Avengers: Endgame: mucha sensiblería, algunos chistes y poca sustancia

Con Avengers: Endgame (2019) Marvel cierra el universo cinematográfico que inauguró Iron Man (2008). Así llega a su fin, 21 películas y 11 años después, la franquicia más lucrativa en la historia del cine; ya vendrán otras. En la larga ruta hay notables altibajos, y la conclusión no es la excepción. Con todo y que es sabido que si bien la crítica tiene mucho que decir sobre la cinta colofón (mucho, como fenómeno cinematográfico-industrial, como producto con numerosos y apasionados fanáticos, para los cuales abundan los guiños; no creo que haya mucho en lo relativo a la sustancia), poco o nada habrá de influir en el curso comercial de una cinta como ésta: como decía François Truffaut, “el aparato financiero y publicitario del cine y el prestigio de las estrellas son tales que la crítica, aunque fuera desfavorable por unanimidad, sería incapaz de detener el camino hacia el éxito de una mala película con un gran presupuesto”. Avengers: Endgame no es una mala película (es mejor, por lo menos, que la entrega previa: Avengers: Infinity War); tampoco es una obra maestra. Así pues, digamos lo que tengamos que decir, con la expectativa de que, en el mejor de los casos, lo expuesto al menos va a ser algo anecdótico; y, en el peor, algunos insultos ganará. Y a lo que sigue…

Como hay un temor ridículo a exponer de qué va la película –a provocar spoilers–, me limito a reproducir la sinopsis que aparece en el sitio web de conocido complejo exhibidor: “El grave desenlace de los acontecimientos provocados por Thanos, que acabó con la mitad del universo y parte de Los Vengadores, obliga a aquellos Súper Héroes que sobrevivieron a tomar una firme posición”. Justo es decir que llegar a la “firme posición” se lleva como media película (alrededor de una hora y media), en la que los mentados súpers se la pasan en la autoconmiseración, pues el luto dura y dura. Después, la cinta despega con algunas inconsistencias, particularmente en lo relativo a los viajes en el tiempo (ups, perdón por el spoiler medianamente involuntario).

Como en Avengers: Infinity War (2018), el episodio anterior de los vengadores, los responsables de la realización son los hermanos Anthony y Joe Russo. Ahora, decíamos líneas arriba, entregan cuentas aceptables, mas no extraordinarias. Y si en la cinta anterior la estridencia y la acción constantes contribuían a distraer al respetable, ahora, a ritmo de drama familiar no es tan fácil esconder las falencias. Para no variar, el humor ayuda aquí y allá, pues la franquicia cierra como inició: bajo los preceptos de le épica cómica, género híbrido que hace las delicias de la audiencia y que al reducir la solemnidad diluye la gravedad. Por eso el melodrama del inicio se vuelve un tanto inocuo, pues es un mero aplazamiento de lo que anticipamos que vendrá y que no podemos comentar por el miedo spoilero. De acuerdo a lo visto en estos once años, las cintas parecen diseñadas en dos campos a partes iguales: el del guión y el de la mercadotecnia. Hay principios operacionales de narración: a cada pasaje dramático corresponde uno o varios chistoretes. Porque no es que se construyan, que se escenifiquen pasajes graciosos (gags), sino que se dicen cosas que pretenden ser chistosas (y en algunos momentos lo son, justo es reconocer): el humor no está en la imagen, está en la banda sonora, en el diálogo. Y si las carcajadas afloran aquí y ahí, en lo relativo a los pasajes dramáticos no cabría hablar de un gran aporte emocional; aún menos en el campo de la épica, pues aunque la música se escucha prácticamente todo el tiempo de fondo, es poca la emoción que surge (aunque algunos actores involucrados juran que lloraron varias veces en la proyección).

Los Russo buscan quedar bien con todos. Para empezar con la ruta de los personajes princiopales, a cada uno de los cuales ofrecen un cierre decoroso, aspecto que habría que ubicar entre las virtudes de la cinta. El afán de quedar bien con todos, sin embargo, pasa también por el patrioterismo cortesía del Capitán América (un líder antipático por más que le ayuden), la voluntad de la corrección política (con el protagonismo de ellas y un equipo femenino dentro del equipo vengador; el negro con el que al final se reivindica a su raza, por si Pantera negra no fue suficiente). El tándem realizador no queda tan bien al quitarnos todas estas superficialidades de la vista y buscar profundidades temáticas: después de tres horas y 22 películas yo espero algo más que un cierre digno para los personajes principales, espero que no me traten como un fanático acrítico y desde ya ganado (target principal de la Avengers: Endgame, es clarísimo), yo espero que me digan algo, que se exploren asuntos definitorios de la humana condición, que se iluminen asuntos valiosos;  que se haga visible y sensible cierta sustancia, pues. En Thanos, ese gran defensor de la ecología, hay material para ello, pero pareciera que hay temor por dar validez a sus argumentos (que en la política exterior norteamericana son tan ostensibles y efectivos, si bien son odiosos). Acaso poco se habrá de reparar en estas vacuidades, sobre todo cuando el tercer acto sacude la modorra y hay un epílogo nostálgico: ya lo decía Robert McKee, el teórico-práctico del guión: dale a los espectadores un buen cierre y se olvidan de lo demás.

Calificación 70%
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