Life: vida inteligente : los marcianos llegaron ya

Life: vida inteligente (Life, 2017) congrega asuntos y estrategias que hemos visto en más de una ocasión (en muchas ocasiones, incluso). Cuenta una historia que no es muy original y que no es resuelta de forma memorable. Pero refresca algunos temas y hace algunos recordatorios que son atendibles. Y en la ruta, si bien no provoca mucha curiosidad, sí genera algo de emoción.

Life: vida inteligente es el más reciente largometraje del sueco Daniel Espinosa, quien es también responsable de Crímenes ocultos (Child 44, 2015). El argumento da cuenta de las contrariedades que vive el equipo de cosmonautas que habita la Estación Internacional cuando atrapan una nave a la deriva que lleva muestras tomadas en Marte. Al revisar lo recolectado descubren que hay organismos unicelulares potencialmente vivos. Se dan a la tarea de trabajar con ellos y descubren vida, fuerte e inteligente. Peor para ellos.

Espinosa tiende puentes ostensibles con íconos del género espacial. Por aquí aparecen inevitablemente las huellas de tres cintas que de alguna u otra forma han contribuido a moldear el género: 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odissey, 1968) de Stanley Kubrick, Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) de Ridley Scott, y Gravedad (Gravity, 2013) de Alfonso Cuarón. Inicia con un planosecuencia que acompaña a los personajes flotando en el espacio; da vida a una criatura que se parece bastante a la que presentó Scott y muestra esos rasgos de reconocimiento de género y caballerosidad característicos de Cuarón. La cámara, en adelante, da gravedad a los asuntos que registra, mientras la luz (cortesía del cinefotógrafo irlandés Seamus McGarvey, también responsable de la imagen de Animales nocturnos) ofrece congruencia espacial (recordemos que la estación gira alrededor de la Tierra) y matiza los diversos pasajes emocionales de los personajes. Así, la cinta fluye entre la ligereza –y la esperanza– y la pesadez de la desgracia.

La estrategia es pertinente para hacer una serie de recordatorios. Para empezar, sobre la posibilidad de un trabajo viable en equipos internacionales: las diferentes nacionalidades que habitan la estación espacial conforman un frente del mundo civilizado y dan fe de los beneficios de la colaboración. Enseguida da cuenta de la forma de trabajar del científico, que se afana en encontrar lo que busca, y si no lo encuentra se empeña en provocarlo (¿la vida es una respuesta a un impulso externo?). Acaso lo más valioso está en recordar que no hay moral ni sentido en la naturaleza, que la vida –entendida, por supuesto, en los términos humanos– busca, en primera y última instancia, perpetuarse, y poco le importa si para ello tiene que comerse a éste o a aquél. La depredación avanza sin intenciones preconcebidas de hacer un mal, porque inteligencia –como sugiere el añadido del título en español– no supone consideración del otro. Al final la historia y la vida te dan sorpresas y se perpetra un giro que subraya la inutilidad del sacrificio y de la caballerosidad frente a la voracidad de la vida.

 

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