Entre el indie y el pop

Empezar otra vez (Begin Again, 2013), del irlandés John Carney (Once), alberga otro homenaje a la ciudad de Nueva York. Ésta es ya objeto de una tradición que se ha vuelto más bien fastidiosa, pues abundan las películas insulsas que la tienen como grandilocuente pretexto. El dublinés elude, a ratos, el adocenamiento de la urbe en pantalla (que a menudo padecen los géneros cinematográficos). Eso la salva.

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La cinta sigue a Dan, un productor musical en bancarrota, y Gretta, una compositora y cantante en crisis de pareja. Él la “descubre” en un bar, y luego trabajan en un proyecto común: un disco grabado en las calles de la ciudad.

Conviven aquí momentos que se sienten forzados –o incluso falsos– con otros que parecieran espontáneos (y hasta conmovedores). Algo similar ocurre con las canciones, que van de la sinceridad que cabría en el indie al pop más relamido. Carney manifiesta cariño por sus personajes (ninguno es del todo odioso), evita caer en las recetas de la comedia romántica y termina por hacer el mayor homenaje a la música (mientras las letras cobran relevancia narrativa). En ese renglón, la escena en el bar, que se oye desde dos perspectivas diferentes, es notable. Al final resulta sensible uno de los grandes valores de la música: la posibilidad de unir un par –o más– de individuos (como sugiere una anécdota que relata el productor y que luego se escenifica con la compositora).

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Las músicas y las voces

Keira Knightley canta algunas canciones, y es tan encantadora al oído como a la vista. Otras son cortesía de Adam Levine, vocalista de Maroon 5. Sobre la música y la interpretación de éste: sin comentarios.

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