Los dinosaurios seguirán ahí

Así como el renovado Mad Max: furia en la camino (Mad Max: Fury Road, 2015) es deudor de la saga setentera-ochentera, Mundo Jurásico (Jurassic World, 2015) lo es de la franquicia de Parque Jurásico, inaugurada en 1993. En la puesta al día apenas se repasan algunos elementos que antes fue fundamental explicar (como el hecho de que los dinosaurios son el resultado de un coctel genético), pero el foco está en otros asuntos que sigue siendo pertinente revisar… y que vamos a revisar.

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En la producción de Mundo Jurásico participó Steven Spielberg, y es el segundo largometraje del californiano Colin Trevorrow. Mundo Jurásico es un parque temático y a él ingresamos como turistas, pero también desde la perspectiva de la gerencia. Acompañamos a dos chamacos hermanos –el adolescente Zach (Nick Robinson) y el puberto Gray (Ty Simpkins)– y a su tía Claire (Bryce Dallas Howard), quien es responsable de la operación del “changarro”, ubicado en una isla centroamericana. La visita avanza normalmente hasta que una nueva creación se sale de control y siembra el terror entre los más de veinte mil visitantes. Para hacer frente a la bestia la gente del parque cuenta principalmente con Owen (Chris Pratt), un ex militar que ha trabajado y se entiende con los velociraptores.

Trevorrow entrega buenas cuentas en lo relativo al registro. Sin ser éste particularmente extraordinario, hace avanzar el relato con buen ritmo y con claridad. En particular fluye bien la acción, y alcanza para contagiar algunas dosis de adrenalina al espectador. A la buena imagen que se esboza en pantalla contribuye el aporte de la tecnología digital en los efectos visuales y sonoros: la forma, el movimiento y el sonido de los dinosaurios es en verdad espectacular. No se hace tanto hincapié en ello, en lo fascinante que resulta verlos al lado de los humanos –pues la novedad se agotó hasta cierto punto en Parque Jurásico–, pero forman parte de un paisaje que resulta verosímil y espectacular.

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Trevorrow exhibe diferentes intereses que son, todos, humanos, muy humanos. Para comenzar con la curiosidad de los asistentes, que están siempre dispuestos a dejarse sorprender. Pero este interés tiene caducidad, por lo que hay que ofrecerle novedades con cierta frecuencia (como la película misma, cómo no) para que siga en la dinámica del consumo. El empresario sabe esto y se da a la tarea de crear nuevos productos –que así se refieren a los dinosaurios– para mantener la atención entre sus clientes. Su lógica, por supuesto, es incrementar las utilidades. Coinciden en la isla, además, los intereses científicos, que aquí son irresponsables y no dudan en correr riesgos y hacer correrlos a los demás para incrementar el conocimiento. La ciencia al servicio de la empresa es evidente; pero también al servicio de la milicia, que ve en los dinosaurios máquinas de muerte controlables. En este último punto está, acaso, lo más significativo: la humanidad busca tener control sobre la naturaleza, pero esto es más una falacia que una utopía. Y de la mano del control va la seguridad. Al perder ambos se ingresa en el caos y la irracionalidad, si bien Mundo Jurásico apenas se asoma a todo esto. Al final, un poco en broma, un tanto en serio, la prioridad es la sobrevivencia, asunto que no es nuevo ni a las franquicias jurásicas ni al cine ni a la humanidad. Porque nada nuevo es lo que aporta la cinta. Su valor está en recordárnoslo en un envase veraniego entretenido. Ni más, ni menos.

Mundo Jurásico deja abierta la puerta a la secuela que seguramente vendrá: con novedades y especies de laboratorio, los dinosaurios seguirán ahí, en la pantalla.

 

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