DeMuestra: La profesora o cadena de favores involuntarios

El primer día de clase, la maestra pide a sus alumnos que se presenten; además les solicita que mencionen a qué se dedican sus padres. Ella toma nota. Pero no lo hace como recordatorio: así, veremos más adelante, va elaborando una red de futuros proveedores. Así inicia La profesora (Ucitelka, 2016) del checo Jan Hrebjk.

La historia se ubica en 1983, y la acción inicia en un colegio de Bratislava. Por allá llega la mentada profesora, Mária Drazdechová (Zuzana Mauréry), una viuda que representa al partido comunista en la escuela. Conforme avanza la cinta descubrimos que ha elaborado una cadena de favores involuntarios que tienen como beneficiario exclusivo a ella, y que las calificaciones de los alumnos están supeditadas a la ejecución de sus peticiones (desde limpiar su casa hasta cortarle el pelo o surtirle la despensa). La corrupción es tolerada y hasta fomentada por los mismos padres de los alumnos. Sin embargo, éstos son convocados por la directora a una junta cuando las consecuencias alcanzan niveles de gravedad.

Desde el inicio Hrebjk propone un sobrio relato en alternancia: vemos la llegada matutina de los alumnos y la llegada nocturna de los padres. Conforme avanzan las cosas vamos del salón de clase a las casas de la maestra y algunos de sus alumnos. El registro propuesto tiene tintes realistas e intimistas: la fotografía y los vestuarios construyen una pátina ochentera; la cámara, con un lente normal, hace un seguimiento de cerca a los personajes. La estrategia es provechosa para hacer un esbozo convincente de la vida cotidiana bajo el yugo soviético, un paisaje histórico y moral (similar al que exhibe Milan Kundera en algunas de sus novelas). Asimismo, es pertinente para hacer crecer la curiosidad y dar fuerza a la revelación de la mezquindad de la maestra. Sus abusos son contundentes, no hay duda, pero los padres se rehúsan a firmar una petición para abrir un expediente a la docente. No obstante, con el paso de los minutos algunos padres se solidarizan.

Como es habitual en el cine de Europa Central, la vocación crítica es manifiesta y directa. Hrebjk exhibe un estado de cosas en el que la corrupción se ha normalizado. Acompaña a un grupo de seres humanos que están convencidos que no hacen lo correcto, pero lo hacen porque obtienen algún beneficio. Cualquier similitud con lo que puede verse en nuestro país (y en nuestro estado) no es mera coincidencia: por acá las instituciones educativas (que lo mismo se involucran en estafas maestras que incursionan en el negocio del espectáculo) también son terreno fértil para la corrupción, a la cual se suman –porque prefieren callar ante las mezquindades que observan– algunas mentes brillantes.

La profesora tiene la virtud de mostrar la capacidad de adaptación que tienen los seres humanos para sobrevivir incluso después del desprestigio (los políticos nacionales son un ejemplo ad hoc). Asimismo, hace un comentario al presente al dejar ver cómo el sistema no cambia sustancialmente (porque la gente no cambia, porque el miedo es un buen aliciente para la corrupción): ni con la caída de la Unión Soviética… ni con la alternancia de partido.

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