Sin proyecto(s) III y último

Tal vez el acercamiento más cotidiano que tenemos con el audiovisual es por medio de la televisión. Desde hace menos de una década en Guadalajara existe la posibilidad de ver, además de las señales de Televisa y TV Azteca, los canales culturales de Ciudad de México: TVUNAM, Canal 22 y Canal 11. (La oferta por cable o satélite es más amplia, pero me parece pertinente centrarnos en las señales que llegan por aire.) Gracias a esto la oferta casera ha crecido y, mejor, se ha diversificado. A este paisaje se suman los canales locales, C7 (25.1 y 25.2) y Canal 44, de los cuales me ocuparé en el presente texto.

Las señales de C7 son generadas por el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRTV), que depende del gobierno del estado. En su sitio web puede leerse que su “misión” es: “Ser una organización de medios de comunicación, con cobertura estatal, de prestigio y credibilidad, con base en la excelencia de nuestros servicios y productos, estrechamente vinculada a la sociedad.” Su “visión” es: “Servir a la comunidad, contribuyendo como medio creativo de comunicación a la promoción y difusión de la cultura, la educación, la información y el entretenimiento, coadyuvando al desarrollo integral de Jalisco.”

DE KIOSKO

Al revisar someramente la programación de los canales Noticias 25.1 y Cultura 25.2 es posible constatar que se cumple con el objetivo de informar, en particular sobre lo que acontece en la ciudad y el estado. Tengo severas dudas sobre lo “creativo” en lo relativo a los demás ítems contenidos en la citada “visión”. No entiendo, para comenzar, cuáles son los conceptos de “cultura” o de “educación” que maneja la emisora. En la programación conviven producciones “importadas”, como las de la alemana Deutsche Welle o abundantes videoclips, con algunas realizadas por C7. Entre estas últimas hay una emisión dedicada a las actividades artísticas de la localidad –en una especie de programa-revista–, otra que, de forma coloquial, presenta diferentes parajes del estado, y otras encabezadas por un hombre rollizo: en una se habla de música y asuntos relacionados con ella; en otra, éste aparece acompañado por un  grupo de panelistas que hacen cometarios sobre literatura.

Lo primero que llama la atención es la distancia que hay entre la producción local y la “importada”. Los programas autóctonos son ricos en talking heads: básicamente aparecen un conductor y entrevistados, y hablan y hablan. Cabría llamar a esta práctica “radio con imagen” (la rancia televisión mexicana tradicional, deudora de las radionovelas, está concebida en general para oírse más que para verse). Para la realización de estos programas basta un foro (que siempre es el mismo) y un titular con invitados. El valor estaría en lo que se habla. Pero los programas musical y literario antes mencionados al parecer se habla de cualquier ocurrencia; y si tienen dudoso valor informativo, justo es decir que la escasa simpatía del conductor y panelistas provocan que el entretenimiento sea precario (si bien parece que al menos ellos sí se divierten). Al “pasar” –velozmente– por este programa me pregunto invariablemente: ¿a quién puede interesarle? Habría que añadir que C7 tiene severos problemas con el formato: no es raro ver emisiones en 16:9 que fueron grabadas en 4:3, lo que provoca hartas figuras deformes.

44

Canal 44, que depende de la Universidad de Guadalajara, “no canta mejor las rancheras”. En su portal de Internet no aparecen objetivos (visión, misión) ni propósitos de su existencia. Asumo que persigue metas similares a las de C7. En este canal, que manifiesta poca imaginación hasta en los nombres de los programas (son numerosos los que tienen como apellido “44”), son numerosos los que se dedican a comentar asuntos deportivos; alguno hace promoción al equipo de futbol de la casa de estudios que milita en la división de ascenso; otro recicla a veteranos comentaristas, quienes repiten el mismo discurso que manejan desde hace 30 años (¿no se podrán hacer propuestas diferentes, para públicos que ven la posibilidad de reflexionar sobre otros asuntos a partir del deporte?); algún otro recoge las glorias de deportistas locales. En general presentan un formato similar al que se puede ver en cualquier canal de televisión comercial. No falta el programa de videoclips (total, Youtube provee); otro con música en vivo conducido de sosa forma por los conductores de siempre. Hay además una serie de programas de corte político que mueven más al bostezo que a la reflexión (como los que se ven en otros canales). Acá también proliferan los talking heads: es otro canal de radio con imagen, de hartas entrevistas. Lo mejor de la programación está en la parte noticiosa; en lo que se dice, pues no es raro que la única imagen que se presenta sea la del reportero, que gira y gira. Asimismo habría que subrayar la transmisión de películas, si bien adolecen de presentaciones oportunas, de contextualización.

A diferencia de la radio cultural, que tiene una rica tradición en el estado (la XEJB y Radio Universidad no pueden faltar al esbozar el mapa de la cultura jalisciense de las últimas cuatro décadas), la televisión cultural local es pobre. En más de un sentido. Es evidente que se cuenta con poco presupuesto y que la programación depende más de conseguir invitados que de otros elementos de producción. La transmisión de programas de otros canales, por lo demás, pone en evidencia la pobreza en puesta en escena y puesta en cámara que hay en estos lares. Desde el punto de vista audiovisual los programas que aquí se generan son elementales: la imagen es un relleno. La programación no parece obedecer a políticas o proyectos culturales claros (total, todo es cultura). Más bien da la impresión de que hay mucha improvisación: me imagino que si alguien tiene una idea de programa que demande poco o nulo presupuesto y toca las puertas oportunas –o conoce al que decide–, el programa llegará a la pantalla. Es evidente que ni C7 ni Canal 44 tienen material para “llenar” alrededor de 18 horas diarias.

Arte

El gobierno del estado y la máxima casa de estudios de Jalisco fallan en su intento de hacer contrapeso a la televisión comercial, que al final de cuentas es la que sigue educand (o maleducando). Ambos espacios tendrían que estar regidos por un proyecto diseñado por especialistas (en comunicación, en educación) y tendrían que estar encabezados por gente capacitada y no por tener nexos con las autoridades. Sería sensato partir de la congruencia y generar una programación que obedezca a un plan y que éste sea realizado adecuadamente: se privilegia el discurso oral (lo que se dice verbalmente) sobre el audiovisual, pero por la forma audiovisual también se educa. Asimismo sería sensacional que se ampliaran los asuntos que se abordan y explorar ámbitos como la historia, la sociología, la arqueología o la antropología, que brillan por su ausencia. Las comparaciones duelen, pero si queremos mejorar no hay que copiar a la cadena francoalemana Arte (aunque mucho bien nos haría): ahí están los modelos de los canales de Ciudad de México. Se argumentará que los presupuestos son muy diferentes. Pero para eso está la creatividad, ¿no? Lo cierto es que un público que frecuenta las telenovelas de las cadenas comerciales nacionales (si bien TV Azteca ha ampliado la baraja, con producciones de Turquía y Brasil, que tienen lo suyo) y los programas culturales locales difícilmente crecerá en sus habilidades y conocimientos audiovisuales.

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