Cinco cosas que amo/odio de ti III: los académicos van al cine

A ésta, la tercera entrega de la serie “Cinco cosas que amo/odio de ti”, ha hecho valiosas contribuciones un grupo de académicos cuya labor está relacionada con la comunicación en general y el cine en particular. De la apasionada cinefilia de todos quedan huellas en sus respuestas. Asimismo se hace evidente que en la sala oscura buscan más que distracción o entretenimiento, y por gusto o por oficio ven en pantalla algo más que una historia.

La serie presenta ya algunas constantes sobre las cosas que gustan o disgustan a los que asisten a la sala oscura que es pertinente tomar en cuenta (los ruidosos otros llevan mano en lo que más molesta, por ejemplo); no obstante también ilumina algunas aristas poco o nada abordadas previamente que invitan a reconocer en la experiencia de ir al cine otras posibilidades. Esto se pone cada vez mejor…

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Fabiola Alcalá Anguiano, 36 años, profesora investigadora

Lo que me gusta:

1. La experiencia colectiva

2. La sensación de viaje que el propio espacio conlleva

3. La no distracción

4. La completa oscuridad

Lo que no me gusta:

1. La gente maleducada que habla, contesta el teléfono, y come haciendo ruido

2. La comercialización del cine: trivias baratas, descuentos en comida…

3. La falta de oferta en la cartelera pensando en cines comerciales

4. La falta de infraestructura pensando en el Cineforo

5. Odio la asociación del cine y el centro comercial

Soy de las románticas que prefiere ver en cine en sala pero necesito buscar festivales para encontrar las películas que me gustan; antes solía ir dos veces por semana al cine ahora sólo voy una por la falta de películas de mi agrado.

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Carlos Enrique Orozco, 57 años, profesor universitario y cinéfilo.

Soy de la generación que aprendió a ver cine en los cines. Por tanto prefiero y disfruto mucho más ver una película en el cine; en segundo lugar, la televisión con pantalla ancha, luego la compu de escritorio con el monitor grande y casi no veo cine ni en la lap top, ni en el Ipad y nunca he visto una peli en el celular.

1. La principal razón por la que prefiero el cine es por el ambiente total en el que siento inmerso; la sala oscura, la pantalla inmensa y la sensación de estar en un espacio cerrado sólo con la fantasía que narre la película.

2. La segunda razón son las condiciones técnicas que tienen la mayoría de los cines en la actualidad, muy buena calidad de imagen y sonido, butacas cómodas con amplio espacio adelante.

3. La tercera razón es me gusta salir de mi casa para ir al cine.

4. La cuarta razón, aunque no siempre, es la variedad en la cartelera.

5. La quinta razón tiene que ver con la información de los cines (películas, horarios, duración etc) disponible por muchos medios, desde las tradicionales como los periódicos impresos hasta los móviles como Ipad, teléfono, etc.

LO que no me gusta

1. Los espectadores que no respetan el silencio, indispensable para ver una peli, y platican, hacen ruido con las comidas, etc., es decir el ruido que hacen algunos.

2. Las opciones de la cartelera, que no siempre son variadas, en espacial de cine que no sea de Hollywood.

3. Regresar del cine a mi casa.

4. Los comerciales antes de la película.

5. Los gastos; entrada, estacionamiento, los precios de los alimentos (por llamarlo de alguna forma).

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Bernardo García González. 34 años. Profesor.

Razones por las que aprecio (me gusta, valoro) ir al cine

1. En las salas de cine se da una vivencia peculiar que me encanta: de algún modo se compaginan o se congregan la soledad y la compañía. Y esa posibilidad que abre el espacio específico de una sala es de las cosas que más me gustan de ir al cine.

Yo pienso que la vivencia cinematográfica –por lo menos de inicio– es individual y de cierta manera solitaria. Por ejemplo, aunque se vaya acompañado al cine, uno enfrenta la película desde su soledad, desde su pulsiones y temples. Después la película se puede comentar y convertir en un gesto social. Pero en el momento del filme se da una especie de batalla o de encuentro entre una vida –la mía– y las imágenes de la pantalla. Y esa vivencia es en principio intransferible. Puedo tratar de explicar con palabras cómo es que yo viví la película, pero nadie tiene acceso a ese modo mío de ver y de vivir una obra. Del mismo modo, yo no tengo acceso al interior de los demás. Y en todo caso lo que me parece increíble es que esa lucha que se da entre las vidas individuales y las imágenes (una lucha perceptiva, emotiva, intelectiva) es la misma que están librando perfectos desconocidos al lado de mí –y en la oscuridad. Es al mismo tiempo, pues, para no alargarme, una vivencia íntima en un espacio social.

