Grandes Grandes héroes

Grandes héroes (Big Hero 6, 2014), el más reciente largometraje de animación 3D de Disney, es una grata sorpresa. Refresca el catálogo de producciones del estudio de Mickey mientras hace una serie de guiños y homenajes al animé japonés, a la animación norteamericana (y hasta a 2001, una odisea del espacial de Stanley Kubrick) y muy especialmente a Stan Lee, el “padre” de los Hombres X, Iron Man, Spider-Man y otras historietas. Pero ante todo nos recuerda que la imaginación es la mejor ruta para la emoción.

La realización es firmada por Don Hall (codirector de Winnie Pooh, 2011) y Chris Williams (codirector de Bolt, 2008) y se inspira en el cómic publicado por Marvel. El argumento sigue a Hiro, un puberto que malgasta su gran inteligencia en peleas robóticas. Tadashi, su hermano, le hace ver las maravillas del conocimiento cuando lo lleva al taller universitario de ciencias en el que trabaja. Las cosas tienen un giro trágico cuando Hiro expone un invento que le permitiría el ingreso a la universidad. Entonces él y Baymax -un robot inflable inventado por Tadashi para ser auxiliar médico- enfrentan a un enemigo que roba la creación de Hiro. A la justa se suman cuatro amigos, y juntos completan los seis grandes héroes del título original.

Hall y Williams proponen de entrada un paisaje ecléctico y futurista que es deslumbrante por su diseño y por la calidad del movimiento. La ciudad donde todo transcurre lleva el elocuente nombre de San Fransokio y es, de hecho, una mezcla de San Francisco y Tokio. La aventura que ahí tiene lugar elude la estridencia habitual en este tipo de producciones y es empujada por abundantes dosis de humor, cortesía en algunas ocasiones de personajes que obedecen en mayor o menor medida a ciertos estereotipos (sin embargo, la torpeza de Baymax es de una gozosa singularidad). Todos ellos se dedican a la ciencia y manifiestan por ella una pasión y un respeto que hacen pensar en el citado Stan Lee. La física y la química ofrecen un campo para la creatividad y una ocupación deseable para alejarse de los vicios y las facilidades de la calle.

Grandes héroes crece alrededor de dos temas que, por su tratamiento, merecen atención. Uno de ellos es la fraternidad: el apoyo que Tadashi brinda a Hiro se siente auténtico, y el hermano mayor es un guía cálido y un verdadero amigo para el menor. Como extensión de este nexo, las amistades del primero llegan a ser el sostén del segundo. Por otra parte, el manejo del duelo es un asunto que cobra relevancia. Hiro, en pleno padecimiento, es propenso al mal: el dolor es un mal consejero. Y entonces viene a la memoria la famosa frase que el tío Ben le endilga a Peter Parker en Spider-Man (2002): “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y no queda más que encontrar la claridad -y la solidaridad es fundamental- para no perderse en el camino: duele menos con la camaradería y el soporte de los otros.

Grandes héroes avanza con ligereza, pero no por ello es superficial. Ofrece pasajes susceptibles de interesar y emocionar lo mismo a los niños (aunque tal vez los más pequeños no se involucren mucho) que a sus papás. Para todos ellos se recomienda que sean pacientes al final y esperen el larguísimo desfile de créditos: su esfuerzo será recompensado con una última escena maravillosa.

Un festín como prólogo

Abre la proyección el cortometraje Festín (Feast, 2014) del debutante Patrick Osborne. Éste acompaña a un cachorro canino que establece una relación gastronómica con su amo. La historia es conmovedora y los amantes de los perros seguramente quedarán fascinados. Los demás difícilmente serán indiferentes.

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