Ella es Ramona o la gordura light

Ella es Ramona (2015) está llamada a ser la película para sentirse bien (o feel good movie) de la sección Mezcal de la 30 edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Y no es que cumpla con fortuna con su objetivo, pero es evidente que pretende llenar los requisitos que la caracterizan: es colorida y evita cualquier conflicto serio; aquí al final todo es positivo. Tanta felicidad (bueno, ni tanta), que se agradece por lo general en este subgénero cinematográfico cuando es el resultado de un desarrollo y resulta verosímil, aquí es, por lo menos, sospechosa.

Ella es Ramona es la más reciente entrega del mexicano (de origen argentino) Hugo Rodríguez, quien ha transitado lo mismo por el cine de acción (Nicotina, 2003) que por el de aventuras (La leyenda del tesoro, 2011). Ahora se lanza por la ruta de la comedia y sigue los pasos de la mujer del título, una joven obesa que trabaja en una empresa de cosméticos. Sus compañeros, como su madre y su hermana, la hacen objeto de burlas y maltratos: conductas que ahora han sido tipificadas como bullying. Pero aunque las cosas parecen ir de mal en peor, ella no pierde su optimismo, y entre sus supersticiones y sus amuletos consigue empujar su “buena suerte”.

Ramona

Rodríguez concibe una puesta en escena de una amplia paleta de colores, que va del pastel a los tonos cálidos primordialmente, y una claridad en la luz (cortesía suya, pues él es también el cinefotógrafo) que aportan un toque de fantasía a su propuesta. Presenta además una serie de gráficos que comentan o matizan la acción (o hacen visible lo invisible, como los olores) y que dan a su vez un toque lúdico. Las actuaciones, por su parte, buscan erradicar toda naturalidad. Pareciera que el modelo estético es importado de Amélie (2001). Con discretos resultados y sin salir de lo convencional –incluso de lo rancio–, justo es comentar: Ramona es una regordeta Amélie región 4.

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Ella es Ramona coquetea con la farsa (y así consigue un puñado de situaciones o frases graciosas), y se instala en un terreno en el que realmente nada es grave ni tiene consecuencias serias. Es una fábula que incluso verbaliza su moraleja. Y en su intención de ser ligera lleva la penitencia, pues termina siendo superficial; en su afán de hacer comedia materializa una paradoja y aterriza en algo que cabría calificar como gordura light. Acaso lo peor es que la historia no presenta mayor desarrollo ni evolución: la conclusión ya está en la hipótesis y es en esencia una perogrullada: ser feliz es un asunto de voluntad. Sea. Pero no estaría mal que la cinta la hiciera sensible –nomás tantito, caray– o ya de perdida que le echara una manita.

5 Comentarios
    • Hugo Hernández Valdivia

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