2. Algo que también me gusta de ir al cine es llegar caminando. Por alguna razón pienso que hay una analogía entre el acto de caminar y el acto de filmar. Recuerdo haber leído (o escuchado) que Herzog intentó hace muchos años abrir una escuela de cine… y aquél que quisiera entrar, tenía que demostrar que había caminado no sé cuántos miles –o cientos de miles– de kilómetros. Para Werner Herzog –según ese chisme– era inconcebible un cineasta que no caminara. Ni siquiera sé si ese dato es cierto, pero me encanta la idea. Me parece que caminar –sobre todo en una ciudad como la nuestra– es un gesto político –incluso estético o filosófico– y pienso que el cine y el caminar van de la mano. En fin, el ritual de “caminar al cine” me fascina y no pienso dejar de hacerlo jamás.

3. También me gusta ir al cine cuando las salas tienen una personalidad propia. En ese sentido me parece algo análogo a los catálogos de ciertas editoriales. Hay editoriales que publican cualquier cosa que se pueda vender, pero hay otras que mantienen una línea editorial que está “por encima” del deseo o de la necesidad de vender. Así también los cines; hay unas salas que quieren la taquilla rebosante, y otras que –sin hacerle fuchi al dinero– piensan principalmente en su “línea editorial”. En ese sentido me parece una pena el cierre de cines como los Cinematógrafo o el Cine del Bosque. Eran cines con una personalidad. Uno podía no conocer la película que se proyectaba, ni tener noticia del realizador, pero el gesto –y el gusto– consistía precisamente en “ir al Cine del Bosque”.

Al cine que más me gusta ir ahora es al Cineforo. Sin duda en otras salas u otros complejos hay también buenas películas. Incluso tienen mejores equipos de proyección y de sonido y butacas más cómodas. Pero prefiero ir al Cineforo precisamente por eso que no sé cómo más llamarlo que personalidad… por su “línea editorial”, por la selección de películas que hacen, por los ciclos que apoyan (por ejemplo Ambulante, o filmes locales incluso de estudiantes), los que traen a la ciudad (como la Muestra de la Cineteca, el Tour de cine francés o la Semana del cine alemán) o los que incluso se inventan (como las semanas de aniversario, etc.). Me gusta “ir al Cineforo

4. También digo que me gusta ir al cine porque me gusta la oscuridad, el silencio, la lentitud. Y creo que las salas de cine son una especie de paréntesis en medio del ritmo cada vez más apresurado de nuestras ciudades. A veces, en ciertos círculos, suele utilizarse la palabra “lento” como sinónimo de “malo”. Dicen, por ejemplo, “La película estaba interesante, pero era muy lenta”. A mí en general me gusta la lentitud. Valoro el cine lento, que rompe con las prisas de la ciudad.

Cosas que me disgustan (detesto, odio)

1. El ruido de la comida me disgusta muchísimo. Por ejemplo el de las bolsas de papitas en el Cineforo y el crujido de los mordiscos. Pero en Cinépolis lo que verdaderamente detesto es el olor a grasa de las palomitas. Eso hace que a Cinépolis vaya –cuando me interesa alguna de las películas que ahí proyectan– a funciones en las que intuyo que no habrá muchas personas (por ejemplo entre semana y/o muy tarde en la noche).

2. Tampoco me gusta que la gente hable durante las películas. No soy el tipo de gente que calla a las personas con un shhhh –a menos de que verdaderamente sean insoportables–, pero sí suelo echar miradas asesinas como primera estrategia, o de plano cambiarme de lugar. De hecho –y a diferencia de muchos espectadores– procuro sentarme en las butacas que están pegadas a los pasillos y generalmente en las primeras filas. Es curioso ahora que lo escribo, porque dentro de las razones que di de mi gusto por ir al cine estaba el hecho de compartir un espacio íntimo con desconocidos, sin embargo ya dentro del cine trato de estar un poquito aislado. En general prefiero ir al cine solo que acompañado e, insisto, me gusta sentarme en las butacas menos populares para no escuchar a los otros.

