo parece interesada en ella misma. La incomprensión contribuyó a la depresión, y ambas terminaron haciendo un cóctel explosivo con la insatisfacción crónica. ¿El resultado? El hermético Cobain encerrado en sí mismo, incapaz de soportarse a sí mismo y a su entorno, buscando escape en la heroína.

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Morgen concibe un retrato de Cobain que por momentos crece en primera persona (del infierno de Kurt da cuenta sobre todo Kurt por medio de su voz, sus dibujos, sus canciones). El realizador incorpora a la narrativa las rolas de Nirvana y esboza a un sujeto frágil, que padece con intensidad cada adversidad, que es incapaz de lidiar con la crítica y de superar el miedo al abandono o al rechazo. Como todo suicida (y como todo humano vivo, cómo no: al final, nadie conoce a nadie), el personaje que se perfila presenta zonas de penumbra. No termina de quedar claro qué apasionaba a Cobain: en sus textos aparece el rechazo a un montón de cosas y personas, pero rara vez la declaración de una pasión. Luce emocionado con su hija y habla de amor, pero sin abandonar la inercia autodestructiva. El realizador muestra cómo la creación artística puede ser una manifestación del dolor, una forma de lamento, un llanto. Por otra parte, pareciera que Morgen ofrece a sus entrevistados, además de la posibilidad de contribuir al retrato de Cobain, la posibilidad de justificarse a ellos mismos. Así las cosas, más que informado sobre el universo del gran músico o las vicisitudes de Nirvana, de Cobain: Montage of Heck uno sale maltratado. Es un buen documental sobre un personaje terriblemente depresivo. Uno descansa cuando terminan de desfilar los créditos finales; esperemos que Cobain descanse en paz.

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