Actividad paranormal: la dimensión fantasma: la oquedad en 3D

Sin ser precisamente una maravilla, Actividad paranormal (Paranormal Activity, 2007) de Oren Peli hizo uso del terror con un poco de sentido (lo cual cabría esperar de cualquier película de este género): los sustos contribuyen aquí a subrayar las reacciones que provoca la vida en pareja y la paternidad. Además justificaba de buena manera su registro por medio de cámaras instaladas en los espacios que habita la pareja protagonista, cuya función es “capturar” –al menos en imágenes– al ente maléfico que los acecha. También aparecían las infaltables dosis de estupidez: el terror nos ha acostumbrado a personajes que renuncian a la inteligencia para involucrarse en situaciones a menudo absurdas o incoherentes, con el objetivo de multiplicar los sobresaltos y hacer que la historia avance (¿es impensable el terror sin este ingrediente que es casi un requisito?). En su quinta entrega, Actividad paranormal: la dimensión fantasma (Paranormal Activity:The Ghost Dimension , 2015), la saga ha crecido: en sustos, un poco; la estupidez se dispara. Aunque hay una secuencia, que puede seguirse en la animación que aparece a continuación, parece irrelevante el árbol genealógico del terror, es decir la cadena del mal.

En Actividad paranormal: la dimensión fantasma, dirigida por el debutante Gregory Plotkin, seguimos a los padres de una niña que tiene un amigo imaginario que parece que no es tan imaginario. Todo inicia cuando descubren en su casa una cámara y unas cintas de video de los inquilinos anteriores. La primera tiene adecuaciones que les permiten ver entes del más allá; las segundas, si bien fueron grabadas años atrás, parecen hacer referencia al presente e interactuar con los que las ven. Más adelante los padres descubren una trama macabra que involucra a su hija.

actividad paranormal

Plotkin dosifica los sustos de rigor. Después de un inicio reposado –y odioso: por la familia odiosa que acompaña– los sobresaltos se disparan, y al final es una pachanga paranormal sensacional. En la ruta hay referencias no sólo a la franquicia, sino a clásicos del terror como El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin y La profecía (The Omen, 1976) de Richard Donner, aquí con un cura insulso y, como toda la cinta, incongruente. También hay una serie de lagunas que debilitan la trama: aun lo inexplicable merece explicación en una obra de ficción. La gratuidad se instala y uno no termina de comprender los comportamientos de los que están de este lado de la cámara ni de los que están del otro lado, en la malévola dimensión donde reina Satán. (Si en las grabaciones los personajes pueden ver lo que también nosotros vemos, no hay manera de justificar el comportamiento irresponsable de unos padres que la historia quiere hacer ver como responsables. A la “dimensión fantasma no habría que pedirle cuentas por su ilógica conducta: allá han de entenderse en el más allá.)

actividad paranormal 3

Una de las “novedades” de la entrega es la utilización del 3D para dar presencia al ente que visita a la familia. La acción transcurre en 2D, pero cuando irrumpe este espíritu “sale de la pantalla” gracias al recurso referido. Esto da más intensidad a los sustos, pero ni por accidente da un poco de sustancia a una cinta vacía. Si en el inicio de la franquicia la incursión a la intimidad de la pareja entregaba algunas constataciones atendibles, Actividad paranormal: la dimensión fantasma es una de las cintas más huecas que ha pergeñado un género que tiene años en la oquedad. Lo peor es que no se ve para cuándo termine esta amenaza fantasma, pues parece que se cocinan algunas secuelas más.

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