Cars 3: otro derrape de Pixar

De las propuestas de Pixar, la franquicia de Cars ha sido la menos original, la más superficial, la menos sólida. De no ser por el cariño que le tiene su creador, John Lasseter –miembro fundador de Pixar y jefe creativo de este estudio y de Disney– y la “necesidad” de Disney de presentar al menos dos largos animados por año, difícilmente se explica que se llegue a la tercera entrega. Pero es el caso, y luego de dos largometrajes para cine y diversas propuestas para la pantalla chica, Cars 3 (2017) se estrena esta semana en todo el mundo.

Cars 3 inicia con las conocidas vanidades y victorias de Rayo McQueen. Con su 95 en los costados vence a sus rivales habituales, si bien ocasionalmente pierde alguna carrera. Todo sigue un orden conocido hasta que irrumpe un automóvil moderno y pedante, Jackson Storm (un Cristiano Ronaldo de las pistas, se diría), que nos recuerda que el automovilismo es por antonomasia una práctica desigual. Entonces se tambalea el futuro del Rayo, quien busca soluciones volteando al pasado.

Con Cars 3 Brian Fee, quien participó en el departamento de Arte de Cars (2006) Ratatouille (2007) y WALL·E (2008), da un salto y lleva la responsabilidad de realizador. Bajo su supervisión asistimos a una afortunada mezcla de animación y paisajes reales. El colorido y la luz se suman a un movimiento espectacular que dan por resultado una cinta bastante atractiva para la vista. Randy Newman por su parte hace el habitual aporte a la banda sonora, con un desempeño correcto pero no memorable. En el terreno técnico hay mucho que aplaudir y nada que reprochar a Pixar: sus estándares son extraordinarios. En el guión es otra la historia…

Fee, quien participó también en el guión, lleva la franquicia a la corrección política que mandan los tiempos actuales y da protagonismo a un automóvil hembra de origen latino: Cruz Ramírez. Ésta renunció a sus sueños de ser corredora y trabaja como entrenadora para una corporación. Es la guía del Rayo a la modernidad, pero la historia le reserva más de una sorpresa. Fee y compañía abordan un asunto valioso, un momento en la vida que a los que viven lo suficiente ha de llegar: encarar el retiro. Deja ver que lo indeseable es que otros decidan el futuro por uno e invita a valorar las oportunidades que se presentan. En el caso de Rayo se abre la posibilidad de explotar sus habilidades en otros campos. El mensaje es bastante apreciable, pero la ruta para llegar a él es accidentada y con hartas dosis de gratuidad. El asunto, por lo demás se antoja demasiado corto para la larga duración de la cinta. El resultado no es un desastre –se diría que es la menos peor de las tres– pero abona poco a la franquicia. Con su gran capacidad y su enorme creatividad Pixar no ha sido capaz de mantener la calidad al incrementar la cantidad que demanda la industria que el estudio revitalizó hace dos décadas.

 

LOU, un corto valioso para no variar

En los cortometrajes Pixar sí mantiene el nivel habitual. Para muestra LOU (2017), que se proyecta antes de Cars 3. Dirigido y escrito por Dave Mullins (quien ha formado parte del departamento de animación en diversos largos de Pixar), a lo largo de seis minutos asistimos a un patio escolar singular. La historia ofrece una invitación a reflexionar sobre el asunto del acoso o bullying. El abusador tiene una historia que explica su conducta, y conocerla nos pone en la ruta de la comprensión. Con emoción, cómo no.

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