DeMuestra: Cenizas del pasado

La mayor parte de los 90 minutos que dura Cenizas del pasado (Blue Ruin, 2013) es inevitable permanecer en un estado de tensión constante. No es difícil tomar partido por el personaje principal, aunque tampoco es fácil sentir simpatía por él. Pero su situación –de aparente vulnerabilidad– y su aspecto débil y temeroso invitan a que uno padezca con él cada acción que emprende. He ahí, tal vez, la mayor virtud de la cinta.

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Cenizas del pasado es una película norteamericana independiente. Es el segundo largometraje de Jeremy Saulnier, quien también es autor del guión y responsable de la cinefotografía. Sigue las contrariedades de Dwight (Macon Blair), un joven y enclenque vagabundo que vive al lado de una gélida playa. Su tranquilidad se esfuma cuando se entera de la liberación del asesino de sus padres. Entonces se apresta a finiquitar el pendiente.

Saulnier echa mano con fortuna de las estrategias del terror. Al acompañar casi todo el tiempo a Dwight en sus maniobras provoca que lo que queda fuera de campo cobre peso: lo que no vemos (o los que no vemos), pero sabemos que está al acecho, se convierte en una amenaza que en cualquier momento puede pasar a la acción y violentarlo (porque el que se ve es el que está en peligro). La zozobra así generada imprime densidad a un asunto que se revela poco a poco, mediante una pequeña cantidad de diálogos. Pone además la mesa para que sea más intensa la irrupción de la violencia, que resulta chocante y hace pensar en la meticulosa eficacia de los hermanos Coen en Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men, 2007).

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Saulnier aborda ese gran tema del cine norteamericano que es la venganza. Muestra cómo una vez iniciada la maquinaria del odio es prácticamente imposible detenerla. Evita dar lecciones, mas no deja pasar las implicaciones morales de lo que emprende Dwight. No obstante, al final pareciera que lo propuesto se interrumpe sin llegar a una conclusión, y que tanta emoción está al servicio de un asunto que se agota en sí mismo: la película no va mucho más allá del ejercicio de estilo, del planteamiento de una situación que sale de control, ni saca mayores implicaciones sobre la avalancha del mal.

En Cannes 2013 obtuvo el premio de la crítica (FIPRESCI) en la sección Quincena de los realizadores.

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