Ser crítico: un año después

En octubre de 2014 recibí una llamada de la asistente del gerente del periódico Mural. Me hacía saber que su jefe “quería verme”. En los 15 años que acumulaba colaborando para el periódico no había tenido ningún contacto con aquél, por lo que inmediatamente supuse el propósito de la cita. Poco después pude confirmar la sospecha –ahora que tampoco se necesitaba ser muy suspicaz para imaginar la razón de la convocatoria–, cuando pocos días después ésta tuvo lugar: en menos de 15 minutos que duró la reunión me “dieron las gracias”; en menos de 15 minutos acabaron 15 años de trabajo constante. Por más que sabía a qué iba, la noticia no me hizo ninguna gracia. En ese breve encuentro pude constatar, entre otras cosas, el nulo aprecio por mi trabajo de parte de quien me agradecía mientras me despachaba, incluso el desconocimiento que había de mis textos por parte del medio, por él representado, que los publicaba cada semana en el suplemento Primera fila. Se me presentó entonces un dilema, se diría que ontológico: ser o no ser crítico, ahí estaba el asunto. Porque si bien estaba consciente de que hasta ese entonces no había publicado una sola crítica en las páginas de Mural (por lo demás, no se publica crítica cinematográfica en ningún periódico nacional) sino reseñas y más reseñas, hasta ese día era “el crítico de Mural”. Porque ser crítico significaba ser crítico de… Y ahora que no había el “de”, y tenía que plantearme con seriedad, con temor y temblor, si efectivamente habría de ser crítico. (Seguiría –y sigo– colaborando para las revistas Magis del ITESO y Luvina de la U de G, pero en otra periodicidad y con textos de otra ambición.)

Anton Ego, the critic from Disney's 2007 film, Ratatouille

Algún optimista desaforado, con el ánimo de levantarme el ánimo (gesto que reconozco y agradezco), reciclaba aquello que reza el manual de la superación personal: “cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”. Descubrí que la ventana no se abre, uno tiene que abrirla si tiene el deseo de seguir respirando. La ventana estaba en internet y había que abrirla. Por espacio en el ciberespacio no habría problema. Al contrario, las posibilidades entonces se multiplicaban. Si hasta entonces hacía reseñas de máximo 1200 caracteres (extensión de un puñado de tweets, por cierto), ahora era viable publicar textos más largos, incluso críticas. Si hasta entonces había que contar con la generosidad del editor de la sección de cine del suplemento –al cual no dejo de estar sinceramente agradecido: espero que donde sea que trabaje ahora su labor sea coherentemente recompensada– para escribir sobre ciertas películas, sobre todo las más importantes y las más apetecibles –porque no todas estaban disponibles: era habitual que se importaran textos de la matriz, Reforma; de aquí para allá se exportaba poco y nada–, o si yo estaba a la caza de cuanta película podía ver, apostando más por la cantidad que por la calidad para incrementar así mis ingresos (los acreedores no perdonan), ahora estaba a mi alcance seleccionar cuáles películas ver y criticar, y con la extensión que creyera conveniente. Pero también se hacía posible diversificar los textos, y no sólo ocuparme de estrenos (lo cual hoy sigue siendo, hasta cierto punto, un pendiente). Esto me resultaba fascinante, pero también angustiante. Entonces di los pasos necesarios para que el espacio existiera, y el 12 de noviembre aparecía el primer texto en cinexcepcion.mx, nombre que retomé de lo que alguna vez fue mi columna en el periódico Mural. El blog ha supuesto para mí una afirmación: la de ser crítico y mantenerme en la actividad cinematográfica, así sea en el último eslabón de la cadena (casi como un parásito). Hoy el blog cumple un año, y aunque este texto se parece más a una queja y a un lamento que a una celebración, aquí estamos un año después… celebrando.

ava gardner

No ha sido fácil, pero tampoco ha sido una tarea imposible. El despido de Mural supuso para mí un golpe de realidad. He confirmado el aprecio de algunas personas relacionadas con la distribución y la exhibición de películas en Guadalajara, y desde aquí va un abrazo y un agradecimiento para Paola García Cano, Lu Rosales y Víctor Estrella, Ángel Moreno, Armando Valdez y Jorge Báez. Pero también he recibido el apoyo de otras personas y otras instituciones que realizan otras actividades, entre los cuales se cuentan mis patrocinadores (el IEPC, Copsa, Accord), a los que también envío un agradecimiento sincero. No han faltado las decepciones, puertas que permanecieron cerradas cuando las toqué para solicitar ayudas económicas; pero han sido pocas y las decepciones no son muy grandes, porque tampoco había grandes expectativas. Ahora creo saber dónde estoy parado.

No estaría completa esta incipiente celebración sin el agradecimiento a quienes también han hecho posible que cinexcepcion.mx llegue al primer aniversario. A todos los amigos y conocidos que han participado en las diferentes consultas realizadas a lo largo de este año. A Israel Carranza y Víctor Ortiz, que sin falta me siguen convocando a las páginas de Luvina; a José Miguel Tomasena –y ahora a Israel– que desde Magis me ofrecieron un apoyo oportuno. A Juan Pablo Balcells, que abrió otra ventana: los micrófonos y la pantalla de C7 Cine, cada miércoles a las 12. A Jos Velasco, que además de ser el responsable del diseño, es eficaz como apagafuegos y mesurado en sus tarifas. A Kitano, mi hijo, que es un fiel promotor del blog. Y a ti, lector paciente que has llegado hasta aquí: Muchas gracias.

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