Mi villano favorito 3: ni villano ni favorito

Gracias a pequeñas dosis de incorrección mesurada e irreverencia, Mi villano favorito (Despicable Me, 2010), dirigida por Pierre Coffin y Chris Renaud, despertó interés y obtuvo una respuesta favorable en la taquilla. En tono de comedia ligera proponía a un malvado que descubría, con humor, su lado sensible… y responsable. La segunda parte potenció algunos elementos de la primera –como los simpáticos, diminutos y cilíndricos minions– y entregó buenas cuentas. La tercera, que actualmente habita la cartelera, sin embargo, es poco creativa; la franquicia luce repetitiva, desgastada.

Mi villano favorito 3 (Despicable Me 3, 2017) presenta novedades en la realización: repite Coffin, pero ahora colaboran con él Kyle Balda y Eric Guillon. El argumento sigue de nuevo a Gru, quien ha abandonado la villanía y es ahora un agente gubernamental. Sus contrariedades comienzan al ser despedido después de dejar escapar a un malvado –que vive anclado en los años ochenta– y se incrementan cuando aparece un hermano gemelo: Dru.

Coffin y compañía apuestan por reproducir la fórmula que normalmente siguen las secuelas según Hollywood: ponen menos empeño en el desarrollo de la historia y los personajes y se concentran en ofrecer en abundancia lo que ha probado su eficacia, en este caso, chistes verbales y visuales y acción. Así, los minions protagonizan una buena cantidad de escenas que aportan poco y nada a la historia, la pareja de Gru encara un proceso inconsecuente y él incrementa su maleabilidad (es materia dispuesta para acomodarse a lo que dispongan los guionistas por medio de los personajes secundarios que lo rodean) y es ahora un héroe que no parece tener atributos para convertirse en “favorito”.

Mi villano favorito 3 sigue la tendencia habitual de educar a Gru a convivir en familia. En la primera entrega aprendió a ser papá; en la segunda, a vivir en pareja. Ahora debe esforzarse para experimentar la fraternidad: Gru va con celeridad de la emoción a la euforia, pasando por el distanciamiento, con su hermano Dru, que es una réplica de él, ingenua y con blonda y abundante cabellera. La dispersión de las situaciones –chistes y pasajes de acción (que a menudo ambos son lo mismo), como anotaba párrafos arriba– hace que la cinta sea más un conjunto de escenas graciosas que una trama con una progresión atendible. La moraleja sigue siendo la misma desde el primer rollo (el mal como resultado de la falta de cariño), pero se pierde su posible alcance porque ahora no tiene un soporte dramático que le dé sustento. En conclusión: ni villano ni favorito: este villano luce gastado y parece que el futuro depara más y más minions.

 

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