Bajo la arena: El hombre es el lobo del niño

La nominación al Óscar a mejor película en lengua extranjera explica la presencia de Bajo la arena (Under Sandet, 2015) en la cartelera comercial mexicana. La cinta ventila aciagos episodios de la segunda guerra mundial y la novedad es que no seguimos a las víctimas y victimarios de siempre: esta conflagración aún guarda aristas ominosas por descubrir, por denunciar.

Bajo la arena es el tercer largometraje de ficción del danés Martin Zandvliet, por cuya cuenta también corre el guión. El argumento inicia en mayo de 1945, cuando las tropas nazis se retiran de Dinamarca. Acompaña a un grupo de jóvenes alemanes, casi niños, que son obligados a limpiar las playas danesas de las miles de minas que dejó el ejército alemán en su ocupación. Todos trabajan, sin alimento y en condiciones cercanas al esclavismo –se diría que están en un campo de concentración–, bajo las órdenes del brutal Sargento Rasmussen (Roland Møller).

Zandvliet mesura el morbo y propone una estrategia con toques naturalistas. La cámara toma distancia para exponer un paisaje de una belleza apreciable –cercana al absurdo, dadas las circunstancias– y se acerca para dar cuenta de un drama que exuda crueldad por donde se le vea. La puesta en escena contribuye a este tono realista; sólo en algunos momentos la luz subraya estados de ánimo. El montaje va del tempo lento al rápido para acentuar la tensión que viven los personajes y a la que el espectador difícilmente permanece indiferente. La música, que aparece en más de una ocasión, rompe con el tono casi documental y apoya la emoción en diferentes direcciones.

La estrategia es pertinente para dar cuenta de un asunto que cabe en los terrenos de la venganza. Porque, según vemos, más que hacer justicia, el ejército danés respondió con crueldad a las crueldades del invasor nazi. El terror se magnifica al tener a un grupo de niños como víctimas, con lo cual la cinta tiende un puente con la magistral ópera prima del ruso Andrei Tarkovski, La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, 1962): cuando la humanidad mata a sus niños no hay vencedores; todos pierden, todos perdemos. Si bien es cierto que no faltan los momentos con deslices a la sensiblería (en los que se hace presente la música) y otros que son predecibles, Bajo la arena se concentra en la exploración y explotación del episodio, y ahí reside su valor. Hace una denuncia puntual y nos muestra cómo la víctima también puede convertirse en lobo del hombre (sería sensacional que el cine ventilara las vilezas presentes de los que en ese mismo período padecieron la abyección nazi, como hemos visto hasta el hartazgo); y materializa una valiosa autocrítica, ejercicio que le vendría requetebién a todo el mundo. Hace comentarios atendibles en los tiempos que corren –en los que la niñez paga una buena parte de los platos rotos– y muestra cómo el conocimiento y la convivencia con el otro contribuyen a su valoración: puede provocar no sólo la consideración y la tolerancia, incluso el aprecio.

Añade un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Highslide for Wordpress Plugin