¿Nace más de una estrella?

Nace una estrella (A Star is Born, 2018) es el más reciente remake de una película que vio la luz por primera vez en 1937: fue dirigida por William A. Wellman y protagonizada por Janet Gaynor y Fredric Maine. Seguía a una actriz que buscaba hacer carrera en Hollywood. Gerge Cukor volvió sobre asuntos similares en 1957, con Judy Garland y James Mason en los roles principales. En 1976 Frank Pierson acompaña a un rockstar, interpretado por Kris Kristofferson, que descubre a una cantante de nariz prominente y gran voz, a quien da vida Barbra Streisand. Bradley Cooper debuta como director con esta puesta al día, con una historia que tiene nexos más cercanos con la versión setentera y es protagonizada por él y Lady Gaga. El incipiente cineasta, justo es anticipar, entrega buenas cuentas.

Jack (Cooper) encabeza una banda de rock. Vive alcoholizado y consume más de una droga. Una noche, después de un concierto, llega a un bar donde se ofrece un show travesti. No obstante, la estrella del espectáculo es una mujer, Ally (Lady Gaga), quien se gana la vida como mesera y está obsesionada con su nariz. Su voz seduce a Jack. Pronto inician una relación amorosa; a ella se le abren las puertas de la industria musical y tiene la posibilidad de alcanzar su meta como cantante.

Cooper concibe un trabajo de cámara eficaz, capaz de dar cuenta de lo que sucede en la cabeza de Jack. Cámara en mano y con numerosos acercamientos, acompañamos a un músico permanentemente alcoholizado, confundido y con problemas de audición. La paz en la cámara se va instalando conforme crece la relación con Ally. Con toques naturalistas, la luz –y el color de la luz –, cortesía de Matthew Libatique (colaborador de cabecera de Darren Aronofsky), subraya los estados emocionales; y lo mismo hay pasajes de una crudeza mesurada que cierto glamour en el escenario (éste, en todo momento es cálido, acogedor). Las actuaciones son solventes. El cineasta consigue un desempeño afortunado de él mismo y de Lady Gaga, quien tiene aquí su primer rol protagónico, y que ha cosechado aplausos por doquier (no faltan las habituales exacerbaciones que tanto gustan a Hollywood y que explican hasta cierto punto los elogios desproporcionados de la prensa de espectáculos –tan proclive a quedarse en la superficie–, y no faltan los que la candidatean –y a Cooper, por no dejar– al Óscar). Gracias a ellos relación entre Ally y Jack luce fresca y verosímil. En la banda sonora está una parte importante del valor de la cinta. Como buen debutante, Cooper utiliza la música a cada rato. Aquí la historia le da un pretexto natural, y habría que reconocer que las abundantes canciones (algunas compuestas por Lady Gaga, otras por Bradley Cooper) dan ligereza y fuerza a ciertos pasajes, y lo que sucede sobre el escenario con Jack fluye bastante bien. De más está mencionar el aporte fundamental a la emoción que tiene la música.

El dispositivo es provechoso para empujar, por momentos con humor, las diferentes fases del romance: del enamoramiento al rompimiento. Ahí está lo mejor de la cinta, pues el tratamiento alcanza para crear puentes de empatía. Menos afortunado es el desarrollo de los personajes y algunas otras lagunas del guión. Jack es un artista que parece auténtico, pero se explora débilmente al ser humano que hay detrás y se explican con tibieza sus antecedentes: es el cliché del rockstar alcohólico, desastroso y culposo. Con el personaje de Ally parece que no hay mayor afán de crítica. Todo lo que hace está bien, y su desliz al pop más artificial es apenas comentado: los comentarios, apuntes y críticas sobre el mundillo de la música y el espectáculo son de una tibieza pasmosa. (Ally termina haciendo, justo es consignar, lo que el personaje al que da vida Ryan Gosling en La La Land (2016) se niega a hacer: ser un producto de una industria plástica que fabrica artistas por docena). Por otra parte, en algún momento Jack comenta que aprecia a los artistas que tienen un discurso, como el que dice percibir en Ally. No obstante, cuando escuchamos las canciones de ella no hay gran discurso que apuntar. La cinta nos dice una cosa y escuchamos otra. ¿Será que el alcohol ha dañado tanto a Jack?

El resultado, no obstante, es positivo. Queda claro, por lo demás, que si Lady Gaga no desentona con su desempeño como actriz, Bradley Cooper –que fue asesorado por Eddie Vedder, líder de Pearl Jam– tampoco desentona como compositor y cantante: ¿será que con esta película nace más de una estrella?

Calificación 75%

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