Talentos ocultos : relato ordinario de un episodio extraordinario

El tráiler ya lo anticipaba (y, al final descubrimos que anticipa mucho); el largometraje lo confirma: Talentos ocultos (Hidden Figures, 2016) hace el relato de lo extraordinario de forma ordinaria. No obstante, en éste, su tercer largo como realizador, Theodore Melfi hace un recordatorio y un comentario bastante oportunos, y ahí está una buena parte de su valor.

La acción de Talentos ocultos inicia en 1961 y da cuenta de la cotidianidad de tres mujeres negras que trabajan para la NASA: Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe). Las tres se desempeñan en un departamento diseñado para hacer cómputos (en una época, recordemos, en donde las computadoras apenas hacían su aparición). Todas ellas son muy capaces, pero sufren la segregación cotidiana dentro y fuera de las instalaciones donde laboran. La NASA ha perdido con los soviéticos la carrera por enviar un hombre al espacio, pero la agencia espacial no detiene sus esfuerzos para emularlos. Desde diferentes instancias Dorothy, Mary y sobre todo Katherine contribuyen a hacerlo posible.

Melfi se inspira en un libro de Margot Lee Shetterly y entrega una película correcta en lo visual (con sus rigurosas reconstrucciones de época y su paleta de colores sesentera) y en lo narrativo (con sus deslices sensibleros). Esboza la historia de tres mujeres cuya excepcionalidad intelectual no es un impedimento para llevar una vida convencional en lo afectivo y lo familiar, con sus diversiones y todo.

El dispositivo tiene sus bemoles. Suaviza, con música y por momentos en tono cómico, los actos racistas y discriminatorios (lejos de lo que exhibe 12 años esclavo, aquí difícilmente uno se siente maltratado por el maltrato expuesto), y presenta las conquistas cotidianas de los negros como concesiones de los blancos. Melfi no oculta su ánimo nacionalista (y hasta patriotero) mientras empuja una historia que tiene el mérito de hacer del conocimiento público el aporte de las tres mujeres a la carrera espacial norteamericana. La propuesta es convencional y optimista; por momentos es ordinaria, mas cobra valor al recordarnos (y recordar sobre todo a los estadounidenses) el aporte significativo de los que tradicionalmente han sido discriminados; gana relevancia en un momento en que la hostilidad del presidente de Estados Unidos puede hacer crecer la desvalorización de las minorías. Es un reclamo tibio y edulcorado, pero un reclamo al fin.

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