Invernal obra maestra

De acuerdo a lo que confiesa el el turco Nuri Bilge Ceylan, Sueño de invierno (Kis uykusu, 2014), su séptimo y más reciente largometraje, estuvo en su cabeza a lo largo de 15 años y se inspira en tres cuentos de Anton Chéjov. La cinta fue estrenada en el festival de Cannes de este año, donde obtuvo la Palma de oro, el máximo galardón de la justa francesa y del mundo cinematográfico. Justo reconocimiento a un fresco de casi 200 minutos que ilumina las cavernas de lo humano, demasiado humano: el resultado es una obra maestra.

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La acción de Sueño de invierno, escrita por el cineasta y su pareja, Ebru Ceylan, se ubica en el singular paisaje de Capadocia. Por allá seguimos los destinos de tres personajes que viven en el hotel Otelo, construido –tallado– en el interior de una montaña rocosa: el maduro Aydin (Haluk Bilginer), propietario y actor retirado; su hermana Necla (Demet Akbag); y su joven esposa, Nihal (Meliza Sözen). En su trato cotidiano van apareciendo rasgos de infelicidad, en particular de Necla, quien recientemente se divorció, y de Nihal, quien tiene una mala relación con su marido (“sus caminos se han separado bajo el mismo techo”) y ha encontrado en la beneficencia un escape a sus diarias miserias. Aydin, mientras tanto, irónicamente evade las hostilidades a su alrededor ocupándose de ellas en una columna de corte moralista y esteticista que publica en un diario local.

Como en Climas (Iklimler, 2006) –en la que el realizador y su esposa dan vida a los personajes principales–, Bilge Ceylan se asoma a la cotidianidad de una pareja en crisis; como en Tres monos (Üç maymun, 2008), exhibe los abusos que surgen por las desigualdades sociales; como en toda su filmografía, da cuenta de tensiones que aparecen en momentos insospechados y se detonan con relativa facilidad. La tensión sería el rasgo fundamental de las relaciones humanas. Pero aquí no hay explosiones estruendosas al estilo Hollywood, ni personajes que exhiben su furia lanzando todo lo que está a su alrededor. Los roces llevan a los desencuentros casi de manera silenciosa, con una parsimonia que exhibe el dolor y el cansancio acumulados.

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Bilge Ceylan descubre con sutileza lo que se esconde detrás de paisajes casi bucólicos (sí, como Chéjov). Propone una vez más planos abiertos que funcionan para algo más que la ubicación de la acción. En la aridez presente se hace sensible el desgaste que hay en las relaciones; no faltan los nubarrones que anticipan el ánimo que habita a los personajes; el clima es una forma de exteriorización (de las pesadas cargas que llevan los personajes en su interior), y a menudo es de una gelidez incómoda. El turco apuesta además por la lentitud como una forma de dar densidad a los conflictos esbozados. En algunos momentos los planos son largos, muy largos, y algunas escenas se llevan decenas de minutos para llegar a una resolución. Así se va conformando un acercamiento literario, teatral: los diálogos, trabajados con una notable precisión, así como el desarrollo de los conflictos de pareja, hacen pensar en el cine del sueco Ingmar Bergman. En el centro está Aydin, amo del hotel Otelo en cuya oficina hay un póster del Calígula de Albert Camus, quien afirma: “Mi reino es pequeño, pero al menos soy rey”. A su alrededor su hermana y su mujer le plantean dilemas de tipo moral, terreno en donde se ubica la riqueza mayor de la cinta. La primera hace una propuesta que parecería absurda (no oponerse al mal para dar la oportunidad al arrepentimiento del que lo hace) si no fuera porque la historia ofrece matices que le dan gravedad. Su esposa lo responsabiliza de su desazón, y le echa en cara que su “gran moral” le sirve “para odiar a todo el mundo”. Hacerse cargo de uno y su circunstancia, he ahí el gran asunto de Sueño de invierno.

Al final Bilge Ceylan hace difícil que sus personajes se engañen a sí mismos –y que pierdan la ingenuidad, si aún les quedaba alguna–; los lleva a emprender aventuras cuyo curso sale de su control, y así reciben lecciones no buscadas. Como sucede con la vida, con la convivencia. Y el sueño invernal entonces adquiere estatura realista.

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