DeMuestra: Dos días, una noche

En el paisaje gris que las películas de los belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne no han dejado de esbozar, aparecen algunos rayos de luz. Por lo menos en sus últimas entregas. Así ocurría en El niño de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011), que emula hasta cierto punto el cuento de hadas, y en El niño (L’enfant, 2005), que va de la crudeza a la calidez. Es, también, el caso de Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, 2014), su más reciente largometraje.

Deux-jours-une-nuit

La cinta recoge las angustias de Sandra (Marion Cotillard), quien es madre de dos niñas y acaba de terminar un período de incapacidad laboral por problemas de depresión. El paisaje se oscurece cuando le avisan que la empresa ha decidido despedirla, medida que permitirá al propietario dar un bono a los 16 empleados que permanecerán en sus puestos. Hay una posibilidad de conservar su plaza: que la mayoría renuncie a su bono. Entonces Sandra se da a la tarea de visitarlos durante el fin de semana previo a la votación para tratar de convencerlos que se sumen a su causa.

Los Dardenne apuestan una vez más por el registro en largos planosecuencias con cámara en mano. De esta forma comparten la zozobra del personaje, dan peso al paso del tiempo desde su perspectiva y gravedad al sufrimiento que experimenta. Proponen un acompañamiento constante, y uno es llevado a atestiguar de forma casi epidérmica las contrariedades que vive el personaje: su empeño por recuperar su trabajo así como sus caídas por la depresión. Mención aparte habría que hacer del buen desempeño de la Cotillard (cuya participación en la cinta ha sido cuestionada por los fans de los Dardenne, quienes por lo general trabajan con actores poco vistos), que da verosimilitud y densidad a su personaje.

Dardenne

Esta estrategia es pertinente para plantear el paisaje que la humanidad ofrece hoy día. En el campo laboral particularmente. Lo extraordinario con los Dardenne es que no caen en el juicio fácil y menos en el maniqueísmo. Aquí no hay buenos ni malos. Cada trabajador le hace ver a Sandra –y a nosotros– las razones que tienen para conservar el bono que les han propuesto. Todas son válidas y respetables. Ella misma está convencida de ellas, y por eso duda en más de una ocasión si ha de seguir con su “campaña”. El enemigo es la situación económica, las políticas empresariales que consideran al ser humano como una cosa desechable, un medio que se exprime mientras es útil y se sacrifica cuando las utilidades disminuyen.

Cotillard

No obstante, los Dardenne abren una ventanita de esperanza, de optimismo. Ésta está en la solidaridad (aunque aquí no hay héroes de la clase trabajadora que consigan que se unan los proletarios). El otro es un gran asunto en el cine del tándem, y aquí se invita a reflexionar sobre lo que supone considerar al otro como ser humano (gesto que hoy día parece reservado en exclusividad a uno mismo) y también lo que implica influir en él, tomar conciencia de sus dificultades y sus necesidades en tiempos de crisis, cuando se privilegia la autoconservación. Dejan ver, además, la capacidad de recomenzar de los seres humanos, lo que constituye una de sus grandes fortalezas. Dos días, una noche es un documento emotivo que hace un diagnóstico brillante sobre la oscuridad que atraviesa la humanidad en la actualidad.

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