Sin embargo hace unos pocos meses pensé en algo que no había considerado antes. Vi una entrevista que le hizo Daniel Barrón a la escritora Carmen Boullosa para Rompeviento TV (https://www.youtube.com/watch?v=H0LU3VM99Pk) en la que ella decía que su cine favorito de Nueva York –ciudad en que vive– era uno en el que la mayoría de los asistentes son afroamericanos y que le gusta mucho que hablen durante la película, que se rían a carcajadas, que abucheen. Dice Boullosa que le parece que es como ir al teatro en la época de Lope de Vega, que le gusta la interactividad, la libertad con la que opinan a viva-voz, el hecho de que los cuerpos se muevan –se paren y se salgan si no les gusta la película–, etc. Eso contrasta mucho –creo– con la opinión común (recuerdo también el genial ensayo de Philip Lopate: “Memorias de un callador de bocas” ). Y en fin, escuchar eso de la escritora me gustó y me hizo cuestionar ciertas cosas de mis gustos y disgusto, me hizo reflexionar.

De hecho cuando vi esa entrevista recordé –de nuevo– el Cine del Bosque en donde muchos de los asistentes eran personas de la tercera edad. Ahí no me molestaba escuchar las opiniones durante la película. De hecho recuerdo con cariño a una señora muy mayor que iba siempre con su hija; cuando la película era española o latinoamericana, la hija tenía que repetir prácticamente todos los diálogos al oído de su madre, que de plano no captaba los diferentes acentos. Algunas veces incluso llegué a echarles la mano. Así vi –y lo recuerdo con enorme alegría– la película Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa.

En fin, ya me alargué tremendamente en esta respuesta, pero me gusta exponer la duda en que estoy: me disgusta que hablen en el cine, pero tal vez no tanto, o más bien depende de quiénes y cómo hablen –de hecho eso ya me dio pista para escribir el siguiente punto–…

3. Me incomoda y me cae mal la gente que hace análisis expeditos e inmediatos de la película. Recuerdo por ejemplo la vez que vi Lost Highway en el cine y delante de mí había un chavo que se creía experto de David Lynch… No sé si lo era, pero en todo caso me quedaba claro que lo que más le interesaba no era la película en sí, sino presumir lo que sabía, llamar la atención. Eso no lo soporto y en general siento que me estropean la experiencia de ir al cine.

Y en fin, yo nunca he sido bueno ni siquiera para comentar una película recién se termina. Creo que por eso prefiero ir al cine solo. Pero cuando voy al cine acompañado, no puedo hablar de la película luego-luego. Tiene que pasar un tiempo, a veces incluso días. Y para analizarla no se diga: verla tres, cuatro o más veces, fragmentarla, detenerla, etc.

4. Me choca que pongan anuncios antes de la película. Los trailers me gustan cuando son afines a lo que se va a proyectar (de nuevo vuelvo a eso de “la personalidad” de ciertas salas), o los sptos de festivales de cine. Pero todos los mensajes comerciales me parecen horribles, de pésimo gusto. Recuerdo por ejemplo los del Partido Verde en Cinépolis… Llegaba de buenas a ver una película, y eso me ponía de malas.

Pregunta adicional

Ante la pregunta general de si prefiero ir al cine o ver películas por otro medio, la respuesta automática que se me vino a la mente fue, sin duda, ir al cine.

Pero eso no quita que también disfrute ver películas en casa o en mi oficina. De hecho me gusta mucho detenerlas, fragmentarlas, analizarlas, repetirlas. A lo que no termino por acostumbrarme del todo es a ver películas por computadora. Las películas que no veo en el cine, trato de conseguirlas en DVD y verlas en la tele o proyectarlas en cañón.

Me gusta rentar películas. VideoDiversión me parece un lugar fantástico de la ciudad. Y también me gusta comprar películas. Lo que casi nunca hago es bajarlas o verlas en línea.

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