En Kung Fu Panda 3 Po sigue creciendo

En su tercer rollo, la franquicia de Kung Fu Panda sigue arrojando buenas cuentas. No abona muchas novedades en lo relativo a la sustancia (a decir verdad, las tres películas que van son variaciones del mismo tema), pero no escatima en desparpajo y buen humor; incluso presenta algunas dosis de incorrección. De nueva cuenta, así, hay bastante material para la diversión.

Kung Fu Panda 3 (2015) es el segundo largometraje de Jennifer Yuh, quien comparte el crédito de realización con Alessandro Carloni. El guión, como en las dos entregas previas, es cortesía de Jonatha Aibel y Glenn Berger, lo que explica en buena medida la continuidad. En su más reciente aventura, Po, el panda que ostenta el título de guerrero dragón, encara una serie de eventos inesperados: Shifu, su maestro, decide retirarse y endosarle la responsabilidad de guiar a sus compañeros; desde el más allá regresa un adversario que se ha apropiado del “chi” (la energía) de los más temibles guerreros; aparece en el pueblo un panda que dice ser su verdadero padre. La amenaza hará que Po explote un potencial que es desconocido por todos, comenzando por él.

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Yuh y Carloni son fieles al registro visual de la franquicia, por lo que Kung Fu Panda reserva un colorido notable y una animación plausible (y si en más de un momento hay guiños a Dragon Ball Z –con las energías y su despliegue–, formalmente toma bastante distancia con el aura rupestre que caracteriza a la saga encabezada por Goku). Y si la imagen ofrece abundantes prodigios, la banda sonora no se queda atrás. En ella se llevan las palmas las músicas del alemán Hans Zimmer, quien ofrece matices que van de la épica al humor. Este marco es provechoso para seguir las batallas de Po, lo mismo en el plano familiar que en el de las peleas.

Pero sobre todo este fondo es pertinente para acompañar al panda en el descubrimiento de sí mismo, tema que ha venido creciendo desde la primera entrega. Po es una especie de adolescente permanente que, no obstante, cada vez adquiere un conocimiento mejor de quién es. Gracias a esto crece también su nivel de aceptación, y si se reprochaba algunas particularidades de su personalidad (como su tremendo apetito y su mala condición física), cada vez tiene menos pretextos para lamentarse. Algo similar sucede con sus padres, que caen en la cuenta de cuál es el verdadero sentido de su rol: la cinta explora la generosidad que cabe en la paternidad.

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Kung Fu Panda 3 filtra aquí y allá algunas dosis de enseñanza. Empuja con ligereza y humor la voluntad de descubrimiento y desarrollo de las habilidades propias. La saga crece con Po. El balance, decía párrafos arriba, es positivo. Sin embargo, mientras Po crece, la franquicia parece estática. Dado que seguramente vendrán otras entregas, no le vendría mal a Kung Fu Panda explorar nuevas rutas.

Tráiler:

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https://youtu.be/nZ2wpCU8WI8

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