Singular “osito” de peluche

Seth MacFarlene ha colaborado en los guiones de series animadas infantiles para la televisión, como El laboratorio de Dexter y Johnny Bravo, pero lo más atendible de su pluma ha quedado en American Dad! y Padre de familia. En ellas ha dejado constancia de un afán irreverente y se ha asomado sin discreción a las pequeñas miserias familiares, por lo general desde la perspectiva masculina. En Ted (2012), su opera prima, lleva un poco más lejos la irreverencia. Y el resultado es bastante hilarante.

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Ted registra las contrariedades que vive John Bennett (Mark Wahlberg), quien en su infancia era ignorado incluso por las víctimas de bullying. Para aliviar su soledad pide y se le concede un deseo: que su osito de peluche pueda hablarle de verdad para que sea su “mejor amigo para siempre”. John crece con Ted, quien se convierte en un guarro que se deja consentir por prostitutas, es malhablado y asiduo fumador de mariguana. Cuando las circunstancias llevan a John a pensar en formalizar la relación con su novia, Lori (Mila Kunis), el oso se vuelve inoportuno y la relación entre ambos se resquebraja.

Como Mi otro yo (2011), MacFarlane propone una historia en la que un personaje consigue enfrentar sus problemas con un subterfugio. En aquélla era un castor el que permitía a un padre de familia encarar sus conflictos personales y laborales; en Ted es el oso epónimo. Ted provoca abundantes carcajadas y es un personaje memorable por la contradicción entre su facha y su conducta, por su desfachatez, sus puntiagudos parlamentos y su falta de respeto a todo lo que parece respetable. Es el anclaje a la idílica irresponsabilidad, en la que más de alguno se quedaría para toda la vida. Hasta que ella exige exclusividad, y con todo y que Lori es considerada no renuncia a moldear y mover los hilos de su futuro marido.

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Tarde o temprano el cine norteamericano se vuelve demostrativo y aleccionador, en algún momento se debe abandonar lo que ha hecho posible la vida, pues toca hacer más vidas, ser maduro y asumir las responsabilidades de un adulto. MacFarlane no escapa de este esquema y emula hasta cierto punto la ruta de Shrek (2001), que se burla de los cuentos de hadas para terminar siendo uno. Ted se mofa de las películas que dan cuenta de forma convencional del crecimiento y termina siendo una (por una ruta no tan afortunada, justo es precisar). Además, tampoco consigue alejarse de las estrategias narrativas televisivas, por lo que una buena parte del humor proviene de los diálogos y la historia se extiende más con el afán de insertar gags que de alimentar el desarrollo de la trama y los personajes.

El resultado, así, es contrastante. Con todo, el singular “osito” está listo para iniciar su propia serie de televisión…

Texto publicado en el suplemento Primera Fila del periódico Mural el 21 de septiembre de 2012

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