DeMuestra: Sólo los amantes sobreviven

En Adán y Eva (Todavía) (2004), el mexicano Iván Ávila acompañaba a los personajes epónimos en su errar sin propósito. Entre ellos se había instalado el fastidio y el hartazgo… para toda la eternidad. En Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013), su más reciente entrega, el norteamericano Jim Jarmusch da un giro anímico. También sigue a un Adán (Tom Hiddleston) y una Eva (Tilda Swinton); también han vivido mucho –aunque no tanto como los bíblicos personajes–; pero son algo así como outsiders bohemios que aún encuentran motivos para entretenerse. Son vampiros cultos y delicados, elegantes, adinerados y refinados; llevan cortes de pelo e indumentarias anacrónicos, usan guantes y beben en copitas sangre limpia que además de cumplir su función alimenticia tiene el efecto de una droga. Pero si bien dedica mucho tiempo a la singularidad de los chupasangre, no es en estricto sentido una película de vampiros.

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Jarmusch confiesa que la fuente de inspiración para su cinta fue Diario de Adán y Eva de Mark Twain y que antes que pensar en una historia se impusieron los personajes. Éstos viven en parajes distantes y distintos (ella en Tánger; él en Detroit) pero comparten una relación amorosa estrecha. Él se entretiene haciendo música y vive en permanente estado de depresión; ella es más curiosa, tiene interés en el universo y es una lectora voraz. Para aliviar el estado de su amado, ella va a visitarlo. Luego padecerán la llegada de la joven hermana de Eva, Ava (Mia Wasikowska), un agente del caos.

Fiel a su estilo, Jarmusch se desplaza para seguir los desplazamientos de sus personajes. Como en Noche en la tierra (Night on Earth, 1991) y Los límites del control (The Limits of Control, 2009), deja constancia en pantalla de la geografía por la que él siente especial aprecio, si bien –también como de costumbre– aquí tanto Tánger como Detroit ofrecen un fondo poco estimulante: el primero, que se transita a pie, es hasta cierto punto hostil; el segundo, que se recorre en automóvil, es un paraje decrépito, casi desértico. Ambos ofrecen marcos propicios, eso sí, para ese errar que tanto gusta al cineasta norteamericano.

Jarmusch propone una historia pertinente para dar cuenta de las razones suficientes para mantenerse vivo a lo largo de los siglos. La clave está, según el buen Jim, en la curiosidad por lo que se genera alrededor y en llevar a cabo actividades que involucren la emoción (y ésta puede aparecer en cuestiones tecnológicas lo mismo que en pasiones artísticas). Y en tener un compañero o compañera en quién refugiarse. No obstante, el amor que comparten Adán y Eva es más anecdótico que contagioso: uno tiene cierta simpatía por ellos (menos que por otros protagonistas de otras películas de Jarmusch, ciertamente), pero no terminan por conmover.

"only lovers left alive"

Sólo los amantes sobreviven ofrece el pretexto para que Jarmusch comparta con nosotros el panteón de la gente que admira, en el que abundan los músicos (en algún momento Adán y Evan pasan frente a la casa de Jack White, quien participó en uno de los cortos de Café y cigarros; en otros nos lleva a presentaciones de White Hills, en Detroit, y de Yasmine Hamdan, en Tánger) y los escritores pero también algunos científicos (en particular Tesla, a quien ya había “homenajeado” en Café y cigarros). Uno de los personajes, por cierto, es Christopher Marolowe, quien es otro vampiro. (El realizador no tiene empacho en endosarle a él las obras que se atribuyen a Shakesperare; Jarmusch se suma así a la sospecha de que el bardo de Avon no es el autor de las obras que llevan su rúbrica.) En algún momento, incluso, aparece una especie de altar que Adán tiene en su casa, en el que llaman la atención entre otros, Kafka y Twain. La cinta también le da la oportunidad de ventilar una serie de comentarios a propósito lo mismo de una estrella singular que de las teorías de Tesla. Pero también se pone solemne y hasta pontifica sobre una serie de disgustos y preocupaciones sobre el devenir de la humanidad (Adán se refiere a los hombres como zombis), como la contaminación y el futuro bélico que le espera.

Al final el balance es positivo pero no extraordinario. Si bien aparece la pasmosa, sabrosa frescura que caracteriza al cine de Jarmusch, también lo es que las aspiraciones de emprender una historia no resultan muy afortunadas, no cuajan, y que la cinta parece un reservorio de anécdotas y hallazgos (en algún pasaje Adán y Eva son calificados de esnobs, y bien podría extenderse este reproche a la película) más que una reflexión sobre el tiempo, la vida en la tierra y los otros asuntos que aborda con cierta insistencia. Así pues, Sólo los amantes sobreviven es una entrega dispareja y más bien discreta en la maravillosa filmografía de Jarmusch.

 

Un soundtrack que es muy Jarmusch

A la ecléctica banda sonora de la cinta contribuyen, además de los artistas citados, SQÜRL, el grupo de Jarmusch (un trío en el que todos tocan diferentes instrumentos). En uno de los tracks se suma a ellos el holandés Jozef van Wissem, quien toca el laúd.

Jarmusch plays guitar

También hay aportes de Denise Lasalle, Hot Blood, Black Rebel Motorcycle Club, Bill Laswell y hasta un fragmento de Paganini ejecutado por Charles Yang. Todos ellos contribuyen a crear atmósferas enrarecidas en las que parece quedar el tiempo en suspenso. El mood resultante es apacible (nada más lejano de lo explosivo) y rico en emociones; invita al recogimiento más que a la euforia. Muy Jarmusch, pues.

 

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