El depredador: elogio del soldado descarriado

Lars von Trier tenía razón cuando le reprocharon no haber ido a Estados Unidos para grabar Bailando en la oscuridad (Dancer in the Dark, 2000). En aquella ocasión dijo dos cosas valiosas: que los norteamericanos no fueron a Marruecos para filmar Casablanca (1942) y que conocía bastante bien Estados Unidos por su cine. En efecto: por ese país habla su cine; las películas son el gran vehículo de la propaganda. Así se puede constatar en la superficie de las películas superficiales, las populares o “domingueras”, como El depredador (The Predator, 2018).

El depredador es la más reciente entrega de Shane Black, un cineasta que mostró cierta irreverencia en su ópera prima, Entre besos y tiros (Kiss Kiss Bang Bang, 2005), y después ha navegado como guionista y eventual realizador en películas de acción medianas. Ahora acompaña al capitán McKenna (Boyd Holbrook), un francotirador que se encuentra en misión en el bosque. Luego de matar un narcotraficante, descubre los restos de una nave extraterrestre, pilotada por un depredador. Recoge algunos artefactos y los manda a casa. Pero luego es separado por el ejército y enviado a la oscuridad por sus superiores con un grupo de soldados descarriados. Es entonces cuando llega a la Tierra un depredador que persigue al depredador. Y las muertes se multiplican velozmente.

Black registra con pereza la acción, y ni siquiera la parafernalia de efectos especiales de la que echa mano alcanza para sacudir la indiferencia. El estrépito visual tiene su complemento en la banda sonora. El resultado es estridente, y el 3D no hace sino multiplicarlo. El aturdimiento es la respuesta.

Tanto ruido, sin embargo, no impide observar la vacuidad de la historia, en cuya escritura participó Black. En la ruta asistimos una vez más a espectáculos redundantes: como en Transformers, las armas humanas no pueden nada contra los extraterrestres, sin embargo vemos numerosas secuencias en las que los soldados disparan y disparan y disparan inútilmente. Hay algunas dosis de humor mediante la construcción de algo así como un escuadrón suicida (que trae a la mente la lamentable cinta así titulada), pero no alcanzan para disipar el tono sangrón de la cinta. Black termina haciendo un elogio del soldado, que incluso cuando se ha descarriado sigue siendo un buen soldado, cómo no (dicho por su exesposa: el protagonista puede ser un mal padre, pero es un buen soldado).

El depredador debe ser el último estertor de un verano cinematográfico para el olvido. Por favor…

Calificación 40%

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