Déjà vu: La guerra de las galaxias es lo mismo 40 años después

1. En las siguientes notas no hay anticipaciones ni revelaciones de lo que sucede en el Episodio VII; no hay spoilers, pues. Todos los spoilers ya están en los seis episodios previos. Es un película que ya viste.

2. La saga de La guerra de las galaxias parece diseñada para abordarse cuantitativamente antes que cualitativamente. De ahí que para referirse a ella sea casi imperioso remitirse a cifras. Baste decir que el presupuesto fue de hartos millones y a estas alturas seguramente la recaudación ya rebasó el costo (Mickey no es tonto). El número de espectadores en la función del Episodio VII a la que yo asistí: cinco.

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3. Después de la compra de Pixar, Marvel y Lucasfilm, ¿la codicia del Ratón Miguelito ya estará saciada?

4. La iconografía de la franquicia puede resultar encantadora, pero no estoy seguro que siete películas después siga siéndolo. La ilustración que hace de la ruta del héroe que esboza Joseph Campbell –un autor de vena jungiana– en su libro sobre los mitos, El héroe de las mil caras, es didáctica y poderosa… en la pubertad. Siete películas después no estoy seguro de que la fuerza siga acompañando a Star Wars.

5. Es inevitable que al asomarse al Episodio VII aparezca una serie de prejuicios, positivos y negativos, oscuros y luminosos. Por todos estos es más bien difícil realizar un acercamiento medianamente objetivo (si fuera posible hacer tal cosa). En todo caso, pretendo intentarlo: la valoración no tendría que depender de la simpatía o la antipatía. Si bien la propuesta es maniquea, la película no es buena porque nos guste o mala porque nos disguste. Ahora que, en este caso, creo que se queda en la medianía.

6. El valor temático de Star Wars está en la vulgarización –que a estas alturas ya es más bien una banalización– de presupuestos que están a medio camino entre lo científico y lo esotérico (las energías, el bien, el mal, la luz, la oscuridad y bla, bla, bla). Siete películas después la sustancia es la misma. Y que la fuerza nos acompañe, que la necesitaremos para ver las seis horas que nos faltan… de esta “nueva trilogía”. No obstante, y sabiendo que aquí estamos en el campo de la fantasía, sería sensato y deseable que las mentes detrás de la franquicia se plantearan proponer un poquito de profundidad, asumir algún riesgo.

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7. El malo del VII Episodio, que se esconde detrás de una máscara ¿de mandril?, es muy chafa (igual ya vendrá alguna trilogía para iluminar sus conflictos; por lo pronto sus motivaciones parecen muy débiles dramáticamente y su comportamiento dubitativo es tan adolescente como poco convincente). Creo que tanto como el héroe. Y dado que el fundamento de la saga es maniqueo, binario, y el desarrollo –harto escaso– depende del enfrentamiento entre ambos, la cinta apenas despega y la emoción no es particularmente abundante.

8. J.J. Abrams, responsable de Star Trek (2009) y realizador del Episodio VII, es un buen artesano. Formalmente entrega tal vez la mejor película de la saga. Habría que anotar que el registro de la acción es decente. Aunque claro, también habría que subrayar que ninguna de las seis entregas previas brilla precisamente en este campo: hay poca emoción en las danzas-peleas, en los rayitos coloridos, en los disparos chispeantes y los ataques aéreos. En el Episodio VII el estilo para registrar las batallas y los enfrentamientos es deudor de lo antes visto, sin embargo es verosímil… casi siempre. Abrams debió tener cuidado de no abrir el plano en algunos momentos, pues ninguno de los personajes jóvenes luce fuerte, rápido o ágil cuando los vemos de cuerpo entero o a cierta distancia. Del septuagenario Han Solo-Harrison Ford o la casi sexagenaria Carrie Fisher-Abueleia ni hablar.

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9. El Episodio VII no reserva mayores sorpresas. Al contrario, es previsible y uno puede anticipar eventos y diálogos. Algunos le llaman nostalgia. Para mí es pura repetición. Los fans de la franquicia parecen felices por encontrarse lo mismo que han encontrado en las seis entregas anteriores. La visión de la cinta representa una experiencia conservadora, es como ir a Sanborns a comer por enésima vez unas enchiladas suizas: uno ya sabe a qué saben y tiene la certeza de que en cualquier sucursal sabrán igual. Pero si el espectador no es fan, si la simpatía no lo acompaña, encontrarse por séptima vez con lo mismo puede resultar poco agradable y hasta fastidioso. La fidelidad comercial de los espectadores-consumidores de la saga parece no tener un límite, mas la indiferencia o el fastidio de los demás seguramente harán que las siguientes trilogías sean menos rentables.

10. El Episodio VII es una puesta al día (que habrá de formar nuevos clientes) y se pone a tono con los tiempos (si bien la estética nazi de los malos no es nueva, justo es precisar). Por eso ahora la fuerza reside en una heroína (y ya sabemos quién es el padre), como en Divergente o Los juegos del hambre. También hay un afán de corrección al hacer de un negro –perdón, un afroamericano– uno de los personajes principales. Habría que anotar, además, la sugerencia sobre el origen de los soldados disfrazados con plásticos blancos (stormtroopers, les llaman), que provienen de levas, como los chamacos que recluta el Estado Islámico.

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11. Edipo y Freud deben estar hartos de Star Wars por el acercamiento quasi pueril al complejo que tanto dolor provocó al primero y tantas secreciones al segundo.

12. Desde siempre Star Wars me pareció débil, engrosada artificialmente para llenar horas de vacío. El séptimo rollo no es la excepción. Es digresiva y abunda la paja. La primera hora por ejemplo, que tiene como función la presentación de los personajes, es perfectamente prescindible. Por otra parte, me parece una descortesía entregar cintas inconclusas. Por más que sea parte de una trilogía, lo decente desde el punto de vista narrativo y dramático es que cada cinta tenga algo cercano a una conclusión. ¿O el Episodio VII –que no concluye, tan sólo termina– es un mero promocional del Episodio VIII?

13. Se ha hablado mucho y se hablará más de esta película, lo cual es una desproporción: es tal vez la saga más sobrevalorada en la historia del cine. Por otra parte, no importa lo que uno diga de las películas de esta franquicia. Es la clase de producción en la que la crítica no influye ni tantito, como decía Truffaut.

 

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