DeMuestra:Corazón silencioso: ¡Ay, mamá!

El danés Bille August obtuvo merecido prestigio y reconocimiento con Pelle el conquistador (Pelle erobreren, 1987), en la que registraba las miserias de la migración desde una perspectiva infantil. La cinta obtuvo la Palma de oro en Cannes y el Óscar a mejor película extranjera. Su película siguiente, Las mejores intenciones (Den goda viljan, 1992), que surge de un guión de Ingmar Bergman y registra la historia de los padres del gran cineasta sueco, repitió en el festival francés, la justa más importante del mundo cinematográfico. En adelante su filmografía presenta algunos altibajos: La casa de los espíritus (The House of Spirits, 1993) no pasa de la medianía; Los miserables (Les miserables, 1998) no va más allá de la corrección. Va un poco más lejos Corazón silencioso (Stille hjerte, 2014), su antepenúltimo largometraje.

Corazón salvaje parte de un guión de Christian Torpe, creador de la conocida serie televisiva Rita. La historia registra la reunión de una familia en la casona paterna. Por allá llegan a pasar el fin de semana Heidi (Paprika Steen) y Sanne (Danica Curcic) con sus respectivas parejas. Visitan a sus padres: Esther (Ghita Nørby) y Poul (Morten Grunwald). Esther padece esclerosis lateral amiotrófica, empeora rápidamente y ha decidido poner fin a sus días. El drama terminal apenas inicia.

August propone una apacible cinta intimista, con aires bergmanianos y afanes naturalistas. Los planos cerrados, con buena profundidad de campo y discretos movimientos, son abundantes; a menudo se acerca y toma distancia para acompañar a los personajes y subrayar sus contrariedades. Con actuaciones contenidas, la propuesta tiende puentes con el teatro y vamos de la frialdad climática a la calidez en algunos interiores, al calor del hogar. La música, utilizada en más de un pasaje, aporta cierta nostalgia.

El dispositivo es provechoso para generar puentes de empatía con la familia. De forma verosímil se hace el esbozo de la dinámica familiar. Se contrasta así la fortaleza y pragmatismo de Heidi con la debilidad y los problemas de Sanne; se da cuenta sin ánimo sensacionalista del deterioro de Esther, se sugiere una intriga entre su marido y su mejor amiga, presente en numerosos pasajes de la vida familiar, y en éste, para no variar. El desarrollo de la cinta acentúa las dudas sobre la decisión de Esther. En todo momento se plantea respetarla, pero no es fácil para ninguno de los presentes. Conforme avanza la cinta crece la emoción y es conveniente tener a la mano pañuelos desechables.

Corazón silencioso explora, con lucidez, diferentes matices del conflicto que provoca la decisión, de alguien cercano, de morir. (Recuerdo con estremecimiento una escena de Mar adentro de Alejandro Amenábar, en la que un padre dice que hay algo peor que la muerte de un hijo: que éste quiera morir.) Con delicadeza, August pone sobre la mesa este asunto delicado y siempre vigente. Invita a la reflexión y a cuestionar el estigma que rodea al suicidio. Vivir no es una obligación, y respetar la voluntad del que quiere morir es un tema tremendo para los que se quedan. Sin ánimo de hacer juicios, muestra cómo pretender que el otro viva puede ser una postura egoísta. Pero también ofrece lo suficiente para la comprensión y el crecimiento…

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