Entre Pancho Villa y un montón de mujeres enlutadas

Ciertas o falsas, de Pancho Villa se han dicho cualquier cantidad de barbaridades. Que era un cuatrero, un irresponsable, un genio militar, un guerrillero sagaz, un compañero leal y un enemigo despiadado, un justiciero extraordinario. Villa, itinerario de una pasión (2015) explora una faceta de la leyenda que sin ser desconocida tampoco ha sido muy abordada: la del macho irresistible. La cinta relega a segundo o tercer plano la gesta épica del duranguense y lo convierte en un galán de telenovela, en un personaje digno de la peor comedia mexicana, en un Alfonso Zayas a caballo. Si uno toma lo expuesto en serio o en broma es inevitable la carcajada; aunque el humor involuntario es acaso mayor al voluntario. El resultado raya en la ridiculez; y ahí, tal vez, está su encanto.

La cinta se inspira en un libro de Rosa Helia Villa, nieta del personaje de marras, y da cuenta de los matrimonios del revolucionario. Inicia con la muerte del susodicho, y a su velorio se dan cita algunas de sus esposas. (En pocos años Villa acumuló hartos amoríos, cada uno de los cuales, según la película, son rubricados con riguroso casorio.) Con saltos al pasado, se va dando cuenta de algunas de las hazañas militares, de los roces –para bien y para mal– con colaboradores, aliados o enemigos. Pero principalmente se da cuenta de sus relaciones con sus cónyuges.

villa 2

Dirigida por Juan Andrés Bueno (director entre otras de Que no me bese el mariachi y ¿Pedro Infante vive?) y la debutante Lourdes Deschamps, Villa, itinerario de una pasión inicia con la leyenda conocida de Doroteo Arango, quien, según se cuenta, dio muerte al hacendado que violó a su hermana mayor. Entonces huyó a las montañas, donde ni antes ni hoy las autoridades encuentran a los prófugos de la justicia. Posteriormente se une a la Revolución y va ascendiendo… mientras crece el número de esposas. Porque según nos cuentan la fama y la facha de Villa lo hacen irresistible para cuanta mujer se encuentra, al grado que llegan “solicitudes” –u ofrecimientos, según se vea– de mujeres de diversos rincones del mundo, y eso lo sabemos por una de sus primeras esposas, quien despacha su correspondencia. Pero a este mujeriego se le perdona todo porque se juega la vida por una causa noble. Es además un moralizador consciente, y recomienda a sus muchachos que se casen con las mujeres de su agrado para no contrariarlas. Y si tenía fama de asesino, aquí es un caudillo respetuoso de los derechos humanos.

Bueno y Deschamps no logran eludir el acartonamiento que caracteriza al cine mexicano “de época” (aquí todo luce con una limpieza inverosímil) y conciben algo así como la hagiografía del caudillo. Su apuesta cae en el kitsch, lo cual le concede gracia a lo expuesto –a ratos voluntaria, a ratos involuntaria, como anotaba párrafos arriba–, pero hace difícil que uno se tome en serio al héroe que inspira tanto elogio y tanta pasión. En este contexto parece contraproducente que, a modo de estrategia para seducir a una profesora –que, sí, va a ser otra esposa–, Villa exprese una de sus frases más célebres: “El día que un maestro de escuela gane más que un general, entonces se salvará México” (como visionario, podemos constatar, el caudillo no era muy atinado: en México algunos maestros sindicalizados –y otros encarcelados– ganan más que los generales, y el país no parece estar en la ruta de la salvación; aunque, claro, esta película no busca hacer ningún comentario sobre el presente, lo cual habría sido deseable).

villa 3

Para que la película funcione, en conclusión, uno debe hacer una contribución: tomarse a guasa lo que ahí ocurre; si bien, así, la historia procede en detrimento de la Historia. Porque si uno quisiera ver con la óptica de la seriedad lo expuesto, habría que reprochar la irresponsabilidad de los realizadores, que filman todo con luz cálida, hasta a los ahorcados. Habría que cuestionar la chabacanería con la que se expone la Historia (en la que, por lo demás, se recurre a la historia oficial, rica en traiciones y traidores; en algún pasaje se deja ver, además, que si Villa no ajustició a Obregón fue por la intercesión… ¡de una esposa!: bendito consejo conyugal que a México hizo tanto mal), la misógina ligereza –que no ligera misoginia–, la poca imaginación para resolver las escasas escenas bélicas y los timoratos encontronazos de alcoba. La cinta permite constatar, por otra parte, que la Revolución ya no es la gesta que enorgullece a la mexicanidad, el estandarte y el origen de los principios que rigen al Estado: se ha convertido en una fábula inocua, en un cuento de hadas en el que los príncipes enarbolan ideales sociales y dictan frases bienintencionadas, pero no menos inocuas, para la posteridad.

Añade un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Highslide for Wordpress Plugin