Han Solo: una historia de Star Wars: el origen sin gloria del mercenario con consciencia

Un breve vistazo a la copiosa filmografía del norteamericano Ron Howard permite apreciar sus bondades artesanales. Si bien ha encabezado proyectos más o menos ambiciosos, más o menos serios (de Cocoon o El Grinch a Una mente brillante, Rush: pasión y gloria o Frost/Nixon, la entrevista del escándalo), por lo general entrega películas correctas; a veces algo más. No obstante, su eclecticismo hace difícil detectar sus constantes temáticas, los asuntos que le darían coherencia a su obra (lo cual no es raro, considerando que no se involucra en la escritura de los guiones que lleva a la pantalla). Uno de ello es, acaso, la contraposición de la tenacidad con la irreverencia, del deber con el querer. Es al menos lo que podemos observar en Han Solo: una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story, 2018), que fue estrenada fuera de concurso en el Festival de Cannes que concluyó la semana anterior.

Han Solo: una historia de Star Wars es lo que los norteamericanos llaman un spin-off, es decir, una derivación; en este caso, de la conocida franquicia que inauguró George Lucas. Aquí acompañamos, en su juventud, al personaje irreverente al que dio vida Harrison Ford en las trilogías galácticas. Han (Alden Ehrenreich) es un ladronzuelo que busca huir del miserable planeta que habita. Pretende hacerlo con Qi’ra (Emilia Clarke), pero las cosas no salen conforme a lo planeado y él se va solo: de ahí que en adelante sea Han Solo. Jura volver, y así lo acompañamos en más de una aventura mercenaria para obtener los recursos necesarios.

Howard entrega más de lo mismo, pero entrega cuentas correctas. Con una cámara ágil y un ritmo vertiginoso se lanza a la acción una y otra vez, de tal forma que no hay quejas en lo que a entretenimiento se refiere. La puesta en escena cuenta con la habitual y variopinta fauna de Star Wars, la cual conforma un paisaje con un folklore que a estas alturas sorprende muy poco. Mejor balance hay en el trabajo de iluminación, cortesía del cinefotógrafo Bradford Young (responsable de la luz de La llegada y Selma), quien alterna atmósferas brillantes con paisajes en tinieblas, lo cual contribuye a hacer visibles los extremos entre los que se mueve Han Solo.

Howard no entrega una cinta vacía, pero tampoco lleva a cabo grandes revelaciones. El guión es rutinario y provee una serie de obstáculos de diferente nivel, necesarios para hacer avanzar la acción, pero que no alcanzan para darle mayor densidad. Plantea de forma didáctica los cauces de la rebeldía, las consecuencias de crecer en circunstancias desfavorables e ir contra lo establecido. Esto cobra valor considerando que Solo es un antihéroe ambicioso con consciencia moral y, gracias a ello, decide tomar distancia con los malos. De ahí que no se incorpore en automático a las filas del mal, actitud que se traduce en un mensaje nada despreciable, considerando que hoy día las filas criminales se engrosan con facilidad con jóvenes que actúan de forma irreflexiva.

Como Avengers: Infinity War (2018), Han Solo: una historia de Star Wars es una cinta diseñada para la complacencia, en particular para la de los miles de seguidores y los muchos fanáticos que, en este caso, acompañan con fervor cada estertor de la franquicia de Star Wars. Así pues, si la película no va más allá de la medianía, tal vez habrá que esperar reacciones exacerbadas.

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